Marquitos Figueroa, el terror de la Guajira, capturado en el Brasil

Estaba señalado de ser el hombre que ejecutaba las órdenes del exgobernador de la Guajira, Kiko Gómez quien podría pagar hasta 50 años de cárcel. Esta es la historia de su imperio criminal

Por: | octubre 22, 2014
 
Marquitos Figueroa, el terror de la Guajira, capturado en el Brasil


Testigos afirman que Marcos de Jesús Figueroa García, mejor conocido en todo el Caribe colombiano con el alias de Marquitos Figueroa, entró con su séquito de hombres a las Agencia de Avianca en Valledupar. Allí mandó amarrar a los trabajadores, se dirigió a la oficina de la gerente Ana Carolina Vélez Salgado, le puso un arma en la cabeza y le dijo que sacara de su bolso el celular para llamar a su pareja. Al otro lado de la línea contestó el sanguinario paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia; Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’.

Después de la derrota militar que le propinó ‘40’ a Hernán Giraldo, líder de las Autodefensas Campesinas del Magdalena y La Guajira (ACMG), Marquitos quiso acercarse a su nuevo rival para resarcir asperezas y negociar las rutas de narcotráfico, contrabando y tráfico de gasolina. Hacerse pasito. Sin embargo ‘40’ hizo caso omiso a todos los recados que le mandaba aquel guajiro que tenía fama de malo. Pero Marquitos se hizo sentir: “O se reúne conmigo, o le mato a su mujer y después lo mato a usted”, cuentan que fue lo le dijo en aquella llamada telefónica. No hay constancia si en ese año de 2004 se reunieron, pero quedó sentado que ‘Jorge 40’ comenzó a respetar al nuevo dueño del bandidaje en la frontera con Venezuela.

La captura fue confirmada el 22 de octubre de 2014 en Brasil por el presidente Juan Manuel Santos. Foto: Policía Nacional/ElHeraldo

Su captura en Brasil fue confirmada el 22 de octubre de 2014 por el presidente Juan Manuel Santos. Foto: Policía Nacional/ElHeraldo

Marcos de Jesús nació hace 46 años en Fonseca (Guajira), pero desde que andaba en pantalonetica se fue a vivir al municipio vecino, Barrancas. Proveniente de una familia tradicional Wayúu, de origen humilde y extensa en parentela comenzó a ser llamado Marquitos por su bajísima estatura aunque la verdad era que quienes lo rodeaban utilizaban el diminutivo para mostrarle un cariño hipócrita; pues el tipo desde adolescente era, literalmente, de armas tomar. La cultura Wayúu exige ciertas condiciones para adquirir nombre y respeto, entre ellas se encuentra el ejercer un verdadero control del territorio y el defender los asuntos de honor de las mujeres pertenecientes a la comunidad. Con astucia Marquitos se comenzó a valer de estas situaciones para erigirse como el gran cacique de su terruño. Tradiciones milenarias que rompería mucho más adelante, contaminado de poder, tras los homicidios de dos heroínas de la Alta Guajira; “porque a las mujeres hasta que llegó Marquitos, no se tocaban”, dice una de sus víctimas.

A principios de los años noventa, Marquitos se convirtió en el chepito que, arma en mano, cobraba impuesto de paso a todo lo que entraba y salía de la frontera. Así mismo, se convirtió en reducidor de los contenedores y tractomulas que otros sabuesos se robaban en aquellos caminos sin Ley ni Estado. En un caso fortuito a mitad de los años noventa las autoridades de la Costa lo sorprendieron como reductor y lo enviaron a la cárcel de Santa Marta. Lo cierto es que su fama se acrecentaría sobremanera; como en un guión del filme La roca, Marquitos diseñaría su plan de fuga. Una volqueta se puso delante del muro trasero de la penitenciaría, prendió motores, hizo rechinar sus ruedas y con la velocidad que le concedió la corta distancia, atravesó sus cimientos. En medio de la polvareda como si fuera una travesura, Marquitos salió caminando junto a dos reclusos más. Afuera lo esperaba un taxi que lo llevaría a sus impenetrables aposentos en la Alta Guajira.

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Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40′ y Hernán Giraldo comenzaron a disputarse las rutas de cocaína en la Sierra Nevada de Santa Marta y la Alta Guajira

Con aquel pergamino a cuestas, en la vida de Marquitos se volvería a cruzar un hombre con el que ya había trabajado antes y que buscaba sus servicios de cobros, protecciones y leyes: el polémico empresario Jorge Gnecco Cerchar. Oriundo de Papayal y proveniente del seno de una de las familias con mayor tradición política de La Guajira, hizo nombre por tener una empresa de transporte de carbón registrada como La Carolina y ser un acaudalado comerciante ganadero. Su camino se empezaría a torcer cuando en el año 1996 conformó junto a Salvatore Mancuso una Convivir llamada Sociedad Guaymaral Ltda. El objeto era proveer seguridad privada a los ganaderos de la región. Según las declaraciones libres de Mancuso, su amigo Jorge Gnecco Cerchar aprovechó su posición para comenzar a expandir otro negocio que se veía prospero pero que necesitaba del uso de tierras a cualquier precio, la siembra de Palma Africana. Tal vez por ello una decena de pobladores acusaron a Gnecco Cerchar de ser el gran despojador de sus tierras.

Así mismo, la poderosa influencia que ejercía Jorge Gnecco Cerchar, tanto por ser hermano de Lucas Gnecco -dos veces gobernador del Cesar- y de Pepe Gnecco –quien fuera Senador de la República-, como también por ser un audaz negociante lo llevó a entablar amistad y sociedades con el paramilitar de la Sierra Nevada de Santa Marta, el caldense Hernán Giraldo. Todo indica que Gnecco Cerchar lo contagió la avaricia y comenzó a participar en los negocios de narcotráfico de la zona, rutas que salían de las entrañas del Tayrona hasta Estados Unidos y Europa. Entuertos por las cuales los narcos del Norte del Valle como Wilber Varela, alias Jabón, debían pagar seguridad, peaje y transporte.

Por aquellos días a los departamentos del Cesar y Magdalena llegaría ‘Jorge 40’, encargado por Carlos Castaño de empezar a expandir en toda la costa atlántica al Bloque Norte de las AUC. Al principio la relación entre Gnecco Cerchar y ‘40’ fue amable y cordial, Mancuso los dejó como amigos. “Se colaboraban mutuamente” dice uno de los desmovilizados del Bloque Norte. Empero, como el ejército paramilitar comenzaba a ampliarse en hombres y armas, se necesitaba de mucho más dinero para mantener todos sus batallones. De tal suerte que ‘40’ se dio cuenta que era necesario apoderarse del corredor que los capos colombianos habían construido de tiempo atrás con la gente de la Sierra Nevada y La Guajira. Empezó una guerra sin treguas entre ‘40’ y Hernán Giraldo.

Marquitos Figueroa llegó en aquellos días a ser el nuevo jefe de seguridad de Jorge Gnecco Cerchar, quien se sentía amenazado por la gente y las decisiones de ‘40’. No era para menos, Gnecco desde el comienzo de las disputas se fue para el lado de Hernán Giraldo, a quien conocía más. Con transporte de carbón, tierras sembradas de Palma Africana, recibiendo porcentajes de rutas del narcotráfico, más un ejército privado comandado por el más respetado de los guajiros; a Gnecco Cerchar le faltaba una cosa, meterse de lleno en política como sus hermanos. Entonces aprovechó su poder y ayudó a aceitar económicamente al Grupo Organizado Popular Liberal, movimiento conocido como El Golpe, el cual ya había sacado como gobernador a Lucas y como congresista a Pepe. Fue en ese momento, según habitantes de Barrancas, cuando Jorge Gnecco Cerchar apoyó por segunda vez la candidatura a la alcaldía a su primo Juan José Gómez Cerchar, mejor conocido como Kiko Gómez.

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La tradición política de los Geneco Cerchar comenzó con Lucas quien fuera gobernador del Cesar y terminó condenado a nueve años de cárcel por constreñimiento electoral. Le siguió su hermano Pepe que llegó al Congreso pero luego fue procesado por parapolítica presuntamente por haber firmado el pacto de Ralito aunque su caso se archivó. Ahora, Kiko Gómez Cerchar, primo de los anteriores, debe tratar de desmentir las acusaciones de homicidio que se le atribuyen

Mientras su patrón se encargaba de los negocios de ‘alto turmequé’, Marquitos hacia escuela consolidando un poder en el bajo mundo. Conocer al dedillo las rutas de contrabando de gasolina por La Guajira, reunirse con los mandos medios de las Autodefensas, saber cuánto vale producir un kilo de cocaína, cuánto vale transportarlo, quién lo vende, quién lo compra, en qué partes de la Costa se puede acopiar, cómo se pasa al otro lado de la frontera, quién responde y cómo hacer responder, cómo cambalachar droga por armas, quiénes son los mandos medios de la policía que se pueden comprar, cómo comprarlos y hasta cuánto vale desaparecer su prontuario criminal de las bases de datos del Estado como lo hizo en cuanto pudo. Fue en ese agite de vida cuando mataron a su mentor.

‘Jorge 40’ mandó llamar a Jorge Gnecco Cerchar con la excusa de dejar claras algunas cuentas en materia económica y territorial. La cita se dio el 10 de agosto de 2001 en una de las fincas paramilitares ubicadas en Fundación (Magdalena). El empresario confiado de su poder se llevó solo a cinco de sus escoltas, imaginando que iba a ser un largo fin de semana de parranda. Su cadáver fue encontrado dos días después destrozado con tiros de fusil junto a uno de sus escoltas en inmediaciones de la Hacienda El Trébol, ubicada en el municipio de Bosconia (Cesar). En las declaraciones libres que en 2007 realizó Salvatore Mancuso, el paramilitar cuenta que el asesinato fue ordenado por el propio Carlos Castaño, quien estaba molesto porque el sentenciado a muerte no había colaborado en la expansión del Bloque Norte.

Marquitos creció. Tras aquellos años de aprendizaje, el Wayúu montó su propia banda criminal como rueda suelta de sus antecesores. No se quedó quieto y comenzó a crear alianzas con viejos ‘mágicos’ de la punta atlántica de Colombia. Uno de sus primeros socios fue Mario Cotes, un contrabandista de mucho respeto en La Guajira, personaje de quien se dice le abrió las puertas del comercio ilegal a ‘Jorge 40’. Marcos también se asociaría con Salomón Camacho, conocido en toda la Guajira como ‘Papá Grande’, este sí un traficante consagrado que le manejaba todas las exportaciones de cocaína a Wilber Varela.

La estrategia de Marquitos fue insólita; cooperativizó a todos los pequeños y medianos exportadores de droga, ofreciéndoles una solución que les abarataba los costos de transporte y seguridad de sus mercancías para enviarlas hacia Venezuela. Investigadores dan cuenta que Marquitos construyó una central de acopio de cocaína, recibía todo cuanto le enviaban los traquetos de turno, la embarcaba en los carrotanques de gasolina, las dejaba en buen puerto y de vuelta los camiones bajaban plata y por supuesto combustible de contrabando. Un negocio redondo que, según parece, no ha cambiado en todo este tiempo.

Mario Cotes correría la misma suerte de Jorge Gnecco Cerchar. El paramilitar ‘Jorge 40’ lo citó en una de en una de sus fincas. Cotes llenó su camioneta de whisky y llevó un maletín con 100 millones de pesos para pagar el debido impuesto a las Autodefensas. Días después fue hallado con un tiro en la frente, amordazado de pies y manos. Como en la caída de fichas de dominó, ‘40’ mandaría matar a una decena de contrabandistas Wayúu, tras negarse a rendirle cuentas y en algunos casos no entregarle el secreto de sus negocios a las Autodefensas Unidas de Colombia. Las bajas no amedrentarían al temerario Marquitos, quien le hizo saber a ‘Jorge 40’ quién era y con quién se estaba metiendo el día que se atrevió a arrodillar a su mujer para ponérselo al teléfono.

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Durante mucho tiempo Marquitos Figueroa ha controlado el transporte ilegal de gasolina procedente de Venezuela. Así mismo el haber utilizado aquellos caminos para el transporte de droga hacia el vecino país.

Desde aquellos días los políticos notables comenzaron a pedirle citas a Marquitos para buscar su financiación y otros -que no necesitaban ayudas económicas- para que se convirtiera en su protector y en el brazo armado de sus campañas al poder. Denuncias como las de los investigadores Gonzalo Guillén, Claudia López, Ariel Avila y León Valencia revelan que uno de los personajes que nunca se alejó de su sombra fue Juan Francisco Gómez Cerchar. Desde luego ya eran viejos conocidos, pues Jorge Gnecco Cerchar cuando puso en marcha la llegada de su primo a la alcaldía de Barrancas, tenía como escolta a Marquitos a quien le ordenó velar por la seguridad del impulsivo Kiko.

En el transcurso de la carrera política de Kiko Gómez, paramilitares desmovilizados y testigos de la región han denunciado que todos los trabajos sucios le comenzaron a ser encargados a aquel hombre de ojos muertos llamado Marquitos. La primera muerte que se les atribuye es la de Luis López Peralta, un candidato a la alcaldía de Barrancas y opositor de Gómez Cerchar, quien fuera silenciado en febrero de 1997; otros documentos de la Fiscalía Segunda de Riohacha dan cuenta de una masacre realizada por la banda de Marquitos en el municipio de Fonseca (Guajira) y llevada a cabo en abril de 1999; así mismo se cree que en el año 2001, Marquitos planeó la muerte de Wilson Martínez, secretario de Gobierno de Fonseca, tras un encargo de Gómez Cerchar; al parecer lo mismo ocurriría con Wiston Araújo, asesinado en Valledupar en el año 2006.

Una seguidilla de asesinatos pondrían en boca de toda La Guajira y el norte del Cesar, el posible binomio macabro que nacería entre la amistad de Marquitos Figueroa y Kiko Gómez. En su momento la Corporación Nuevo Arco Iris en el libro La frontera caliente entre Colombia y Venezuela reveló que en 2008, Gómez y Figueroa, habrían creado en la vereda El Curiche la banda criminal ‘Los Curicheros’. En abril de 2008 Henry Ustaris, esposo de la exalcaldesa de Barrancas, Yandra Brito, apareció muerto junto a su escolta en una camioneta de alta gama. Es conocido el episodio que narra como el político Kiko Gómez se apareció la noche de aquel funeral, entonces la viuda Yandra Brito tomó de la mano a sus hijos y pronunció esta reveladora frase: “miren bien a ese señor para que no se les olvide que fue él quien mandó matar a su papá”.

En las denuncias que instauró la exalcaldesa, dejaron por sentado que Marquitos Figueroa, tras ordenes de Gómez Cerchar, era quien había conseguido las armas de largo alcance y ejecutado personalmente la operación homicida. Ante las contantes amenazas la madre de Yandra pidió al Estado protección para su hija; pero el martes 28 de agosto de 2012, Yandra fue asesinada con una ráfaga de fusil en el barrio Guatapurí de Valledupar.

Como si la escena se hubiera devuelto de una cinta de El Padrino, el 19 de noviembre del mismo año Martha Dinora Hernández Sierra, mejor conocida en La Guajira como ‘La Chachi’ Hernández, fue acribillada por dos sicarios en un local comercial ubicado en el balneario El Rodadero de Santa Marta. Esta vez no hubo viudo que denunciara a los asesinos. Sin embargo, fue la propia madre de ‘La Chachi’, una octogenaria reconocida en Maicao como ‘Mamá Franca’, quien alzó su voz en el funeral y gritó: “¡EL GOBERNADOR MATÓ A MI HIJA!”.

Según las descripciones de las personas que últimamente han estado cerca de Marquitos Figueroa, su fisonomía contrasta radicalmente de la única foto que se conoce de este oscuro personaje. La piel de su cara ya no marca sus rasgos guajiros, pues ahora de su puntiagudo mentón cae una papada que le ocultó su mediano cuello. Aunque por obvias razones sigue midiendo 1,60 de estatura, se nota más pequeño de lo que es, puesto que una prominente barriga le ha desaparecido lo que en otrora era un pecho hincado por la cobarde gallardía de reírse de sus víctimas. Los brazos le siguen gruesos y quemados por el salitre de su natural Guajira, aunque ahora lo adornan pulseras Wayúu con piedras semipreciosas para que lo defiendan de los justos. Camisa de mangas cortas, abiertas hasta el ombligo, pantalones de tela con arma al cinto y zapatos mocasines son sus vestimentas más comunes.

Su ruina, aunque para él siempre ha sido materia de orgullo, es que en toda La Guajira le hayan otorgado un deplorable título de inquisidor; lo llaman “Marquitos, El Perrero de los Malcriados”. El apelativo se debe a que algunas madres de muchachos inquietos comenzaron a acudir al justiciero para que les acomodara el caminado a como diera lugar. Las mismas peticiones recibía de alcaldes, diputados, comerciantes, potentados empresarios y hasta de gobernadores para que hiciera justicia con los que supuestamente se la merecían. Incluso, en una canción titulada ‘Descarga de besos’ (minuto 1:48), el cantautor vallenato Jorge Oñate, le hace un homenaje al despiadado, mencionándolo con ahínco como si se tratara de un prócer de la Costa. Tal vez por ello es que en las denuncias que le han hecho al artista respecto del asesinato de Efraín Ovalle, se aseguré que el mandado se lo hizo “El Perrero de los Malcriados”. Oñate ha negado haber participado en dicho homicidio.

Hasta hace poco, antes que la Fiscalía General de la Nación emitiera una orden de captura en su contra y radicara en la Interpol una circular roja, Marquitos se movilizaba por las calles de Riohacha, Santa Marta, Cartagena, Valledupar y hasta Maracaibo con un séquito de 10 escoltas en tres camionetas blindadas. Pero además con sus dos esposas, una a cada lado. De hecho se conoce que las dos mujeres, una de ellas bastante joven pues no supera los 25 años de edad, controlan y administran las playas de Mayapo (Guajira), un destino turístico bastante frecuentado por extranjeros y estudiantes universitarios.

Por su parte las autoridades americanas también investigan si Marquitos tiene que ver con la muerte de dos agentes encubiertos de la DEA asesinados en la frontera. En suma se le atribuyen más de 250 homicidios en todo este historial de bandidaje y muerte. Inteligencia policial cree que Marquitos Figueroa salió corriendo a esconderse en Maracaibo después de la captura de su amigo Kiko Gómez, pero aunque esté lejos para hacer “justicia” con sus propias manos y su mítico perrero, le ha dado instrucciones a sus perros de caza para matar a los valientes profesionales que hicieron lo que en tantos años se le pasó por delante a las autoridades de La Guajira: ponerlo en evidencia.

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