Un actor con pinta de montañero

Un actor con pinta de montañero

Uno lo puede ver caminando por Trujillo, Valle del Cauca, su pueblo, como un paisano más, sin ínfulas de actor. Es Héctor Fabio Paredes. Entrevista

Por: Manuel Tiberio Bermúdez Vasquez
abril 30, 2024
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Un actor con pinta de montañero

Uno lo puede ver caminando las calles de Trujillo, Valle del Cauca, su pueblo, como un paisano más, sin ínfulas de actor, sin petulancia, aunque podría tenerla pues ha participado en varias series de televisión y en unas cuantas películas. Es decir, es actor y de los buenos, sí señor.

Se llama Héctor Fabio Paredes González. Su infancia y juventud transcurrieron en Trujillo,  y aunque fue feliz, recuerda que tuvo algunas privaciones.

Sus padres se separaron, su madre volvió a conseguir compañero «un hombre bueno que me crió, me educó y me enseñó a trabajar, a respetar a los demás, a ser la persona que hoy soy».

Nos fuimos a vivir a una finca —rememora— y para estudiar en el pueblo  me tocaba caminar dos horas. Estudie con mucho esfuerzo pero logré terminar. No soy profesional pero adquirí la formación necesaria para caminar la vida.

Sobre lo que llaman vena artística señala: «Creo que nací con ella incorporada pues ninguna de las personas de la familia tenían dotes artísticas. En la casa me llaman “el loco” ya que por mi quehacer como artista dicen “Y ese loco de dónde salió con eso”.

Cuando estudiaba en Trujillo empecé a hacer Teatro. Había una profesora que llamaba Gloria Colonia, a quien llevo en el corazón y siempre la recuerdo pues ella fue quien alentó mi vocación por las artes. Yo le indicaba: “profesora voy a hacer una obra de Teatro” y me decía: ¿qué necesita?,  y conseguía lo necesario para la puesta en escena.

Desde esa época hasta hoy he sentido que la actuación es lo mío. No he sido protagonista,  pero he participado en varias series.

Sobre su formación teatral dice: «No tengo formación académica. Soy empírico. Más joven, con algunos amigos que también les gustaba la actuación, decidimos hacer algunos seminarios que nos permitieran ir mejorando en el oficio. También entre nosotros nos corregíamos. Éramos diez amigos que empezamos solos y creo que hoy, todos trabajan en televisión.

Y a propósito; ¿Cómo llegó a la televisión?

Cuando me fui de Trujillo a prestar el servicio militar allá había un muchacho que manejaba una cámara y era el encargado de hacer el registro de las actividades en el Batallón.

Coincidió mi llegada con la salida de aquel muchacho y entonces nos preguntaron que quien sabía el manejo de aquella cámara. Yo levanté la mano; dije que yo podía hacerlo. La verdad era que yo no sabía nada de eso. No me había dado cuenta que atrás de mi otro soldado había levantado la mano. Nos llamaron al frente y pensé entre mí: —este me enseña—. Resulta que ese hombre tampoco sabía nada de cámaras y estaba pensado que yo le podría enseñar.

Nos tocó pagarle al que ya iba a salir para que nos enseñara a manejar la cámara y fue así como nos quedamos con el puesto. Al compañero, que llama Harold, le gustaba la producción y a mí me gustaba estar frente a la cámara.

Nos asignaron la tarea de filmar todas las actividades del Batallón el grabando y yo presentando. Cuando pasamos el primer trabajo un Mayor lo revisó y no se ahorró, en diatribas contra nuestro trabajo.

—Esto no es un circo —gritaba. Payaso decía refiriéndose a la presentación que yo había hecho.

Para fortuna mía pasó el comandante del Batallón y preguntó por el motivo del enojo del Mayor.

—Si usted viera lo que hicieron este par de sinvergüenzas —respondió el Mayor— muy seguramente con el ánimo de conseguir la aprobación de su jefe.

—Que fue lo que hicieron, permítame yo veo  —dijo el comandante.

El mayor puso el casete de la grabación,  y claro; salí yo haciendo la presentación del evento que habíamos cubierto.

¡Qué verraquera muchachos, los felicito! —fue la respuesta del oficial. Gente creativa como ustedes es que necesitamos. El mayor guardó prudente silencio.

En este momento el muchacho que hacía cámara en aquella época es hoy el director, actor de cine y guionista de cine colombiano Harold De Vasten cuyo nombre real es Harold Castaño.

¿Qué fue lo primero que usted hizo en el mundo de la televisión?

Lo primero que hice fue un cortometraje estando en el ejército. El guion fue de Harold De Vasten y llamaba La pasión de un combatiente. Yo era el protagonista. Creo que circuló por varios batallones de Colombia.

Cuando terminé el  servicio militar yo no me retiré, continué y fui suboficial del ejército.

Con el tiempo Harold y yo nos volvimos a encontrar y hablamos de que lo nuestro era la actuación. Hicimos algunos talleres con actores reconocidos. Conseguimos otro amigo que era cómplice de nuestros sueños  y empezamos con él a regar hojas de vida en las productoras en Bogotá. Nunca nos llamaron para nada.

Como a Harold le sobraba creatividad escribió un guion que se llamó Instrucciones para quebrar a un faltón. Hicimos el cortometraje y se nos abrieron algunas puertas.  

En lo primero que participe fue en una película que se hizo en Cali y que se llama Perro come perro. Luego estuve en la novela Amor en custodia me dieron dos capítulos y me pagaban 150 mil pesos por capítulo. Yo tenía que viajar desde Trujillo hasta Bogotá. Debía pagar seguridad social, es decir, la seguridad me valía unos 92 mil pesos y el pasaje de Trujillo a Bogotá, ni  hablar. Perdí plata. Pero como era lo primero a lo que me llamaban yo tenía que  hacer sacrificios.

Haciendo ese trabajo me vio un productor de una novela que llamaba El fantasma del gran hotel y me contrataron para 6 capítulos. Subió la tarifa de mi paga. Ya no eran los 150 mil ahora me daban por capitulo 400 mil.

— ¡Pucha, me sentía rico!

Después me fueron llamando para hacer castings pues me iban referenciando.

Como campesino que soy me siento realizado porque logre llegar a la televisión y al cine.

Héctor Fabio  dice haber participado en más de 30 producciones como Comando élite; Bloque de búsqueda; Los caines; Helenita Vargas; Pandillas guerra y paz; Tu voz estéreo; El cartel de los sapos.  En cine Héctor Fabio ha participado en Gallo de pelea una película que se hizo en Trujillo en donde según la crítica «destacó mi actuación».

Lo más reciente hecho fue una producción que se llama Palma negra, que aun no ha salido.

¿Cómo concilia vivir como un hombre de pueblo sabiendo que es un actor que podría estar viviendo en la capital, por ejemplo?

Amo mi pueblo, soy muy territorial, me siento campesino. Debería estar en otra parte, como usted señala, por las posibilidades de  trabajo como actor. Pero quiero a mi pueblo, me siento bien y tengo un manager que es quien se ocupa de esos aspectos de trabajo.

Hoy, los actores que vivimos lejos de la capital tenemos la ventaja del video casting que nos permite presentar un casting a distancia.

Mientras llega otra oportunidad de cine o televisión: ¿Qué hace usted en Trujillo?; mejor, ¿qué hace un actor en Trujillo?

Aquí trato de sobrevivir. Me llama mucho la atención la labor social y eso hago, tratar de ayudar a quienes lo necesitan. Consigo remesas, ropas que me obsequian o me envían a veces los amigos del exterior. Me voy para el campo y les comparto mercados y ropas a personas necesitadas. Me gusta hacer ese trabajo para que otros sean felices y tengan los básicos para vivir lo más dignamente que sea posible. No tengo dinero. Pago arriendo y vivo como cualquier persona de este Municipio. Alguna vez pedimos para hacerle una casa a una persona que lo necesitaba,  y la hicimos.

¿Qué espera el actor que es Héctor Fabio Paredes?

Yo me siento bien con haber llegado a la televisión. Un hombre de campo. Espero que muchos chicos y chicas de aquí sigan mi ejemplo en lo que tiene que ver con la actuación. Quiero que muchos de ellos se formen como actores. De hecho la película que se filmó aquí fue mucho lo que luche para que la hicieran aquí en Trujillo. Lo logré y además 80 personas de mi pueblo participaron en ella.

¿Cómo lo miran las gentes de Trujillo como actor?

Lastimosamente no hay un reconocimiento. A uno lo ven como un loquito. La gente sabe de mi oficio y se siente orgullosa de que un hijo del pueblo participe en cine y en televisión y me dicen:

—Lo vi en televisión o —Que chévere su papel pero de ahí no pasa. No hay un reconocimiento como actor.

En mi pueblo yo soy quien trata de hacerle homenajes a muchos paisanos por medio de Teletrujillo pero yo, soy una persona más que camina por las calles de mi pueblo.

Tengo un canal de televisión local en donde registro los sucesos más importantes de la ciudad. A la gente le gusta el canal y ver lo que sucede en su pueblo. Me siento muy orgulloso porque en mi canal algunos de los jóvenes que han trabajado conmigo hoy son comunicadores sociales de profesión.

Quiero realizar algunos talleres para quienes les guste la actuación y en eso estoy, buscando los apoyos necesarios para poder invitar amigos actores para que vengan también a dictar algunos talleres.

¿Qué decirle a los jóvenes que se ilusionan con esto de la actuación?

Que perseveren, que trabajen duro pues muchos creen que ser actor es cuestión de físico solamente y creen que la figura les va a llevar a la televisión ya

¿Qué es para usted ser actor?.

Un sueño cumplido. Pues desde la escuela donde realice mis primeras obras de teatro a hoy soñaba con la televisión pero luego que decía

—Que va, un montañero que va poder estar por allá  y se me apagaban los sueños. Pero mire usted he estado y estoy en la televisión gracias a mi pasión por la actuación. La gente cree que los papeles llegan sin ningún esfuerzo. No, hay que hacer casting, y no con uno sino con muchos otros que aspiran al papel.

Esto de ser actor no deja de tener momentos simpáticos. Alguna vez  Darío Ríos, otro trujillense que tiene la chispa acelerada, regó una noticia que corrió en un santiamén  por el pueblo.

Darío debía de asistir a una reunión y nada que llegaba al lugar convenido.  Estaba entretenido viendo unos capítulos de una novela en la que Héctor Fabio  participaba. Era un capitulo en la que lo mataban.

Alguien llamó a Darío requiriendo su presencia para empezar la reunión. A lo que Darío respondió:

—No he podido llegar a la reunión porque mataron a Héctor Fabio Paredes.

El caos se hizo entre los compañeros que le esperaban

— ¿Cómo que mataron a Paredes…no puede ser…  —decían angustiados.

—Sí, lo mataron —repetía Darío.  —Yo vi cuando lo mataron —confirmó

Le acaban de dar de baja en la novela que estoy viendo y por eso no he llegado.

La carcajada fue general.

Seguiremos viendo a Héctor Fabio Paredes, caminando las calles de Trujillo. La ciudad se gana un buen samaritano, un hombre que sabe lo que es la solidaridad, pero esperamos que su talento actoral tenga el reconocimiento que merece para que el nombre de la ciudad que ama, Trujillo, siga siendo pronunciado como declaración de afecto a su actor.

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