UNGRD: corrupción y obediencia debida
Opinión

UNGRD: corrupción y obediencia debida

Se espera que el director Olmedo cuente a quién le cumplió órdenes y confirmar lo que dice el subdirector Pinilla: pagos en efectivo a congresistas

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mayo 06, 2024
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La corrupción y la violencia suelen ir de la mano de ejecutores dóciles, cumplidores del deber, obedientes ciegos de sus superiores. Antes de estallar los escándalos, los obedientes incondicionales suelen ser personas que irradian gran seguridad en sí mismos, dueños de sus destinos. Atrapados, son generosos y también selectivos, en sus señalamientos.

El destituído director de la UNGRD, Olmedo López, decidió hablar. Conmovedor. “He tenido que enfrentar duras batallas. Quienes han luchado como yo desde distintas orillas sabrán bien lo difícil que es seguir órdenes aún cuando no se está de acuerdo… Se aprovechan de mi silencio. No ses los voy a permitir… Solicité medidas de protección a la comunidad internacional en busca de las garantías para poder contar lo que realmente pasó, toda la verdad. Por eso es mi deber pedirle a la Dra. Luz Adriana Ramírez, Fiscal General de la Nación, que me conceda un principio de oportunidad con inmunidad total y le dé garantías de mi familia, para poder enterarla de los hechos frente al proceso que enfrentaré…” (05.05.24)

Carlos Olmedo, que dirigió una entidad de alto presupuesto a cargo de la gestión de riesgos y desastres, cuyo objeto radica en la atención a poblaciones vulnerables; cuya campaña al Senado, en el 2018, avalada por el entonces candidato Petro, se enmarcaba en el movimiento “Decentes” y en la lucha contra la corrupción; que fue también la persona que más dinero aportó a la campaña presidencial del Pacto Histórico en el 2022 ($ 300 millones), será el epicentro de un tsunami que se llevará no solo unas cuantas cabezas de primer nivel sino también un trozo grande de gobernabilidad y de promesas de cambio.


Olmedo , quien  más dinero aportó a la campaña presidencial del Pacto Histórico en el 2022 ($ 300 millones), será el epicentro de un tsunami que se llevará unas cuantas cabezas de primer nivel


“La corrupción en Colombia”, como decia un connotado filósofo criollo, gran practicante de la misma, Miguel Nule, “como en cualquier país del mundo, es inherente a la naturaleza humana…” (2011). Es, además de global, acogida por la derecha y también por la izquierda (Olmedo, reconoce el presidente Petro, es un dirigente de izquierda antioqueño).

Ya conocemos de la burda sobrefacturación de los carrotanques destinados a la Guajira y lo que se espera es que Olmedo, juiciosamente, cuente a quién le cumplió ordenes si lo que su subdirector, Pinilla, es confirmado: pagos en efectivo a congresistas a cambio de apoyos legislativos.

Sneyder (que debe ser la versión local de “Schneider”, un sustantivo alemán que significa sastre, cortador) Pinilla, también ha dicho que ha cumplido órdenes y ha procurado, antes que Olmedo, delatar a granel, ad-portas de que lo que tiene que aportar se desvalorice y, con razón, esperando que la Fiscalía, a tiempo, lo proteja y le conceda principio de oprtunidad. Como buen sastre, hizo las entregas a la medida, cumplidor del deber, 3 mil acá, mil en Montería, satisfaciendo las condiciones exigidas por los clientes. Bien acompañado en Bogotá por la consejera para las regiones, ya destituída.

La obediencia debida está presente en los actos de corrupción y en las jornadas más atroces de la violencia. Los falsos positivos fueron ejecutados por miembros de la fuerza pública que, durante años, han venido declarando que cumplían órdenes. Las barbaridades cometidas por grupos armados, paramilitares y guerrillas, por los distintos clanes amarrados al narco, son ejecutadas por legiones de obedientes. Gente joven obediente dispuesta a ejecutar a líderes jóvenes en todo el país.

Olmedo y Pinilla, como tantos antecesores durante décadas, también han seguido órdenes.  El deseo de enriquecimiento propio y la expectativa de fulgurantes carreras públicas deben explicar, en parte, la ciega obediencia.

El experimento Milgram, consistente en que una persona suministra descargas eléctricas a otra (que es un actor que simula sufrir con los corrientazos cada vez mayores) demuestra que la gran mayoría de las personas está dispuesta a seguir órdenes que pueden causar daño a otras siempre y cuando ellas provengan de una autoridad percibida como legítima.

De ahí que, más siniestra, resulta la obediencia por fanatismo. La de concederle al líder la potestad de decidir acerca de quiénes son los enemigos, de cuáles son las normas que hay que seguir. Así lo han hecho dictadores de derecha e izquierda y sus séquitos, que, a través del lenguaje, dan las pautas y las normas a los obedientes ciegos.

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