Opinión

Una cosa es ser maestro y otra ser un mecenas

En pleno paro, la ministra decidió realizar una descabellada y provocadora ceremonia para declarar al empresario Luis Carlos Sarmiento como Gran Maestro y condecorarlo con la Cruz Simón Bolívar

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enero 03, 2018
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Una cosa es ser maestro y otra ser un mecenas
Luis Carlos Sarmiento, empresario - Yaneth Giha, ministra de Educación- Estanislao Zuleta, el gran maestro

Una vez más se constata el profundo desdén y menosprecio que los ministros de Educación tienen por los educadores. Desde siempre los han tratado como simples huelguistas, sindicaleros, haraganes, egoístas luchadores solo por su salario, irresponsables sociales. Una historia de casi 200 años de maltrato y desconocimiento.

Contrasta el trato que se da a los maestros colombianos con la altísima valoración y respeto que reciben en otros países. En Finlandia ser profesor de escuela es una de las profesiones de mayor prestigio. Una profesión muy deseada y respetada por la sociedad. Los futuros profesores, y también los que están en ejercicio, están constantemente formándose y cuentan con el reconocimiento de la sociedad, ya que son considerados pilares del país. En Corea los profesores son muy respetados. Al igual que en Finlandia, los docentes se cuentan entre los profesionales mejor pagados y más venerados del país. Los salarios de los docentes coreanos son los más altos del mundo, comparables con los de abogados, ingenieros y médicos. La experiencia es el criterio de mayor importancia en el ascenso, seguido por el desempeño y las actividades de actualización. “No debes pisar ni siquiera la sombra del maestro”, reza un proverbio coreano. El recién culminado paro evidenció el maltrato y desconocimiento  que siempre han recibido, pero la ministra Yaneth Giha se pasó de la raya.

En pleno paro y en medio de las arduas negociaciones, la ministra decidió realizar una descabellada y provocadora ceremonia para declarar al empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo como Gran Maestro y condecorarlo con la Cruz Simón Bolívar “por su trabajo durante muchos años al frente de Colfuturo”.

Su confusión no tiene límites: confunde un mecenas con un educador. Dos cosas bastante bien distintas: Una cosa es un señor muy rico que dedica parte de sus utilidades a obras sociales educativas (Colfuturo, la donación de un moderno edificio en la Universidad Nacional), y otra muy diferente es un educador que dedica su vida y su inteligencia a la irremplazable labor de enseñar y formar a niños y jóvenes La diferencia es palmaria desde donde se le mire.

En otras latitudes también hay mecenas de la educación. Algunos han donado su fortuna completa o la mitad de la misma para la educación, pero esa generosidad no los ha convertido en el “gran maestro” de su país.

Nada en esta vida es gratis. El mecenazgo de los empresarios colombianos es compensado con importantes reducciones de impuestos. En Colombia el empresariado no cumple con el mandato constitucional según el cual “la propiedad es una función social que implica obligaciones”, función social de la propiedad se decía en otras épocas, prefieren hacerlo a raticos, puntualmente, para eso inventaron la llamada “responsabilidad social empresarial”. Del ahogado el sombrero.

La historia de las condecoraciones es sabida, no se salvan ni las regionales. Ayer no más el gobernador de Antioquia condecoraba a Maluma, hoy la ministra lo hace con Luis Carlos Sarmiento.

Claro que también los maestros reciben menciones honoríficas, no tan pomposas ni publicitadas como la entregada a Sarmiento Angulo, ni los medios hacen el mismo despliegue cuando el Día del Maestro entregan la consabida medallita Camilo Torres en grupo. Los educadores no son dueños ni de periódicos  ni de canales de televisión, a duras penas compran el periódico los domingos y tienen un buen televisor donde distraerse.

 

Un verdadero “gran maestro”,
para solo citar un ejemplo, lo fue Estanislao Zuleta
y nunca lo condecoraron

 

Un verdadero “gran maestro”, para solo citar un ejemplo, lo fue Estanislao Zuleta y nunca lo condecoraron.

Zuleta fue un maestro, un educador de toda la vida. Como todo maestro vivió y murió pobre. Un hombre que pensó la educación y el país desde temprana edad, desde que se dedicó a alfabetizar campesinos en las frías tierras del Páramo de Sumpaz en sus épocas de juventud y militancia comunista, hasta su labor como profesor emérito de las universidades de Antioquia y del Valle.

Sus clases tenían un atractivo especial para sus alumnos. A ellas no asistían los 25 o 35 que por regla general se asignan a cada profesor universitario. Sus clases eran esperadas con avidez y entusiasmo por centenares de estudiantes. Ningún estudiante perdía la materia con Estanislao pero aprendía. Era consecuente con lo que pensaba: “Desde la primaria al estudiante se le educa en función de un examen, sin que la enseñanza y el saber le interesen o se relacionen con sus expectativas personales. Esta situación se repite una vez terminados los estudios ya que es lo que la persona encuentra en la vida. Cuando termina los estudios, el individuo no sale a expresar sus inquietudes, sus tendencias o sus aspiraciones, sino a engancharse en un aparato o sistema burocrático que ya tiene su propio movimiento, y que le exige la realización de determinadas tareas o actividades sin preguntarle si está de acuerdo o no con los fines que se persiguen. En nuestro sistema educativo la gente adquiere la disciplina desgraciada de hacer lo que no le interesa; de competir por una nota, de estudiar por miedo a perder el año. Más adelante trabaja por miedo a perder el puesto. Desde la niñez el individuo aprende a estudiar por miedo, a resolver problemas que a él no le interesan. Puede que el tipo de educación actual sea muy mala desde el punto de vista del conocimiento, pero es ideal para producir un “buen estudiante”, al que no le interesa aprender pero sí sacar cinco, y que solo estudia por el miedo a perder el año. Una educación así es ideal para el sistema y sus intereses”.

Sus clases no se desarrollaban en un salón de clases común y corriente, era necesario habilitar grande salones o auditorios para dar cabida  a los jóvenes ávidos de escuchar las sabias clases de Estanislao. Todos cargaban su grabadora, gracias a las cuales gran parte de su pensamiento y su obra educativa hoy pueden ser leídas. Escribía poco, pero cuando lo hacía, lo hacía de manera profunda. El elogio de la dificultad, Escritos sobre la guerra y la paz, Sobre la democracia, son testimonios de su monumental y humana obra.

A pesar de toda una vida dedicada a la educación, de ser un gran maestro admirado y respetado por todos sus alumnos, inolvidable para muchos de los profesionales que tuvieron la fortuna de recibir sus clases, Estanislao Zuleta nunca fue condecorado con medalla alguna. Algo elemental que la actual ministra de Educación no logra comprender al condecorar a Luis Carlos Sarmiento Angulo como un Gran Maestro. La más educada está embolatada.

Publicada originalmente el 21 de junio de 2017

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