Texto escrito por: Carlos Eduardo Lagos Campos
Por estos días, las encuestas no solo miden intención de voto: están moldeando el clima político del país. La más reciente medición de Invamer confirma algo que ya se venía consolidando, pero introduce un matiz clave que no puede ignorarse.
El liderazgo de Iván Cepeda es claro en primera vuelta. Con más del 44% de intención de voto, no solo encabeza la carrera presidencial, sino que se acerca peligrosamente a un umbral que, de ampliarse, podría poner sobre la mesa una victoria anticipada. No es menor: estamos ante una candidatura que ha logrado consolidar un bloque político coherente, movilizado y disciplinado. Pero las elecciones no se ganan únicamente en primera vuelta.
Ahí es donde la lectura se vuelve más interesante —y más compleja—. El crecimiento de Paloma Valencia no es simplemente un dato estadístico: es un fenómeno político. Su salto cercano a diez puntos en pocas semanas no solo la posiciona como contendora real, sino que la convierte en el factor decisivo de la elección. Representa hoy el mayor “momentum” de la oposición, y con él, la posibilidad de reconfigurar el escenario.
Mientras tanto, Abelardo de la Espriella mantiene una base sólida, pero con menor velocidad de crecimiento. La diferencia entre ambos es tan estrecha que, en términos técnicos, estamos ante un empate. Y eso abre la puerta a una variable clásica pero determinante: el voto útil. Porque la verdadera batalla no está definida entre tres candidatos, sino entre dos bloques que aún no terminan de ordenarse.
El dato más contundente, sin embargo, no está en los porcentajes individuales, sino en el colapso del centro político. Figuras como Claudia López y Sergio Fajardo quedan relegadas a márgenes mínimos. Ese debilitamiento no es casual: es la consecuencia de una polarización que ha absorbido casi por completo el espacio intermedio. Y cuando el centro desaparece, la política deja de ser matiz y se convierte en confrontación.
Sin embargo, hay un punto donde la encuesta de Invamer debe leerse con cuidado. Mientras esta medición sugiere una ventaja relativamente cómoda de Cepeda incluso en segunda vuelta, otras encuestas recientes muestran un escenario mucho más competitivo. Algunas incluso plantean que, en un balotaje, la oposición unificada podría revertir el resultado. Esto introduce una tensión clave: una cosa es liderar la intención de voto, y otra muy distinta es ganar la elección.
El techo electoral empieza a jugar. En política, no siempre gana quien tiene más apoyo inicial, sino quien genera menos rechazo. Y ahí es donde la figura de Paloma Valencia adquiere relevancia estratégica: su capacidad de atraer voto de centro —o al menos de no espantarlo— podría convertirla en la rival más competitiva frente a Cepeda. El escenario, entonces, no está cerrado. Está en disputa.
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