11 de marzo de 2018, ¿debacle de la izquierda en Colombia?

"Difícil de entender la falta de unidad de la izquierda colombiana en el momento donde la sociedad clama por una cambio en el manejo de timón ante la rampante corrupción"

Por: ALFREDO ANTONIO DE LEÓN MONSALVO
febrero 08, 2018
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11 de marzo de 2018, ¿debacle de la izquierda en Colombia?

¿Qué le pasa a la izquierda colombiana cuando en el momento más crítico que padece el bloque de poder en los últimos tiempos y a punto de poderle dar un golpe —sino para knockout, por lo menos para tambalearlo— no es capaz de unirse a fin de lograr el mayor número de curules en el Congreso 2018?

Difícil de entender la falta de unidad de la izquierda colombiana en el momento donde la sociedad clama por una cambio en el manejo de timón ante la rampante corrupción a todo nivel en el bloque de poder dominante. Sin embargo, parte de lo que podría ser una respuesta adecuada, tiene su razón de ser en la crisis no superada de los años 60 y 70 del siglo XX, cuando lo predominante en las universidades públicas del país eran las garroteras, ojo, garroteras, y a veces a puñal, entre los comunistas línea soviética; el Moir y la diversidad de grupos maoístas y sus más de 20 sectas entre electoreros y fusileros al estilo Ejército Popular de Liberación, así como los variopintos trotskistas, también más o menos mal contados, otras 20 sectas. La derecha los tenía como locos de remate.

Mientras la izquierda de los 60 y 70 del siglo pasado se garroteaba entre sí, el país era otro. Fue la época del desarrollo y fortalecimiento del hoy reinante clientelismo. En contradicción, el país se descuadernaba mientras comunistas, maoístas y trotskistas debatían con los libros Marx, Engels, Lenin y Mao en la mano. Por otra parte, nacieron las guerrillas de las Farc, Eln y Epl, que como lo demostraron ellas mismas, no hicieron absolutamente nada en defensa del pueblo. Antes por el contrario, asesinaban a jóvenes campesinos que prestaban el servicio militar. Nunca atacaron en forma al bloque de poder, hasta el punto que hoy han firmado con un corrupto como Santos, un acuerdo de paz “pecueco” en medio de 6 años de pura habladuría en La Habana. Acuerdo que toda a punta, no será necesario “hacerlo trizas” como clama el uribismo, ya que de por sí, no les van cumplir a las Farc.

Con semejante panorama, ¿es posible seguir discutiendo en nuestros días sobre quién tiene la razón histórica en la izquierda colombiana? Claro que no, pero lamentablemente en esa izquierda cunde la irracionalidad de la ilógica forma de afrontar la “lucha de clases” contra el corrupto bloque de poder.

Jorge Robledo, excelente senador, no ha podido superar las contradicciones “antagónicas” con la línea soviética del Partido Comunista y la Unión Patriótica. Ni qué decir de las Farc, a esas no las quiere ni en pintura. Gustavo Petro, por su parte, aduce que nunca fue de izquierda. Se le olvida que toda la dirección fundadora del M19 salió en gran parte del Partido Comunista y la Juventud Comunista, y que además, bebieron de las fuentes de la corrupta Anapo del dictador Gustavo Rojas Pinilla. Pero eso es lo de menos.

No hablemos de los que se autoproclaman Verdes, en donde hay desde exguerrilleros del Eln como Antonio Sanguino, hasta bandidos liberales y conservadores disfrazados de ecologistas. Ni qué decir de las fichas del excomunista Arrieta, quien poseé concejales verdes peñalosistas, como también del contratista santista Antanas Mockus, quien en su juventud se identificó con el fascismo y siempre ha despreciado a la izquierda. Ahí sí, quién entiende ese sancho.

Esa tragedia cómica no solamente pasa en Colombia. Ha sido la razón de la izquierda mundial. Pero en nuestro país sí que se ahonda dicha crisis, hasta el punto de debatirse entre risa y la tristeza. El ejemplo más claro lo tenemos en el departamento del Atlántico, tierra del más puro clientelismo expresado en la abierta compra/venta de votos, y donde se postularon 7 lista a la Cámara de Representantes por ese región del país entre la izquierda e independientes, sin ninguna posibilidad de competirle a Gerlein, Efraín Cepeda, los Char y el resto de senadores que como Pulgar y Laureano Acuña, son la expresión del bandidaje electoral más grande que tenga Colombia. Se necesita ser loco e irracional para no unirse electoralmente en una lista única con mediana capacidad de competición a los compra votos. Pero esa es nuestra izquierda.

Al momento de escribir esta corta nota, tanto el Polo Democrático como los “Decentes” de Gustavo Petro no tienen asegurado el umbral del 3%, es decir, no cuentan con los 500.000 votos para aspirar a formar parte del Senado del República. No fue posible ni en el papel una alianza, ya que los egos, la irracionalidad especulativa y la simple falta de sentido común de unidad para competirle a Vargas Lleras, liberales, conservadores, uribistas y la U de Santos, quienes aparte de inmensos recursos financieros, manejan la burocracia nacional y regional a su disposición, los tienen hoy en día, ahogados electoralmente.

Gustavo Petro dirá que propuso una alianza con todos los que combatieran la corrupción y apoyaran la paz, pero que fue a él el que no quisieron aceptarlo en ninguna parte. Eso es cierto. No se le puede discutir esta situación. Sin embargo, su mesianismo es tan igual a la irracionalidad maoísta de Jorge Robledo por no olvidar cuando Petro pateó junto con Antonio Navarro y Lucho Garzón el tablero del Polo Democrático. Como vemos, la irracionalidad sectaria, la misma que ha padecido la izquierda desde los tiempos de Marx y Lenin, es imposible de superar en nuestro país. ¿Será que por eso a toda la izquierda la llaman mamerta? Es posible porque no hay mayor mamertismo que no entender que solo la unidad pragmática al estilo del sancocho de los Verdes es la única posibilidad de subsistencia de la izquierda colombiana. El resto será recoger tantos cadáveres izquierdistas el 12 de marzo, principalmente, ese cadáver que ya hay que enterar y que se sigue llamando Moir. Eso sí que es una “vaca muerta”. Aunque debe quedar claro, todos en la izquierda, a la luz de cualquier racionalidad, son cadáveres de la historia. Aquí nadie se salva.

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