Petro puede cantar victoria al derribar la barrera con los extremistas norteamericanos y reencausar el frente contra narcotráfico. Falta la respuesta del electorado

 - Washington trazó un nuevo rumbo electoral

Con un mes de diferencia dos eventos marcaron la relación que Estados Unidos impondrá en la región mientras gobierne Trump. Uno, la captura, extradición y encarcelamiento de Maduro. Otro, la reunión Petro-Trump en Washington. Con las dos acciones, una militar y otra diplomática, Trump llevó a los dos países a tomar las medidas que considera pertinentes para sus intereses. Ahora viene la extorsión para asfixiar a Cuba y ver como estos eventos alteran el comportamiento de los electores nacionales.

En Venezuela, el interés trumpiano era apropiarse del recurso petrolero. En Colombia, activar el aparato de seguridad para frenar la producción de cocaína que nutre bandas criminales con potencial de hacer daño en el Norte. A Cuba, ya sin valor geopolítico, le cobran las expropiaciones de hace setenta años, es la venganza de los millones de expatriados, el precio que debe pagar por salirse del rebaño, por aliarse con los enemigos de Estados Unidos, por sostenerse aislada, bloqueada y pobre, pero independiente aunue sea un valor que ya no importa.

Por supuesto la crueldad que exhibe Rubio frente a Cuba -que América Latina observa de manera pasiva- es diferente al asalto del águila imperial para remover a un gobernante ilegítimo, y muy diferente a invitar a discutir soluciones a un gobernante elegido democráticamente, así su ideología y su estilo incomoden. Colombia es importante como aliado, pero no lo es por recursos ni para negocios.

En Venezuela Trump estrenó el corolario de la Doctrina Monroe, que consiste en expropiar los recursos estratégicos que Estados Unidos requiere o quiere impedir que otras potencias los obtengan. Todas las decisiones de explotación, infraestructura, logística, inversión, ventas y destino del crudo son del gobierno de Estados Unidos. Hasta los dineros y la ejecución presupuestal requieren la aprobación del Tío Trump.

El humillado gobierno chavista recibe una compensación económica, según los resultados del negocio, como en las viejas épocas coloniales. El petróleo que venía de capa caída como combustible dominante, recupera su ímpetu. Estados Unidos al controlar las reservas venezolanas de petróleo y garantizar su explotación, controlará el precio mundial y garantizará su independencia de los vaivenes del Medio Oriente.

Con Colombia Trump tuvo la paciencia de escuchar sus argumentos. El gobierno logró un entendimiento sobre las acciones a tomar cada una de las dos naciones para enfrentar el problema narco entre la dos. En el diálogo descubrieron opciones que el radicalismo de Rubio no había contemplado, pero que Trump agarró en el aire. Al explicar Petro por qué la erradicación fracasó y justificar la interceptación de los cargamentos para golpear a los capos, el dealmaker entendió que era interesante el camino que planteaba “el simpático” gobernante que lo careaba por las redes sociales como tanto le gusta hacer a él.

Trump usualmente no le dedica tiempo a estudiar ningún problema, ni a escuchar a sus asesores, ordenó activar los servicios de inteligencia para capturar a los grandes capos, y reactivar la colaboración militar en las fronteras de Ecuador y Venezuela. Además, agradeció la oferta de energía eléctrica necesaria para recuperar más rápido la producción de petróleo y la posibilidad de reactivar el gasoducto oxidado por razones ideológicas. Mientras tanto Rubio se mordía los labios desconcertado, sin atreverse a contrariar al Jefe.

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La derecha ideológica -la colombiana y la republicana- quedó en el lugar equivocado. A Trump le da lo mismo hacer acuerdos con Maduro, Delcey, Petro o Díaz-Canel mientras considere que gana en la negociación. La ideología queda en el baúl de las nostalgias. La derecha local que se creía la única capaz de negociar (entregándose) a los gringos perdió ese privilegio. El universo Trump funciona con otra lógica.  Si el progresismo respeta los intereses de seguridad de Estados Unidos, puede gobernar sin la amenaza del sofisticado mazo militar.

Petro se ajustó al modelo de México-Brasil, negociar sin vociferar, desde una posición digna, clara, resistiendo y respondiendo como estadistas

Petro se ajustó para llegar al modelo de México-Brasil, negociar sin vociferar, desde una posición digna, clara, resistiendo y respondiendo como estadistas. Las dos subpotencias buscaron su acomodo pragmático para proteger la estabilidad interna y sus negocios externos, sin intentar siquiera la clásica unidad y solidaridad. Ni siquiera lo hacen para Cuba que tanto significó en la historia de la región. Protestan fuerte ante otros conflictos donde poca relevancia tiene su rol, pero callan o son tímidos ante la manera como Estados Unidos aniquila la rebeldía cubana.

Maduro se estancó en el esquema de los cubanos, un modelo basado en la represión para sostener una economía empobrecedora salvo para la burocracia inepta y corrupta que dominaba. Díaz-Canel tiene la responsabilidad enorme de actuar al estilo Gorbachov para inaugurar otra época, o morir en la hoguera como Juana de Arco, dejando la via libre para que otros reconstruyan Cuba a su manera.  

El equipo Petro logró un acuerdo en Washington que debe mostrar resultados para que se sostenga en el tiempo. Petro puede reclamar una gran victoria, al haber derribado la barrera que existía con los extremistas norteamericanos. Reencausar la forma de enfrentar el narcotráfico -que cambió el destino de los colombianos desde los años ochenta- tiene un gran significado. Falta ver cómo los electores interpreten este cambio.

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