Opinión

Un nuevo lamento por Palestina

Con un débil cese al fuego, los que apoyan la existencia de dos estados no tienen tanta influencia para paralizar la acción desestabilizadora de EE. UU. e Israel

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mayo 24, 2021
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Un nuevo lamento por Palestina
El anuncio de que EE. UU. intervendrá en la reconstrucción de Gaza sin participación de Hamás, presagia una nueva oleada de intervención

Es difícil entender la breve guerra entre Israel y Hamás si la mirada se limita a observar los misiles enviados por Hamás y la violenta reacción de Israel, bombardeando y destruyendo la infraestructura de la Franja de Gaza. En esta oportunidad como en las anteriores las bajas palestinas son 10 veces mayores que las israelíes y la reconstrucción de Gaza durará varios años y costará millones de dólares.

En los días anteriores a estos enfrentamientos, una corte israelí autorizó el desalojo de palestinos en el barrio Sheij Jarrah en Jerusalén oriental, el cual aun cuando está controlado de facto por Israel, es reclamado por los palestinos como capital de su futuro Estado y, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en su resolución 2334 del 23 de diciembre de 2016 considera esta parte de la ciudad como territorio ocupado. La mayoría de la comunidad internacional no reconoce a Jerusalén como parte del territorio de Israel, sino como una especie de zona de nadie con una administración internacional.

Estos desalojos forman parte de la estrategia general de Israel de colonizar territorios palestinos, dificultar el acceso de la población palestina a sus antiguas propiedades y  arrinconar, aislar y empobrecer a los palestinos en un sistema de apartheid que en un territorio pequeño, lleno de asentamientos israelíes, sin aeropuertos, militarizado y fragmentado busca la inviabilidad económica de las tierras palestinas y después culpar a los mismos palestinos de la incapacidad de estructurar un Estado.

Una semana antes de estallar las hostilidades, circularon profusamente imágenes de soldados israelíes deteniendo civiles en la explanada de las mezquitas en la cual se encuentra la de Al Aqsa que es una especie de capilla Sixtina del islamismo, construida hace más de 1.300 años y es administrada por una autoridad islámica independiente del gobierno israelí. La represión israelí en las inmediaciones de la mezquita, indignó a la población árabe de Israel y provocó enfrentamientos en todo el país en apoyo a los cuales Hamas desato una lluvia de cerca de 4.000 misiles. La respuesta Israelí fue descomunal y provocó más de 232 muertes.

Evidentemente hubo una provocación y una ofensa del gobierno de Israel, un maltrato de la población palestina que se suma a las décadas de segregación y represión,  Hamás con su respuesta iracunda atizó el conflicto. Su negación del derecho a existir del Estado de Israel y su propuesta y métodos, más parecidos a los del Estados Islámico y Al Qaeda que a los de los otros sectores políticos palestinos que también luchan por la construcción de un Estado, pueden distanciar más que acercar el logro de ese objetivo y quedarse con el triste triunfo de haber dado muerte a una decena de israelíes.

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Estados Unidos es la potencia que más influye en la región y cuenta con ascendencia innegable sobre el gobierno israelí

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Estados Unidos es la potencia que más influye en la región y cuenta con ascendencia innegable sobre el gobierno israelí. Días antes del estallido del conflicto, Biden aprobó la venta de USD 735 millones de armas y justificó las acciones de Israel, señalando el derecho de Israel a defenderse y bloqueando una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que llamaba al cese al fuego. Un mes antes Kamala Harris en una reunión con Netanyahu había reafirmado la alianza estratégica entre los dos países. El anuncio de que participará en la reconstrucción de Gaza sin participación de Hamás, presagia una nueva oleada de intervención pues Hamás es el partido de gobierno en esa zona. Mientras que la Unión Europea y EE. UU. atacan los bombardeos de Hamás no se refieren a los de Israel ni a los muertos palestinos. Desde hace décadas las Naciones Unidas han emitido decenas de resoluciones condenando la política israelí y sin ninguna excepción EE. UU. las ha vetado. Ya Biden en su época de senador había planteado que si no existiera Israel, habría que inventarlo para asegurar la protección de los intereses estadounidenses en la zona.

Lamentable la breve guerra, los esfuerzos de la comunidad internacional apenas han logrado un precario cese de fuegos y los países que proponen soluciones más de fondo, como muchos de la región, más Turquía, Rusia y China y que apoyan a la existencia de dos estados dentro de fronteras aceptables para los palestinos y el cese del expansionismo de Israel, no tienen suficiente influencia para paralizar la acción conjunta de EE. UU. e Israel para desestabilizar la geopolítica de la región.

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