Opinión

Una idea no es arte

La pretensión moderna de reducir el arte solo a lo conceptual, es una trampa peligrosa de la razón

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marzo 12, 2019
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Una idea no es arte
Christo y Jeanne-Claude, el matrimonio conceptual más famoso del mundo forraron con tela el edificio del Reichstag

De todas las modalidades del arte moderno, en el cual hay cosas tan sorprendentes y hermosas, logradas con la tecnología, las ideas y las realidades de nuestro tiempo, que es inevitablemente el material del artista en cada época, la que se denomina arte conceptual es la más difícil de querer y de entender. De alguna manera es un arte político, para definirlo con una frase desagradable. Y de alguna manera pertenece más al terreno de la sociología que al del arte. Podría ser una expresión sociológica, que es una definición más cómoda pero que no tiene necesariamente  que ver con el arte.

Para decirlo de otra manera: todo arte es una expresión sociológica, pero no toda expresión sociológica es arte. Aunque Marcel Duchamp se revuelque en su tumba.

 

Doris Salcedo, edificio construido con las armas de las Farc

 

La artista conceptual colombiana más importante internacionalmente es Doris Salcedo. Tiene un trabajo coherente de denuncia política reconocido por la crítica más exigente en los escenarios más sofisticados, pero es una obra que elude la comprensión del gran público. Su última creación, el bloque de hierro que sirve de piso a un edificio en ruinas en el centro de Bogotá, hecho con las armas entregadas por las Farc, financiado con los fondos del proceso de paz y en el cual trabajaron mujeres víctimas del conflicto armado, tiene un poderoso valor simbólico, cuando se explica su origen. Pero tiene un valor artístico difícil de comprender, puesto que como sucede con otras obras conceptuales de esa artista, aparte de la idea, que puede ser muy buena y en este caso particular lo es, el resultado final, nada menos que la obra de arte, disociado de ese valor simbólico, es muy plano, para usar un adjetivo que cae como anillo al dedo.

Sucede lo mismo con la mayoría de las obras conceptuales que en el mundo han sido. Su valor pertenece más al mundo de la literatura, puesto que se pueden hacer grandes textos literarios para elogiar el concepto original del artista (y ha habido muchos sobre el piso de hierro) y por supuesto, al de la sociología, porque es la expresión de un fenómeno social con una imagen de impacto. Pero es inevitable pensar que allí falta algo. Que se ha recorrido solo la mitad del camino difícil de la creación artística. Como cuando Christo y Jeanne-Claude, el matrimonio conceptual más famoso del mundo forraron con tela el edificio del Reichstag o instalaron 7.503 marcos metálicos en el Central Park de New York. Una obra de romanos, producto de un equipo enorme de personas, forzosamente transitoria, cuyo principal mérito puede ser que haya desparecido, dicho sin ofender.

 

La obra de arte tiene un valor intrínseco y debe explicarse por sí misma,
no por la idea, o la época, o la tragedia que la inspiró

 

Para decirlo de otra manera: la obra de arte tiene un valor intrínseco y debe explicarse por sí misma, no por la idea, o la época, o la tragedia que la inspiró. Debe tener un alma, que es la esencia de toda creación.

Todo arte es conceptual. Detrás de cada obra de arte hay una concepción intelectual que se expresa a través de los medios disponibles en cada época. El Renacimiento, por ejemplo, buscaba revivir los principios que habían inspirado la cultura griega: el hombre como medida de todas las cosas, la importancia de la razón, de la geometría. Una cierta perfección que nacía de las proporciones y creaba una armonía en los astros, en los hombres, en las ideas: la música de las esferas. Cuando los grandes artistas del Renacimiento hicieron con la perspectiva y el óleo obras maravillosas, estaban aplicando ese concepto intelectual al arte. Quienes las hicieron tenían la comprensión de su época y el manejo extraordinario, genial, de su oficio.

La pretensión moderna de reducir el arte sólo a lo conceptual, es una trampa peligrosa de la razón. Las ideas que no se pueden materializar en obras de valor estético, con la total maestría de un oficio, son sólo ideas, no arte. La obra de arte no es sólo lo que se le ocurre al artista sino la manera como esa idea se materializa y adquiere vida propia. Y una permanencia en el mundo tan profanado de la belleza. Es la diferencia entre sociología y arte, entre la manera como se entienden los fenómenos sociales y cómo se expresan éstos con valores estéticos. La distinción está vigente y olvidarla ha llevado a la confusión total sobre lo que se considera arte, a crear un abismo dañino e infranqueable entre el público y el arte moderno, donde hay tantas cosas maravillosas, y a hacer del arte, que es un patrimonio común, un oficio secreto para una minoría de conocedores.

 

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