8 y 9 de junio: memorias colectivas del movimiento estudiantil

A la memoria de los estudiantes que han sido asesinados; a las memorias de las luchas estudiantiles como baluartes para las transformaciones sociales

Por: Juan Zuluaga Garcia
junio 05, 2020
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8 y 9 de junio: memorias colectivas del movimiento estudiantil
Foto: Archivo particular del autor

“Habría que lavar no sólo el piso: la memoria. Habría que quitarles los ojos a los que vimos, asesinar también a los deudos, que nadie llore, que no haya más testigos. Pero la sangre echa raíces y crece como un árbol en el tiempo. La sangre en el cemento, en las paredes, en una enredadera: nos salpica” (Fragmento del poema Tlatelolco 68 de Jaime Sabinas)

La historia del movimiento estudiantil colombiano y latinoamericano ha tenido un trasegar bastante interesante que ha dejado múltiples procesos históricos que perduran en el tiempo, que cuenta con un legado de lucha que por más que la clase dominante intente a sangre y fuego eliminar y acallar, se mantienen cada vez más vigentes. En este sentido, la historia del movimiento estudiantil y la de muchos movimientos sociales tienen un valor simbólico relevante para la lucha social y popular, la cual, ha resistido al látigo, las torturas, las amenazas, los sables, las balas, las motosierras y los gases lacrimógenos.

El movimiento estudiantil ha sabiendo entender que la construcción de memorias colectivas es un campo político importante en el marco de la disputa por las transformaciones sociales, la construcción de nuevas subjetividades políticas, identidades, sentidos y representaciones sociales. Esta es, ha sido y será una lucha con un notable trasfondo político, que entra a disputarse, a subvertir y a desafiar la memoria y la historia oficial, aquella que se impone desde las alturas como estrategia de dominación desde un puñado de personas amañadas en el trono del poder.

En este orden de ideas, pese a que actualmente la humanidad está viviendo un confinamiento a raíz del COVI-19, no se puede pasar por alto la imperante tarea de conmemorar el 8 y 9 de junio día del estudiante caído y combativo, la cual, no es una fecha más del calendario, sino un suceso socio-histórico emblemático en el que el movimiento estudiantil -en términos de Eduardo Galeano haciendo alusión a las madres de la Plaza de Mayo- se niega a olvidar en tiempos de la amnesia obligatoria; resistiendo así al olvido de la represión, la persecución y la estigmatización que el sangriento Estado colombiano ha desatado contra las expresiones organizadas de los diferentes sectores sociales.

Para entender el origen del 8 y 9 de junio como día del estudiante caído y combativo, se debe tener en cuenta que el movimiento estudiantil colombiano y latinoamericano, pese a las dificultades políticas y organizativas, se ha solidarizado y se ha articulado con otros sectores en luchas unitarias y acciones colectivas. Es decir: el movimiento estudiantil ha intervenido en diferentes contextos sociales y políticos y -pese a que ha faltado mayores niveles de articulación y creación de agendas conjuntas- no ha agotado su quehacer en la defensa de la educación pública, sino que este ha convergido con otras fuerzas sociales en la construcción de un proyecto de país, de un proyecto de sociedad.

Es por eso que los estudiantes, en el caso colombiano, han estado presentes en diferentes sucesos históricos del país, solo por mencionar algunos ejemplos: el rechazo a la dictadura militar de Rojas Pinilla, la séptima papeleta y la creación de la constitución política de 1991, el acompañamiento al paro nacional de 1977, del 2013, del 2019, entre otros. Asimismo, en algunas plataformas de luchas de organizaciones estudiantiles, tanto a escala nacional como local y regional, se encuentran reivindicaciones como la paz, la democracia, la defensa del territorio, la defensa de la soberanía nacional, la no militarización de la vida juvenil, el rechazo a los Tratados de Libre Comercio e incluso el antimperialismo.

Dicho esto, cabe resaltar que el día del estudiante surgió a partir de una manifestación conjunta de rechazo a la masacre de las bananeras, masacre que se llevó a cabo el 5 y 6 de diciembre de 1928 en la que fueron asesinados miles de trabajadores de la United Fruit Company en el Magdalena -aunque la cifra puede ser más alta de lo que se conoce oficialmente-. Esta masacre tuvo lugar en el gobierno de Miguel Abadía Méndez (1926-1930), último presidente de la hegemonía conservadora. La manifestación de solidaridad con la huelga bananera se desarrolló entre el 5 y el 8 de junio de 1929, sin embargo, esta tampoco estuvo exenta del derramamiento de sangre por parte de las balas oficiales, pues el 8 de junio de este año fue asesinado Gonzalo Bravo Pérez a manos del Ejército Nacional

Años más tarde, pese a que algunos románticos afirman que Colombia tiene la democracia más vieja de América Latina, en 1953 el general Gustavo Rojas Pinilla asalta el poder y se convierte en el nuevo dictador durante el periodo 1953-1958, periodo en el cual el país -sin decir que antes no ocurriera- estuvo manchado de sangre debido al odio de la clase dominante. Dentro de este contexto, infortunadamente, el movimiento estudiantil tuvo su cuota de sangre: en la conmemoración del vigésimo quinto aniversario del asesinato de Gonzalo Bravo Pérez a través de jornadas de movilización el 8 y 9 de junio de 1954 en la ciudad de Bogotá, fue asesinado Uriel Gutiérrez, estudiante de la Universidad Nacional de Colombia, (ANDES Risaralda, s.f), además, en este mismo suceso de violencia fueron asesinados Hernando Ospina Lopez, Hernando Morales Sanchez, Rafael Sánchez Matallana, Elmo Gómez Lucich (activista de la Juventud Comunista de nacionalidad peruana), Álvaro Gutiérrez Góngora, Juan Pacheco, Hugo León Velásquez y Jaime Moore Ramírez, entre otros (Agencia de Prensa Rural, 9 de junio de 2019; Justicia y Paz, 7 de junio de 2019).

Posteriormente, el 10 de mayo de 1957, el movimiento estudiantil junto a otros sectores impulsó un movimiento cívico que tuvo como conquista política la caída del dictador Rojas Pinilla; no obstante, en 1958 se nombró una Junta Militar que fue una transición hacia la imposición del Frente Nacional (1958-1974), lapso en el que el Partido Conservador y el Partido Liberal (Partidos tradicionales) se repartieron la torta del poder.

Ahora bien, no solo el 8 y 9 de junio, no solo en las fechas anteriormente referenciadas han sido asesinados estudiantes y líderes sociales, sino que todos los días del año se debe reflexionar y rememorar la lucha de los estudiantes y de los movimientos sociales que han contado con la valentía de hombres y mujeres que han entregado su vida a las luchas reivindicativas y emancipatorias.

En estos momentos, el país presenta unos picos muy elevados de violencia, situación que es alarmante en términos de la falta de garantías reales para la protesta social.  De igual modo, en medio de las dificultades, con avances y retrocesos, con ausencia de voluntad política del gobierno y del Estado, el país se encuentra en la fase de implementación del Acuerdo de paz de La Habana firmado entre el Estado y la guerrilla de las FARC-EP, proceso que debe dejar de ser romantizado y asumirse desde un sentido agonista en el que se profundice la movilización social, las contradicciones estructurales y se potencien las acciones colectivas, acompañadas de ejercicios de reflexión crítica que permita de-contruir, re-inventar, re-pensarse y subvertir la historia, en el entendido de que esta es un como un campo de disputa política; lo que implica también reivindicar las memorias de cientos de compañeros y compañeros que han sido asesinados con el veneno de las élites.

Por consiguiente, para cerrar este breve artículo y como aporte a las memorias colectivas de las luchas y el legado de miles de compañeros y compañeras del movimiento estudiantil del Huila, tanto secundarista como de la Universidad Surcolombiana (la mayoría de ellos militantes de organizaciones políticas de izquierda) que fueron asesinados y/o desaparecidos por pensar diferente, por luchar por una educación para la emancipación, por luchar por sueños y proyectos colectivos, cabe recordar a los siguientes compañeros y compañeras, entre otros:

  • Tarcisio Medina Charry (1988), reconocido militante de Juventud Comunista (JUCO) y de la Unión de Jóvenes Patriotas de la UP, estudió en el Colegio Nacional Santa Librada, pero se retiró y se graduó de bachillerato en la Nocturna Manuel Ascencio Tello; posteriormente fue estudiante de literatura y lingüística de la Universidad Surcolombiana. Tarcisio fue fotografiado, perseguido, detenido y desaparecido en 1998, en ese momento tenía en su mochila el periódico Voz Proletaria, que era un medio de divulgación del Partido Comunista (Testimonio tomado de conversación personal con Paola Medina Charry, hermana de Tarcisio e integrante de la Coordinación de familiares víctimas y sobreviviente del genocidio contra la Unión Patriótica, 4 de junio de 2020).
  • José Alberto Peñuela Rojas (1991) fue líder de ingeniería agrícola de la USCO, asesinado por sicarios en la esquina del cementerio de Neiva (conversación personal con líder estudiantil desde 1986 hasta el 2000 y posteriormente líder sindical de la USCO, 4 de junio de 2020).
  • Liliana Camacho y Reinaldo Cuenca (1989), ambos eran activistas estudiantiles del Programa de Lingüística y Literatura de la USCO. A ellos los arrestó el Ejército en el centro de Neiva y posteriormente sus cuerpos aparecieron sin vida en el municipio de Aipe, Huila; eran compañeros sentimentales, y como fueron asesinados juntos, dejaron huérfano a un niño de escasos meses de nacido (conversación personal con líder estudiantil desde 1986 hasta el 2000 y posteriormente líder sindical de la USCO, 4 de junio de 2020).
  • Luz Stella Vargas y Nevardo Fernández fueron activistas que, en articulación desde el movimiento estudiantil de la USCO, realizaban campañas y jornadas de solidaridad con los barrios de sur y suroriente de la ciudad de Neiva, así como también con un grupo de indígenas que fueron desplazados de la zona donde estaban asentados. Aparte de compartir un escenario de lucha, eran compañeros sentimentales, ambos cuerpos fueron encontrados torturados y asesinados (conversación personal con líder estudiantil desde 1986 hasta el 2000 y posteriormente líder sindical de la USCO, 4 de junio de 2020).
  • César Medina Charry fue un estudiante que, en el marco de una marcha de antorchas, producto de un accidente se quemó con una de ellas y falleció; en homenaje a él, hoy en día el Coliseo de la USCO (ubicado cerca a la piscina) lleva su nombre (conversación personal con líder estudiantil desde 1986 hasta el 2000 y posteriormente líder sindical de la USCO, 4 de junio de 2020).
  • Carlos José Manchola Rojas (1988). Este caso también ha sido defendido por La Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (ASFADDES)
  • Nicolás Telles, líder estudiantil del Colegio Nacional Santa Librada que fue capturado y posteriormente apareció asesinado, la mamá duró buscándolo casi ocho años y todavía no se ha esclarecido los hechos; el caso reposa en los archivos de La Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (ASFADDES) (Testimonio tomado de conversación personal con Paola Medina Charry, hermana de Tarcisio e integrante de la Coordinación de familiares víctimas y sobreviviente del genocidio contra la Unión Patriótica, 4 de junio de 2020).
  • El caso del asesinato de Rachel Dussán y Aldemar García tiene una particularidad debido a que ambos, a raíz del contexto político, la violencia y la persecución estatal se fueron para la guerrilla a continuar su lucha política desde la expresión armada; ambos fueron asesinados en la misma emboscada en el Tolima. Se hace referencia a la memoria de ellos dada la importancia de su liderazgo dentro del movimiento estudiantil del Huila, puesto que, Rachel Dussán fue una de las cofundadoras del primer Consejo Estudiantil del CEINAR junto a Laliselly y Sorangie; por su parte, Aldemar García fue un destacado líder estudiantil del colegio Manuel Ascencio Tello (el mismo colegio del que salió Tarcisio Medina Charry), el cual era nocturno y pese a no tener Consejo Estudiantil, desarrollaban importantes procesos de movilización; asimismo, Aldemar García, no solo desarrollo un trabajo en lo estudiantil, sino que además fue un destacado militante de la vida y de la lucha revolucionaria (comunicación personal con un histórico militante de izquierda del Huila, 4 de junio de 2020).
  • En la misma vía de lo anterior, los siguientes dirigentes estudiantiles fueron asesinados en combate: Rafael Mazorra del Programa de Ingería Agrícola de la USCO, Luz Dary Murillo y Gerardo García; éstos dos últimos fueron líderes estudiantiles en la década de los 80 (conversación personal con líder estudiantil desde 1986 hasta el 2000 y posteriormente líder sindical de la USCO, 4 de junio de 2020).

Asimismo, resulta pertinente conmemorar a los compañeros y compañeras a nivel nacional que ha sido asesinados y/o desaparecidos, tanto aquellos estudiantes que han sido asesinados por el escuadrón de la muerte -ESMAD- como por otras fuerzas represivas estatales y paraestatales. Los siguientes nombres de compañeros y compañeras fueron recolectados a partir del rastreo de prensa, informes de institutos y otras fuentes documentales, tales como Quimbayo, 2012, p. 367; Quevedo, 13 de octubre de 2013; El Espectador, 1 de diciembre de 2019; Quintero, s.f).

Margarita María Gómez (Córdoba)

Mateo Matamala Neme (Córdoba)

Norma Patricia Galeano (Tolima)

Juderus Gómez Zapata (Medellín)

Mabel Cristina Rubio Herrera (Bogotá)

Diego Felipe Becerra (Bogotá)

Nicolas Neira (Bogotá)

Julio Cesar González Wilches (Bogotá)

Johnny Silva (Universidad del Valle)

Jaime Alfonso Acosta (Santander),

Carlos Giovanny Blanco (Bogotá)

Jaime Acosta Campo (Santander)

Leonardo Salas Ángel (Bogotá)

Oscar Salas (Bogotá)

Miguel Ángel Barbosa (Bogotá)

Dilan Cruz Medina (Bogotá)

Gonzalo Bravo Pérez (Bogotá)

Uriel Gutiérrez (Bogotá)

Edison Franco Jaime

Yoel Jácome Ortiz

Hermides Jaime Téllez

Diomar Alfonso Quintero

Nicolás Valencia Lemus

César Hurtado Tróchez

Jaime Alfonso Acosta

Jesús «Chucho» León Patiño

y cientos de compañeros y compañeras más.

A la memoria de los estudiantes que han sido asesinados por las balas oficiales y extraoficiales; a las memorias de las luchas estudiantiles como baluartes para las transformaciones sociales

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