10 de mayo de 1957: el día que cayó la única "dictadura" de Colombia en el siglo XX

10 de mayo de 1957: el día que cayó la única "dictadura" de Colombia en el siglo XX

Ese día memorable, la nación colombiana le dijo al dictador teniente coronel Gustavo Rojas Pinilla: No más, usted se va. Y se tuvo que ir

Por: Orlando Solano Bárcenas
mayo 29, 2024
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2orillas.
10 de mayo de 1957: el día que cayó la única

Lo memorable es lo célebre, lo inolvidable, lo glorioso, lo destacado, lo notable, lo indeleble y, algo muy importante, lo recordable. Es decir, lo digno de memoria porque vale la pena recordarlo, porque es digno de mención, porque es histórico, porque no debe olvidarse.

El 10 de mayo de este año de 2024, salvo prueba en contrario, el país olvidó, no hizo remembranza de una fecha -para mí la o una de las más notables de la historia de Colombia- el 10 de mayo de 1957. Ese día, que lo sepan los jóvenes, cayó la única dictadura que tuvo su país durante todo el siglo XX. Ese día memorable, la nación colombiana le dijo al dictador teniente coronel Gustavo Rojas Pinilla: No más, usted se va. Y se tuvo que ir.

Un evento tan significativo para la historia de un pueblo pasó, salvo prueba en contrario, desapercibido, olvidado tal vez por la falta en que vivimos los colombianos de no compararnos, por lo menos con lo comparable: los vecinos (toda América Latina) o los semejantes (por ejemplo, con todo el llamado Tercer Mundo). Los pueblos de la más remota antigüedad, para no olvidar, se inventaron los mitos.

Los mitos en la cultura de los pueblos

Ellos, generalmente abordan lo relacionado con la creación del mundo a través de los mitos llamados “fundacionales”, que son los que sacan del caos primordial, los que explican el entorno inicial en el cual se vivía, así como el paso del tiempo a través de los días, meses y estaciones.

Con ellos se vehiculaban los sistemas de valores de las sociedades, se explicaban los eventos y narraban experiencias del hombre y del grupo; eran historias creadas para enseñar sobre lo importante y lo significativo, lo virtuoso de las ideas ancestrales del grupo acerca del mundo de donde surgieron a fin de que le pudiesen dar una respuesta a cuestiones que les resultaban inexplicables.

Entonces, la mitología explicaba un fenómeno, una tradición, pero también podía elevar un acontecimiento pasado y darle un significado épico o incluso sobrenatural, y lo que es más importante, proporcionar un modelo de historia “sagrada” que le trazase el destino a cada uno o a todo el grupo. Pueblo que no cultive lo memorable de su historia, seguramente perderá el buen camino, porque despreciar el hilo que te ofrece Ariadna te dejará solo frente al Minotauro…

El mito relataba, explicaba y revelaba al mundo los fundamentos de lo creado y trataba de explicar las causas de las cosas, mediante el descubrimiento de los orígenes secretos de la creación y de los sucesos notables o memorables que dejaron su huella en la conciencia colectiva.

El mito, como tiempo de los orígenes, narra los eventos que vale la pena recordar del tiempo fundamental, del pasado esencial y memorable que fundamenta y explica un presente decaído y trivial. Los mitos, al soportar creencias colectivas, se convierten en un repertorio de relatos conocidos por la comunidad, vinculándola con su tradición, a fin de fundar una cierta unanimidad de saber, que transmita una cierta o especial imagen del mundo, previa a los saberes racionales, técnicos y científicos.

Platón, pensando en la ciudad óptima, en la utopía radical, quiso desterrar a los poetas y establecer control y censura de la mitología tradicional seguramente porque sabía que la función social de esas narraciones míticas transmitidas por los ancianos y los poetas a las generaciones más jóvenes, vehiculaban ideas que explicaban el mundo y la vida colectiva por fuera de los cartabones por él propuestos.

Y, además, porque la fuerza de ese saber era difundida por Feme (la Fama de los romanos), la personificación de los rumores, el cotilleo y la fama, que en la vida cotidiana de la polis difundía la gloria de los héroes o las traiciones de los cobardes.

En Las Leyes, Platón cambió o edulcoró un poco la posición de erradicar por completo el legado mítico. No podía ser de otra forma porque toda sociedad tradicional pone en acción, con mayor o menor éxito, una memoria creadora, ampliamente repartida, y que no es ni la memoria de los especialistas ni la de los técnicos.

Los relatos denominados “míticos” son los productos de una actividad intelectual que fabrica lo memorable. Tarea que al parecer cierto gobernante olvidó cuando, en muy mala hora, suprimió o hizo suprimir las clases de historia del pénsum escolar, lo que tiene hoy en día a nuestros jóvenes en Babia sin enterarse de lo que ocurre alrededor y mucho más de lo que ocurrió. Por ejemplo, que Colombia tuvo un golpe de estado y una dictadura militar.  Hablemos entonces, a título de información de lo que es una Dictadura.

Los ciclos de la vida política

Platón, Aristóteles, Polibio, Ibn Jaldún, Vico y Montesquieu, entre otros, se preocuparon por reivindicar la autonomía de la política o de lo político prefiriendo explicar la historia por la lucha de los dirigentes y los grupos políticos. Para ellos existe la independencia de los fenómenos políticos, y hasta existe una determinación de la economía por las instancias políticas.

Ellos son los autores llamados “politistas”, porque creen en la autonomía absoluta de la política y para ellos existe una indudable mutabilidad de los sistemas políticos. Es la teoría de “los ciclos”, tan apreciada primero por los griegos de la antigüedad y luego por los autores mencionados.

Los ciclos de la vida política según Platón y Aristóteles

Según esta teoría, cada régimen político se “degrada” o se transforma irremediablemente en otro régimen, por un proceso de corrupción que no les viene de una causa externa (económica, demográfica, etc.) sino más bien, de un movimiento específico e interno a los fenómenos políticos.

Entonces, el universo político constituiría una realidad propia, gobernada por sus propias leyes, por sus propios ritmos: los despotismos terminan desgastándose y las democracias corrompiéndose. Los regímenes políticos “oscilan” de una forma a otra que, en lugar de ser provocadas por los movimientos económicos, podría ser resultado de una variable relativamente independiente.

-Platón veía degenerar la Aristocracia más perfecta en Timocracia (gobierno del honor), esta se pervertiría en Oligarquía, y esta pasaría a ser Democracia para llegar finalmente a la Tiranía, al Dictadura.

-Aristóteles, más observador, hizo avanzar la teoría del cambio político no sin ciertos sesgos ideológicos, empleando para ello dos criterios: -El Cuantitativo: ¿cuál es el número de los que detentan el poder? y -El Cualitativo: ¿qué uso le dan al poder? ¿actúan en interés de todos o solo en su propio interés? De aquí: -Un solo gobernante en interés de todos lleva a la Monarquía y si en interés propio conduce a la Tiranía. -Un número pequeño de gobernantes en interés de todos, lleva a la Aristocracia y si en interés propio conduce a la Oligarquía. -Un gran número de gobernantes en interés de todos lleva a la República y si en interés propio conduce a la Democracia.

Los tipos de Pureza e Impureza

Los tipos Puros son los que van en interés de todos, los Impuros en interés propio. En realidad, Aristóteles prefería un régimen moderado (mixto) que combinara las ventajas de la oligarquía con las ventajas de la democracia. Es decir, una oligarquía temperada por la democracia. Una especie de régimen “centrista”, de clase media (el parangón de todas las virtudes cívicas). Con esta posición, Aristóteles une el régimen constitucional a la infraestructura sociológica, a la realidad de las circunstancias particulares de cada polis (relativismo): clima, población, economía, reparto de las clases sociales, etc. El régimen que no se adapta a su sustrato, se altera, se degrada y aparece otro régimen, de pronto una forma Desviada.

Son los ciclos de Pureza-Corrupción. La alteración trae impureza, corrupción, perversión. Cada forma desviada constituye la alteración de una forma pura, los gobernantes que ejercen el poder en su propio interés y no en beneficio de todos dan lugar a esta tipología:

-La Tiranía. Una alteración de la monarquía porque, el tirano es uno solo que gobierna arbitrariamente para su propio beneficio, usurpando un poder que él no detenta por el consentimiento de los súbditos. -La Oligarquía. Una alteración de la aristocracia por ser el gobierno de un número pequeño en su propio beneficio sea como Plutocracia (donde el poder pertenece a los ricos); o como Timocracia (donde el poder pertenece a aquellos que detentan puestos o cargos de honor, etc. -La Democracia. En veces llamada Demagogia, como una alteración de la politie (o Politeia), puesta en marcha por un gobierno despótico del gran número donde el reino de la ley es abolido, los apetitos incontrolados de las masas reemplazan las disposiciones generales e impersonales por decisiones particulares que golpean ciertas personas o categorías, especialmente la de los ricos; entonces, una multitud de intereses particulares suplanta el interés general, el bien común.

Los ciclos de la vida política según Polibio (205-125 a.C.)

Polibio, también expuso una teoría cíclica de la sucesión de los regímenes políticos, pero combinando en parte a Platón con Aristóteles. Parte de tipos Puros (monarquía, aristocracia, democracia) y tipos Impuros o corrompidos (tiranía, oligarquía, demagogia). Ellos se suceden de manera cíclica y cada uno contiene en sí mismo el germen de su degeneración.  Polibio enfatiza con especial interés en la tiranía, porque en las riberas del Mediterráneo (el helenístico y el romano) hubo o hay en curso dos oleadas de tiranías. En efecto, una especie de pandemia de dictaduras causadas por profundos cambios socioeconómicos parece enfermar a las sociedades helenísticas y las romanas.

La pandemia de dictaduras en las sociedades helenísticas. Ellas pasan de ser ciudades de estructura tradicional y cerrada -a base de unas economías agrícolas y un poder oligárquico o aristocrático, a una estructura nueva, comerciante y artesanal, de clases medias y de plebeyos obreros o empleados; es decir pasan de lo cerrado tradicional a lo abierto a la navegación, la colonización y el intercambio comercial. Esta clase media detenta el poder económico, pero no el político; que es monopolio de todavía de la oligarquía tradicional de la tierra, pero que decrece. Por su lado, la plebe también desea ser escuchada desde el plano político, para tratar de mejorar su condición miserable. Pedirá un tirano.

La pandemia de dictaduras de la República romana. A partir del siglo primero a.C. esta sociedad se encuentra igualmente en situación parecida a la helenística en sus estructuras económicas y sociales, pero -por obra de las conquistas- ahora es un imperio de grandes dimensiones.

En ambas sociedades hay un desfase entre las nuevas estructuras socioeconómicas y las estructuras políticas arcaicas.  En ambas surgen dictaduras sociológicas (M. Duverger) de naturaleza “estructural” a causa de la crisis en las estructuras y las creencias, debido a la evolución de la sociedad y al inmovilismo de sus instituciones. Entonces, un tipo de dictadura quiere mantener el orden (dictadura conservadora o reaccionaria) y otro cambiarlo (dictadura revolucionaria). No se trata entonces de dictaduras técnicas, “coyunturales”, que solo obedecen a la voluntad de poder de un grupo de aventureros pretorianos como las instaladas con frecuencia por los legionarios romanos, especializados en derrocar emperadores.

La dictadura Sociológica muestra al especialista la importancia de los fenómenos sociales sobre el factor político. Según esto, lo político factor surge, emerge o deriva del contexto social. En cambio,  en el plano opuesto, la dictadura Técnica encarna la autonomía, la independencia, del fenómeno político porque ella puede instalarse  por fuera de toda presión  o mutación del cuerpo social; o sea que las instituciones políticas se modifican por fuera de los fenómenos sociológicos, bastando en muchos casos la voluntad e poder del dictador-caudillo-golpista casi siempre.

La dictadura sociológica o Revolucionaria se apoya en las clases nuevas y el dictador quiere continuar la mutación social a través de una mutación política; en esta empresa prepara o encarna el poder político de las nuevas clases. Estas, llaman primero a Mario y luego a César para que desagreguen las instituciones arcaicas. Este par cree que van en el “sentido de la historia”. A la inversa, la dictadura sociológica Reaccionaria la emplean las clases privilegiadas para mantener las estructuras existentes o para restaurar las antiguas y para ello igualmente llaman a un dictador; ellas tratan de conservar sus privilegios y de contrarrestar una evolución social que los relega en los rincones de la historia. Es entonces cuando llaman a… Sila.

La América Latina actual pareciera estar regresando a un pasado que parecía ya superado, por lo menos por Colombia. Ahora son raros los golpes de estado dados por militares. Algunos dicen que se dan de otra manera: por juicio político o por golpe “técnico” (“blando”, de Lawfare o “jurídicos”).

¿Vuelven las dictaduras?

El teniente coronel Gustavo Rojas Pinilla (1900-1975) depuso el 13 de junio de 1953 al presidente conservador Laureano Gómez Castro, a decir verdad, casi contra su voluntad y en reacción a la antipatía que este le había tomado. Rojas asumió el poder y prometió "no más sangre, no más depredaciones en nombre de ningún partido político, paz, justicia y libertad", y fue el presidente 26 de la República de Colombia. La violencia bipartidista había estado afectando al país desde 1925 y mucho más después de la muerte del líder político liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, día del trágico “Bogotazo”.  Este trágico episodio, dio lugar a una segunda etapa de “La Violencia” bipartidista, mucho más violenta y todavía no finiquitada. Rojas Pinilla nombró un Gabinete militar de crisis institucional, para aplacar la violencia partidista en una República presidencialista.

La “Violencia” bipartidista

Los partidos políticos históricos colombianos, Liberal y Conservador, estaban inmersos en un cruento enfrentamiento. En las zonas rurales y en el centro del país -dominadas por los liberales- se impuso la violencia, a través de los grupos de los “Chulavitas”, que se dice conformaban una policía política de ese corte ideológico. En el Valle del Cauca, un grupo paramilitar en pro de los conservadores y conocido como los “Pájaros”, hacía otro tanto. Para defenderse de estos, los liberales crearon seguidamente las llamadas “guerrillas liberales” así como grupos de autodefensa campesina que fueron conocidos bajo el nombre de los “Cachiporros”. Los comunistas, igualmente afectados por la violencia conservadora, crearon grupos de autodefensa campesina, que más tarde serían tildadas de “repúblicas independientes”; fueron lideradas por Manuel Marulanda Vélez, también conocido como “Tirofijo”.

Llega la única dictadura de Colombia en el siglo XX

Tuvo lugar del 14 de junio de 1953 al 10 de mayo de 1957. En esta fecha, Rojas Pinilla fue obligado a entregar el poder a una Junta militar, luego de unos días de Paro cívico nacional total. Rojas, había derivado hacia una no muy típica dictadura militar. Antes, para poder llegar al poder, Rojas había contado con el apoyo del sector no laureanista del Partido Conservador, en cabeza de Gilberto Alzate Avendaño y Mariano Ospina Pérez.

En realidad, los dos partidos históricos estaban fracturados por luchas internas e intrigas, que les fueron disminuyendo el apoyo popular. El sector gaitanista del liberalismo (con jefatura de Jorge Eliécer Gaitán), por ejemplo, estaba enfrentado con el oficialismo liberal (dirigido por Eduardo Santos). Por su lado, los conservadores estaban divididos entre ospinistas (dirigidos por Mariano Ospina Pérez) y laureanistas (el sector de Laureano Gómez Castro). Gómez había reemplazado en la presidencia a Ospina, en unas en unas elecciones sin rival ni garantías políticas ni de seguridad para el liberalismo. En tres años de mandato, Gómez había sufrido dos infartos, que lo obligaron a ceder el poder al Designado Roberto Urdaneta Arbeláez.

Roberto Urdaneta era popular entre los militares y bastante afecto al general Gustavo Rojas Pinilla. Había sido ministro de Guerra de Gómez, lo que le permitió conocer bien a las Fuerzas Militares; además, había invertido una parte importante del presupuesto nacional en modernizar a las tropas. Gómez al parecer no reaccionó bien a estas aproximaciones entre Urdaneta, Rojas y los militares y puso en la mira al general, quien era visto por estos como su líder y jefe natural. En su turno, Rojas le ofrecería a Urdaneta el apoyo de toda la tropa para que asumiera la presidencia.

 Se inicia el desencuentro entre Gómez y Urdaneta

Felipe Echavarría Olózaga, un industrial antioqueño, fue detenido y culpado -sin fundamento alguno- de adelantar actos terroristas en Colombia. Seguidamente fue torturado por miembros de la G-2, un cuerpo de Inteligencia terrestre militar, al parecer muy afín a la C-2, o Inteligencia Multinacional de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Gómez responsabilizó -también injustamente- a Rojas Pinilla de este acto de tortura.  Lucio Pabón Núñez, un incondicional de Gómez, fue nombrado nuevo ministro de Guerra. Inmediatamente, Gómez le ordenó a Urdaneta que destituyese al general Rojas Pinilla. A lo que Urdaneta se negó, argumentando que hasta tanto no se investigaran los hechos y reconocido a los culpables no lo ordenaría.

Un golpe de estado consentido por el pueblo y las propias élites políticas

El sábado 13 de junio de 1953, Colombia amaneció con Roberto Urdaneta como presidente encargado. Laureano Gómez reasumió el poder, después de un año de convalecencia. Hacia las 7 de la mañana, Gómez le ordenó nuevamente a Urdaneta que destituyera al general Rojas Pinilla, pero Urdaneta se negó y le espetó que asumiera nuevamente la presidencia y lo destituyera él mismo. Así lo hizo Gómez, quien inmediatamente convocó un Consejo Extraordinario de ministros.

Doña Bertha Hernández de Ospina, esposa del expresidente Mariano Ospina Pérez, y líder de la otra facción del partido conservador, con la cual Rojas tuvo una cordial amistad, al parecer le comunicó a este el apoyo del sector del ospinismo, así como la aquiescencia y apoyo del partido Liberal para remover del gobierno a Laureano Gómez.

En un casino militar, Rojas le informó al ministro Jorge Leyva Urdaneta y a otros funcionarios de Gómez, que quedaban detenidos. De inmediato se comunicó por radio a todas las guarniciones que a partir de ese momento recibirían órdenes solamente del general Rojas Pinilla. El Batallón Guardia Presidencial, fue sometido pacíficamente. La artillería y los batallones rodearon el Palacio de la Carrera, evitándose un enfrentamiento. Rojas se dirigió a este Palacio y le pidió a Roberto Urdaneta, que se tomara el poder, que él lo apoyaría. Urdaneta, se rehusó a asumir el cargo hasta tanto el presidente Laureano Gómez no renunciara al cargo.

Ante la negativa de Urdaneta de defenestrar a su presidente, Rojas ordenó la búsqueda de Laureano Gómez, para pedirle que renunciara al gobierno. Este se negó a renunciar y, según Rojas, Gómez le pidió que el general debía hacerse cargo del gobierno que, en consecuencia, fue el propio presidente quien se dio un autogolpe dado que él solo cumplió con el deseo del titular del cargo.

El público respiró tranquilo, porque fue pacífica la interrupción del gobierno de Gómez, ya que no se usó fuerza militar ni violencia en estos cambios de gobernantes. Vino un ascenso paulatino de los militares en los asuntos de la política. Se dijo que fue así como de esta manera, el 9 de abril de 1948 los había llevado finalmente al poder. En opinión de analistas e historiadores se trató de un golpe de estado anunciado, consentido y propiciado por parte de la población y de la élite civil.

 Un golpe anunciado y bien recibido

La necesidad de superar la desbordante situación de violencia en que se encontraba el país, de recuperar para el Estado la funcionalidad de sus instituciones y de restaurar la legitimidad del sistema, produjo el golpe militar del 13 de junio de 1953. El golpe de Rojas fue anunciado. Algunos piensan que fue necesario, dada la horrenda situación de violencia en que se encontraba el país, luego del “Bogotazo”. Se imponía, se insiste, recuperar todos eso valores cívicos y constitucionales. De allí se desprende, que el nuevo gobierno militar llamara a una reconciliación nacional a través de las figuras de indulto y amnistía para detenidos políticos y alzados en armas, libertad de prensa, diálogo entre los partidos y “restablecimiento de las condiciones necesarias para realizar elecciones puras”.

El acceso al poder de Rojas Pinilla fue legitimado

Por la Asamblea Nacional Constituyente que había convocado el gobierno de Gómez. Esta, le reconoció el carácter presidencial a Rojas para que este asumiera el poder investido de cierta legitimidad. Fue así como Darío Echandía, definió la llegada de Rojas al poder como un “golpe de opinión”. Lo dijo con estas palabras: “No fue vuestro gesto el producto de la ambición rapaz, sino el abnegado sentido del deber. Tomasteis el mando en virtud de un golpe de opinión, pues vuestros esfuerzos no fueron encaminados a destruir un estado de derecho sino a establecerlo, no a imponer la fuerza sobre la legalidad sino a cambiar la anarquía por el orden”. Rojas Pinilla, ingeniero de profesión, se puso al mando con espíritu de constructor.

Un régimen “constructor” de obras

Durante el gobierno de Rojas se inició el proceso de despolitización de la Policía Nacional. Se inició el servicio de televisión. En 1954, se reconoció el derecho al sufragio femenino (efectivo bajo el Frente Nacional); se prohibió el porte legal de armas a través de un sistema de salvoconductos. En general, se hicieron muchas obras públicas de carreteras, vías terciarias, aeropuertos, puertos. Se le puso especial énfasis a la terminación de la segunda etapa de “La Violencia”. Alguna prensa agregó que también él y su familia se habían “construido” un buen patrimonio, sobre todo minero y ganadero.

Al igual que Laureano Gómez, Rojas gobernó bajo un permanente estado de excepción

Ayudado en esta tarea, por una Asamblea Nacional Constituyente. No faltó quien dijera que el general era adicto a las constituyentes “de bolsillo” y como faltaba una rama legislativa, al igual que Gómez hizo uso abusivo de decretos-leyes, siempre bajo el lema: “El Binomio Pueblo-Fuerzas Militares” y una ideología de nacionalismo y patriotismo básicos que, según el régimen, debían ser las fuerzas de cohesión del pueblo colombiano para superar la violencia y numerosas crisis nacionales. También, creyendo poder alejarse de los partidos históricos que le permitieron llegar al poder. Bajo esta creencia, Rojas fue creando una supuesta "Tercera Fuerza" basada en una alianza entre los trabajadores, las clases medias y los militares, sustentada en principios tomados de la doctrina social de la Iglesia y en los ideales bolivarianos.

Rojas Pinilla derivó paulatinamente hacia la dictadura

Poco a poco primero y rápidamente después, Rojas fue ejerciendo cada vez más un poder dictatorial y represivo. El pueblo, la sociedad civil y los gremios de la producción le respondieron con un Paro Nacional de 10 días. A los estamentos de la producción nacional industrial les había aumentado los impuestos a durante el año de 1954, para doblegarlos. En el Valle del Cauca hubo protestas lideradas por los partidos liberal y conservador, que fueron reprimidas con dureza por las fuerzas de la policía política del régimen.

El 29 de enero de 1956, la hija de Gustavo Rojas Pinilla, María Eugenia de Moreno y su esposo fueron objeto de sonora rechifla y potentes gritos de “Fuera el régimen”, durante una corrida de toros en la plaza de toros de la Santamaría en Bogotá, en contraste con la ovación ofrecida minutos antes a Alberto Lleras Camargo, el líder de la oposición liberal al régimen.  El domingo siguiente, 5 de febrero, se produjo la represalia. A quienes cantaban "Lleras sí, otro no", y a los que se negaban a vitorear a María Eugenia, los agentes del Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC) los molieron a palos, se dice que lanzaron algunos por las graderías del circo, a otros los golpearon con yataganes o a puntapiés. El número exacto de muertos y heridos nunca se pudo precisar y se dice que varios fueron enterrados sin nombre.

 El Paro Nacional que derrocó la dictadura

La cesación de todo tipo de actividades industriales se dio por orden patronal. Bancos y fábricas cerraron. También cerraron los pequeños comercios y los colegios (el mío -de la S.J.- cerró y nos mandaron a nuestras casas a todos porque íbamos a “derrocar a la dictadura, en jornadas históricas”). Los estudiantes salieron en masa a las calles a paralizar el transporte urbano en 1956.

El 9 de junio de 1954, se había realizado una masacre de once (o 13) estudiantes universitarios en Bogotá por parte del Batallón Colombia (el que estuvo en Corea) que protestaban por el asesinato del estudiante Uriel Gutiérrez Restrepo por la Policía Nacional, el día anterior. La protesta empezó durante un acto en la Universidad Nacional de Colombia, en el que varios estudiantes conmemorarían la muerte del estudiante Gonzalo Bravo Pérez ocurrida 25 años atrás. El 7 de agosto de 1956 Cali había volado en átomos por la explosión de siete camiones militares cargados de dinamita, se dijo que el general estaba muy dedicado a la explotación de minas de platino, todo fue confusión y todavía no se sabe la verdad de lo sucedido.  El gobierno atribuyó, sin fundamento, el hecho al comunismo y a la oposición laureanista.

Los créditos externos le fueron negados al régimen por la banca internacional. Antes, Rojas había establecido la censura de prensa y una represión en aumento: El régimen fomentó la creación de una prensa estatal y paraestatal subsidiada por el gobierno y el hostigamiento legal, tributario y comercial de los periódicos de oposición (estos solo podían narrar los hechos y “evitar la interpretación”). Se dictó un decreto que establecía pena de prisión, de dos a cinco años, para quien difamara al gobierno militar. Clausuró los diarios La Unidad, El Tiempo, El Espectador, Diario Gráfico y El Siglo mediante un decreto número 2535 titulado para “una prensa libre pero responsable”.

A la par de la persecución a la prensa, Rojas desató una persecución religiosa contra el protestantismo y puso al servicio del catolicismo y del adoctrinamiento en el régimen, a la emisora de radio llamada Radio Sutatenza. Arrestó a Guillermo León Valencia, y quemó las casas de jefes de partidos y sedes de periódicos.

Caída y exilio de Rojas Pinilla

El   10 de mayo de 1957 Rojas Pinilla, de madrugada, después de nueve días de activa resistencia civil y luego de tres días de paro general, tuvo que renunciar. No se resistió y depositó el gobierno en una junta de gobierno militar de transición, integrada por cinco generales de extracción conservadora. A las 9:30 a. m. anunció su renuncia a todo el país a través de la Radiodifusora Nacional (“Para evitar que los soldados de esta Colombia inmortal (...) se hubieran visto obligados a defender el orden y la legalidad haciendo uso de las armas, con inútil derramamiento de sangre (…) he resuelto que las Fuerzas Armadas continúen en el poder con la siguiente Junta Militar...". Así fue como partió al exilio ese mismo día a España, aunque otra versión sugiere que Rojas se exilió en República Dominicana bajo asilo político de Héctor Bienvenido Trujillo, hermano y títere del dictador Rafael Leónidas Trujillo. "Por motivos de orden público", el Banco de la República le había autorizado el pago de 15 mil dólares, como anticipo de su sueldo de 3.000 que le correspondería como expresidente.

La Junta Militar tomó posesión el mes siguiente y disolvió la Asamblea Nacional Constituyente. La Junta, estuvo presidida por el general Gabriel París. Ante rumores de un complot, el gobierno ordenó el arresto de Rojas Pinilla el 3 de diciembre de 1957, declaró turbado el orden público y en estado de sitio todo el territorio nacional con el argumento de que existía “un plan subversivo para derrocar la autoridad legítima”, bajo la dirección personal del general Rojas Pinilla, “en conexión con elemento retirados de las Fuerzas Armadas, grupos de antiguos funcionarios de la dictadura y elementos antisociales”.

Se comienza a dibujar el esquema del Frente Nacional

Bajo el júbilo popular, los partidos tradicionales apoyaron el esquema de lo que sería el Frente Nacional, idea inicial de Alfonso López Pumarejo: los partidos debían converger para sacar el gobierno militar y pactar la paz que evitara el desangre nacional. En marzo de 1956, López planteó la reforma de la Constitución para que los dos partidos participaran de la responsabilidad del gobierno, que el partido liberal apoyaría un gobierno de los conservadores para salir de la dictadura. La oposición al régimen militar uniría a los partidos.

Elegido director del partido liberal, Alberto Lleras, propuso un Frente Civil contra Rojas. Viajó a España a entrevistarse con el presidente derrocado Laureano Gómez en julio de 1956. En Benidorm, el 24 de julio, firmaron la declaración de principios que fundamentará el Frente Nacional: acción conjunta para el pronto retorno a las instituciones, resistencia civil, regreso a la República "buscando la fuente del poder en sus orígenes populares", "creación de un gobierno o una sucesión de gobiernos de coalición amplia de los dos partidos". Al final del documento, una "ley histórica": "Colombia es una tierra estéril para la dictadura".

Con el Pacto de Marzo (1957), el sector ospinista ratificó la necesidad de un gobierno compartido. El 20 de julio, ya derrocada la dictadura, Alberto Lleras y Laureano Gómez firmaron el Pacto de Sitges, en el cual se acordaron las bases del Frente Nacional: candidato de los dos partidos, paridad en el gabinete y corporaciones públicas, plebiscito para ratificar esas reformas a la Constitución.

El “plebiscito” de diciembre de 1957

En realidad, fue un referéndum que obtuvo el 1o. de diciembre 4'169.294 votos a favor y solo 206.864 en contra: estableció la paridad durante doce años. Se propuso que el gran colombiano de del siglo XX, Alberto Lleras Camargo, iniciara el primer periodo presidencial. Seguidamente se amplió el Frente Nacional a dieciséis años (cuatro períodos presidenciales, hasta 1974) y se estableció la alternación en el poder, mediante reforma constitucional adelantada en el Congreso (Acto Legislativo de septiembre 15 de 1959). Se perfeccionaron así los dos pilares de la coalición frente-nacionalista: alternación presidencial y paridad política entre los dos partidos tradicionales. Una salida constitucional y política admirada por muchos sectores de la academia. Combatida por otros.

La Junta militar propició el regreso del bipartidismo en medio de constantes dudas y conatos de restauración de Rojas o golpes de cuartel. Restaurada la democracia, se inició en su contra un juicio político en el que fue condenado por hechos de su gobierno y se le privó de sus derechos políticos.

¿Una “dictablanda”?

En honor de la verdad, la llegada de Rojas al poder se hizo pacíficamente y de ella se dice que fue una dictadura no tradicional muy diferente, por ejemplo, al golpismo tercermundista. Maurice Duverger la habría situado dentro del esquema de las dictaduras sociológicas, por la crisis social y política que a ella llevaron tanto La Violencia como la frágil salud del gobernante Gómez Castro. No obstante, una vez en el poder, Rojas empezó a alejarse de la dirigencia tradicional y de los partidos, y convirtió a su gobierno en una dictadura de carácter más personal que incluso militar. Su propósito no resistió la arremetida de la sociedad civil, liderada por Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, quienes sacaron adelante los pactos de Sitges y Benidorm que finalmente conducirían a la caída de Rojas en 1957, sin una resignación total por parte de los militares que, fraccionados por momentos, intentaron proseguir en el poder o restaurar a Rojas.

El regreso de Rojas a la política

A finales de los años de 1960, Rojas Pinilla regresó a la política fundando su propio partido político, denominado Alianza Nacional Popular (Anapo), que hizo oposición al sistema de alternación de los partidos tradicionales del Frente Nacional. En 1970, en las Elecciones presidenciales, estuvo a punto de volver a la presidencia, pero fue derrotado por Misael Pastrana en unos comicios cuestionados. Se le abonará siempre a la memoria de Rojas que fue patriótico su proceder de no ordenar un levantamiento popular que pudo ser otro “Bogotazo”.

A raíz de este suceso electoral, nació la guerrilla del Movimiento 19 de abril (M-19), un grupo de izquierda y estudiantes con las mismas ideas de Rojas que optó por la vía armada declarándose “el brazo armado del pueblo anapista”.

Balance de la única dictadura colombiana

Ciertamente la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla no fue abiertamente autoritaria y menos totalitaria como las de sus homólogos de esa época.  Bajo la república romana, en periodo de crisis grave, un “dictador” era investido por los cónsules -bajo la supervisión del Senado- de todos los poderes del Estado, solo seis meses. En este lapso, el dictador concentraba entre sus manos todos los poderes a fin de salvaguardar el interés público durante la coyuntura de desorden. Ejercieron esta magistratura extraordinaria: Cincinato, Camilo, Quinto Fabio Cunctator, Sila, Cesar. Por extensión el término de dictadura designa hoy un poder absoluto cualquiera: Un hombre o un equipo concentra todos los poderes. Esta situación ya no es más temporal, sino de una duración indeterminada. A menudo resultan más de un golpe de estado que de una investidura constitucional. En sentido amplio, se puede llamar “dictadura”, todo régimen autoritario no fundado sobre la herencia.

A Rojas Pinilla se le legitimó para que se atuviera al período, presidencial constitucional de cuatro años, pero quiso extenderlo arbitrariamente a través de una muy obsecuente Asamblea Nacional Constituyente de “bolsillo”.

La Dictadura en el Tercer Mundo

En el Tercer Mundo se multiplicaron las dictaduras para la misma época o poco tiempo después de la de Rojas Pinilla. De esta manera, en las sociedades en vías de modernización o subdesarrolladas de la época, el poder se unificaba y se concentraba. Era como si se estuviese dando una relación entre subdesarrollo y sobrepoder (hiperpoder). En dos tercios de la humanidad, las dictaduras se multiplicaban. Por ejemplo, en Asia (hoy la dictadura de Corea del Norte de los Kim lleva 76 años y va en  tres generaciones hereditarias); en el Próximo Oriente (Egipto, Sudán Libia, Siria, Irak); en África, donde muchos estados vivían bajo un sistema de partido único, ente a menudo reducido a un rol “instrumental”; y también en America Latina donde la tradición presidencialista degeneraba y degenera todavía en dictadura (el régimen cubano lleva 65 años; Ortega de Nicaragua lleva más de 26 años en el poder; el dúo Chávez-Maduro va en 26 años) .

La Dictadura Sudamericana

Limitándonos a América del Sur, durante las décadas de 1950-1960-1979 se pueden citar como regímenes autoritarios: -Ecuador donde el presidente Ibarra, elegido regularmente en 1968, se proclamó dictador con el apoyo de los militares, en febrero de 1972 y seguidamente fue derrocado por el general Lara, que será él mismo derrocado por una junta militar en enero de 1976. -Perú donde en 1968 el general Velasco Alvarado derrocó al presidente Belaúnde, en 1975 y en su turno fue a su vez derrocado por el general Morales Bermúdez.  -Bolivia donde después del derrocamiento de Paz Estenssoro en octubre de 1964, se sucedieron los generales Barrientos, Ovando Candia, y Torres; luego finalmente, en agosto de 1971 llego el coronel Banzer.  -Paraguay: El general Stroessner llegó al poder desde 1954 hasta 1989 (34 años y 172 días).  -Brasil donde después del derrocamiento en 1964 del presidente Goulart por el ejército, los militares se sucedieron en el poder de esta forma: Mariscal Castelo Branco, Mariscal Costa e Silva, General Garrastazu Medici; en enero de 1973 el general Geisel fue elegido presidente de la republica por un colegio restringido.  -Uruguay en junio de 1973 el presidente Bordaberry, apoyado por una junta militar, tomó todos los poderes, pero en junio de 1976 fue derrocado por el ejército.  -Chile en septiembre de 1973 fue derrocado y asesinado el presidente Salvador Allende por el general Pinochet.  -Argentina en 1966 el ejército había derrocado el presidente Illia y sus jefes se fueron sucediendo mutuamente en la dirección del país entre los generales Onganía, Levingston y Lanusse; en julio de 1974 Isabel, la viuda de Perón llegó al poder y en marzo de 1976 el ejército la derrocó y estableció su dictadura. Cifras que invitan a compararse.

La multiplicación de Golpes de estado en el Tercer Mundo

Para las épocas señaladas se dieron en cantidades alarmantes. Por ejemplo, en América Latina se contaron 19 golpes de estado exitosos en 13 años desde 1963 a 1976: -República Dominicana 1963; -Honduras 1963; -Brasil 1964; -Bolivia 1964; -Argentina 1966; -Panamá 1968; -Perú 1968; -Bolivia 1969; -Brasil 1969; -Bolivia 1970; -Bolivia 1971; -Ecuador 1972; -Honduras 1972; -Uruguay 1973; -Chile 1973; -Perú 1975; -Ecuador 1976; -Argentina 1976; -Uruguay 1976. Sigue abierta la invitación a compararse

En el África Negra se contaron 28 golpes de estado exitosos en 13 años, desde 1963 a 1976: -Togo 1963; -Dahomey 1963; -Gabón 1964; -Congo-Kinshasa 1965; -Dahomey 1965; -República Centro Africana 1966; -Alto Volta 1966; -Nigeria 1966; -Ghana 1966; -Nigeria 1966; -Burundi 1966; -Togo 1967; -Sierra Leona 1967; -Dahomey 1967; -Sierra Leona 1968; -Congo Brazzaville 1968; -Mali 1968; -Somalia 1969; -Dahomey 1969; -Uganda 1971; -Ghana 1972; -Madagascar 1972; -Dahomey 1972; -Ruanda 1963; -Níger 1974; -Etiopía 1974; -Madagascar 1975; -Burundi 1976. Si se compara sienta legítimo orgullo.

Olvidar lo Memorable puede ser peligroso

Si lo memorable es lo célebre, lo inolvidable, lo glorioso, lo destacado, lo notable, lo indeleble y, algo muy importante, lo recordable, no deja de llamar la atención cómo este 10 de mayo de 2024 no retuvo la atención de la prensa (sobre todo la censurada y cerrada) ni del gran público, la Caída de la única dictadura que tuvo Colombia en 100 años. Olvidar el glorioso 10 de mayo de 1957, puede ser sintomático de una pérdida de la civilidad, peor, una peligrosa muestra de apatía ciudadana.

Sin ser profeta, anticipo que la fecha del 13 de junio de 1953 será seguramente más recodada que la mencionada (es casi una constante). No deja de ser extraño que la democracia más antigua de América Latina recuerde mucho más la llegada de una dictadura golpista, que la salida pacífica de su único dictador. Lo que no debe olvidar el pueblo de Colombia fue la lapidaria y democrática frase final del Texto de Sitges: "Colombia es una tierra estéril para la dictadura".

Estimado L. S. gracias por recordarme momento tan memorable, para ti estas líneas.

Sigue a Las2orillas.co en Google News
-.
0
Nota Ciudadana
Los 5 lugares que representan lo mejor de la repostería en Valledupar

Los 5 lugares que representan lo mejor de la repostería en Valledupar

Nota Ciudadana
Caricatura: Colombia vs Conmebol

Caricatura: Colombia vs Conmebol

Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus
--Publicidad--