Opinión

10 ideas para superar el déficit fiscal

Por:
septiembre 14, 2014
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De 216,2 billones de pesos será el presupuesto de Colombia para 2015. Un 6,5 % más alto que el del 2014. La noticia es que 12,5 billones no están financiados porque, según promesas del gobierno, para el 2015 el 4x1.000 pasará al 2 % y quedará desmontado el impuesto al patrimonio (impuesto de guerra).

Para suplir este déficit, el Gobierno planea presentar a su Congreso de áulicos obedientes y prepagos, una reforma tributaria que, según anuncios del mismo gobierno, mantendría el 4x1.000, reviviría el impuesto al patrimonio y, lo más grave, y ojalá esto sea solo un rumor, aumentaría el IVA del 16 % al 18 %.

Los impuestos del 4x1.000 y patrimonio, aunque desestabilizadores para la pretensión de atraer inversión extranjera, son gravámenes que golpean las finanzas de una minoría pudiente. Me declaro impedido para criticarlos.

Pero aumentar el IVA, sería un exabrupto, una injusticia con las clases menos favorecidas. Uno, porque es un impuesto regresivo que pagan por igual ricos y pobres. Por citar un ejemplo, cuando un obrero ahorra durante un año para comprar un televisor, al pagar cancela el mismo IVA del 16 % que paga el más rico de Colombia a la hora de comprar el mismo televisor. Dos, porque existe un antecedente de manoseo electoral que convertiría este aumento en un verdadero raponazo del presidente Santos, pues recordemos que durante la primera campaña juró que firmaría sobre mármol no aumentar impuestos y que, por el contrario, acabaría con el 4x1.000 y rebajaría el IVA al 12 %. Ni una cosa, ni la otra. Burló a sus electores y, aprovechando que los borregos lo volvieron a elegir, no obstante la mentira, ahora quiere empeorar lo que ya existe.

Para que tengan una idea, y por solo mencionar los países limítrofes, los ecuatorianos pagan un IVA del 12 %, los panameños del 7 %, los brasileros del 12 %, los venezolanos del 12 %. Solo en Perú se paga un IVA superior: 18 %, la cifra  a la que según rumores quiere llegar el presidente Santos para poder tapar los huecos que han dejado sus infinitas promesas de financiación directa a sectores corruptos y clientelistas de la política a cambio de su reelección.

Si es un rumor esta será una columna perdida y ojalá lo sea. Pero si es verdad, que ni lo intente. Porque ese mal paso sería el florero de Llorente que los indignados de este país estamos esperando para salir a las calles a poner el alfiler en el globo de las injusticias que los gobiernos neoliberales vienen inflando desde 1990.

Para evitar que esa bomba social explote, y para que la injusticia no siga haciendo parte del menú facilista del gobierno clientelista de turno, aquí algunas ideas para superar el déficit, sin lesionar los intereses de las mayorías:

  1. Congreso Unicameral. Reducir el Congreso a una sola cámara de 100 miembros. Sobran 168 de los 268 congresistas que abruman con sus ausencias y hamponadas el templo de las leyes. Cada padre de la patria, entre sueldo de 25 millones, 5 primas al año, vacaciones de 120 días, prestaciones, camionetas, escoltas, celular, Ipad, 2 tiquetes aéreos semanales, escoltas, sueldos y prestaciones de escoltas y 600 salarios mínimos de libre contratación le cuesta anualmente 1.200 millones de pesos al erario. Hagan cuentas.
  2. Bajar dietas. Reducir el sueldo a magistrados, ministros, consejeros y congresistas que en la actualidad es 41 veces superior al de un obrero.
  3. No más mermelada. Aunque le parezca “normal” dejar de repartir mermelada a diestra y siniestra, a sabiendas de que buena parte de esos recursos van a parar directamente el bolsillo de los congresistas que han vendido sus votos al ejecutivo.
  4. Prepagar deuda. En 2015 se pagarán 48,9 billones por concepto de obligaciones de la deuda, de los cuales casi 6 billones corresponden a intereses. ¿Por qué no tomar prestado de las reservas internacionales que hemos acumulado con un dólar barato y abaratar nuestra deuda que ya supera los 90.000 millones de dólares (24 % del PIB) y que se encarecerá ahora con el dólar a $2.000?
  5. Cadena perpetua a corruptos.  Eliminar corrupción, que hoy, en el más conservador de los casos puede estar en el 10 % del presupuesto, es decir 21 billones de pesos, casi el doble de lo que piensa recoger el gobierno con la próxima reforma tributaria. Pero como acabar con los corruptos con una justicia corrupta es poco menos que imposible, deberíamos imponer la cadena perpetua a los ladrones del erario. Desde luego por iniciativa popular porque los congresistas no van a legislar contra ellos mismos. Aunque no sé si el país ahorre capturando a sus rateros teniendo en cuenta que para encarcelarlos a todos, se necesitaría construir, por lo menos, otros mil centros penitenciarios.
  6. Eliminar gobernaciones. Un punto álgido pero que siento la necesidad de expresar. Eliminar las gobernaciones. ¿Alguien me puede explicar si sirven para algo distinto a generar votos y riqueza para los gobernadores de turno? 32 de 33 gobernaciones han sido investigados por corrupción en el presente gobierno en su mayoría por la desviación de fondos y el robo del dinero de las regalías. Además, con la descentralización y la elección popular de alcaldes, los gobernadores sobran. El Ministerio de Gobierno puede crear cinco viceministerios regionales que atiendan las necesidades de los municipios.
  7. Elecciones en casa. Nuestro obsoleto sistema electoral encarece el presupuesto y acaba con los árboles. Millones de hojas de papel de efímera existencia y un ejército de miles de personas diligenciándolas, no representan los avances de la época. Estamos en mora de implementar unas elecciones más eficaces y menos costosas. ¿Qué tal, por ejemplo, que los ciudadanos pudiéramos votar desde nuestras casas con el código de barras de nuestras cédulas y nuestra huella digital? ¿Imaginan el ahorro? Muchos dirán que se presta para el fraude. ¿Pero es que acaso en el sistema actual no hay fraude? Una manera de evitarlo sería inscribiendo previamente, por localizador, el lugar desde el cual se va a votar. En ese caso, los compradores de votos tendrían que ir casa por casa a verificar sus votos. Entonces dirán ¿Y los que no tienen computador? Fácil. Centros de cómputo en cada pueblo aislado desde los cuales los ciudadanos puedan votar. Registrador, presidente… Piénsenlo.
  8. Los hampones se cuidan solos. En la actualidad hay 13.000 hombres, pagados con nuestros impuestos, cuidando a quienes se roban nuestros impuestos. Todo un despropósito. ¿Saben cuánto cuestan los sueldos y prestaciones del ejército de policías y escoltas que prestan el servicio de guardaespaldas? Sin contar los carros, en su mayoría blindados y lo que cuesta su mantenimiento. Un país en déficit debe revisar este rubro y dedicarse a cuidar a quienes verdaderamente los necesitan: líderes de restauración de tierras, periodistas amenazados, jueces con procesos de orden público en su poder. Los políticos ganan muchísimo dinero para que paguen sus propios escoltas.
  9. Eliminar la reelección. Apoyo total a este proyecto del gobierno. Lástima que no lo haya presentado antes de reelegirse pero vale. Nunca es tarde. La reelección encarece el presupuesto. Está probado que el presidente de turno convierte el erario en una feria de derroche para poder comprar votos y apoyos. La figura no es mala, per se. Es nuestra idiosincrasia clientelista la que la convierte en una figura fatal.
  10. Máquina tapa huecos. Aprovechando que ya se está comprobando su eficiencia, quien necesita ahora varias máquinas tapahuecos, es el presidente Santos. A ver si deja de inventar ministerios donde no caben, crear entidades para pagar favores, incrementar las nóminas paralelas y aumentar la nómina estatal para cumplir compromisos. Porque por ahí, por el rubro “gastos de funcionamiento” que será de 124,4 billones en 2015, es por donde se escurren, mayoritariamente, los recursos de inversión que apenas serán de 46, 2 billones.

Es como si en una empresa gastaran tres pesos para ejecutar uno. Ineficiencia en todo su esplendor que el gobierno quiere trasladar al bolsillo de un pueblo que apenas asoma la cabeza a la prosperidad. Es como si en Colombia estuviera prohibido, para las clases medias y menos favorecidas, alcanzar la felicidad.

 

 

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