Ser docente en Colombia...

"Es ser reiteradamente cuestionado porque 'bien poco que les toca trabajar y no hacen más que protestar', porque 'harto dinero que ganan y se viven quejando de su salario'"

Por: Jorge Iván Posada Quintero
octubre 19, 2018
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2orillas.
Ser docente en Colombia...
Foto: Nelson Cardenas

La reciente noticia sobre la huelga de hambre de cuatro profesores universitarios en Colombia está lejos de ser solo un llamativo titular. Es apenas una evidencia triste y dolorosa del profundo y complejo sistema de problemas e inconvenientes que vive la educación pública colombiana en todos sus niveles. Desde el sentir docente, la noticia me llena de un incontenible sentimiento de angustia, dolor, indignación e impotencia. Un educador debe su vida a la academia, a sus estudiantes, al aprendizaje, la investigación, a la acción social transformadora por la vía de la palabra, el estudio, la lectura, el diálogo y la innovación pedagógica.

Estos profes valientes, luchadores, abnegados y altruistas deberían estar preparando sus notas de clase, pensando sus próximos proyectos de investigación, redactando y compartiendo sus hallazgos y reflexiones. Pero en vez de ello abandonan la comodidad de sus hogares, la calidez de sus bibliotecas, la compañía de sus seres amados, arriesgando sus vidas para exigirle a este gobierno (a los pasados y los que habrán de venir) una educación digna y de calidad para nuestros jóvenes y niños.

Esta situación indignante y abrumadora conlleva una reflexión importante sobre lo que significa ser educador en Colombia. Dedicaré las siguientes líneas a describir algunas de las situaciones que debe afrontarse cuando se decide apostarle a la educación, en un país que parece condenado a vivir cien años de oscuridad e ignorancia y repetir cíclicamente su historia plagada de infamias y desaciertos.

El amor por la educación me surgió espontáneamente en circunstancias adversas y contradictorias: mi madre es licenciada en preescolar y solo pudo tener un trabajo estable a los 50 años de edad cuando aprobó el concurso docente en 2005. En un hogar de cuatro hijos inquietos e inteligentes y un padre agricultor (sin tierra y sin capital económico) tuve que vivir en carne propia la historia de millones de colombianos que se acuestan una noche con la incertidumbre de no saber de qué se va a vivir, la angustia de ver a mi madre sin trabajo, el amor de sus estudiantes y su dolor por ver cómo alguien tan especial era despedido porque no tenía una “palanca política” que le ayudara para quedarse, la impotencia de verla empeñando sus pequeños aretes de oro en forma de café para poderle enviar algo de dinero a mi hermano mayor que inconsciente y atrevido le había dado por irse a estudiar ingeniería electrónica en la Universidad Distrital de Bogotá.

Escoger también la docencia como profesión no ha debido ser el mayor motivo de orgullo familiar. En una sociedad que venera y trata de doctor al político corrupto, que mira por encima de su hombro al mafioso, le rinde pleitesía al tramposo que se volvió rico sin tener un solo día de estudio, ser profesor es casi una decisión innoble y mediocre. Aun así he decidido convertir este oficio en mi mayor motivo de orgullo personal, en la vía para convertir mis habilidades, virtudes y pasiones en herramientas que permitan el desarrollo analítico, social y comunicativo de los otros (que son mis estudiantes), y he decidido hacerlo llevando mi conocimiento a su máximo nivel posible, estudiando para ello licenciatura, maestría y ahora doctorado.

Pero ello me ha significado también una vida con grandes limitaciones económicas, porque para poder estudiar y prepararme he tenido que asumir cuantiosas deudas, he tenido que sacrificar buena parte de mi tiempo libre para seguir trabajando, he tenido que arrebatarle buena parte del tiempo que le corresponde a mi hijo y mi esposa, ellos se han visto obligados a sacrificar conmigo las vacaciones y alguna que otra comodidad porque esa maestría y ese doctorado no están al alcance del salario de un maestro de colegio. Pero ser docente en Colombia es aceptar eso y mucho más. Es ser reiteradamente cuestionado porque “bien poco que les toca trabajar y no hacen más que protestar”, porque “harto dinero que ganan y se viven quejando de su salario”. Ser docente en Colombia es ver cómo se pierde la salud propia y la de su familia, y el sistema de salud por el que descuentan religiosamente casi el 10% de su salario es a la vez el más infame y el más indigno de todos, es ver cómo muchos de sus compañeros son despedidos en medio de profundas dificultades porque no les alcanzó el puntaje en el concurso.

Ser educador en Colombia es llevar 20 años de trabajo y ver que su capacidad económica solo alcanza para aspirar a un crédito de vivienda de interés social (en el mejor de los casos), es tener que parar cada año para exigir las mismas cosas y retornar al trabajo después de ganar migajas porque “no hay presupuesto”, es recibir el desprecio de la gente cuando nos ve marchando en las calles porque “quién sabe ahora por qué estarán marchando”. Ser educador es llegar devastado, sin energías y sin voz a la casa porque tocó la disciplina esta semana y los muchachos estuvieron muy inquietos, es aspirar a una mejora salarial justa y merecida, y tener para ello que esperar una evaluación que no necesariamente llegará y de la cual no será posible recibir una retroalimentación que permita la reflexión y el aprendizaje.

Aun así me siento orgulloso de la profesión que elegí, del lugar que ocupo en la sociedad, de la responsabilidad que tengo con los estudiantes, los padres de familia y la comunidad en general, de las tareas que desarrollo todos los días en el colegio. Me siento orgulloso de los estudiantes que tengo, de los logros que consiguen. Me sorprenden sus reflexiones, las capacidades que desarrollan, las cosas que aprenden y no están contempladas en mis metas de aprendizaje. Por ello también le doy gracias a los profesores que están en huelga de hambre, lo que hacen es heroico y me alienta a seguir también luchando por una educación digna y de calidad.

-.
0
8957
La disparada de las tiendas Oxxo en Colombia

La disparada de las tiendas Oxxo en Colombia

El K-Fir que se gozó Petro, lleva casi 30 años volando

El K-Fir que se gozó Petro, lleva casi 30 años volando

Las crías de los hipopótamos de Pablo Escobar ahora a la venta

Las crías de los hipopótamos de Pablo Escobar ahora a la venta

Supercoco entre las 5 empresas que más golosinas venden en Colombia

Supercoco entre las 5 empresas que más golosinas venden en Colombia

Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus