Peligrosa porque por su ambivalencia y falta de claridad se convirtió en un comodín que cada cual usa para interpretarlo o usarlo según sus intereses

 - Qué gran palabra Democracia, pero que palabra tan peligrosa

Pero que palabra tan peligrosa.

Peligrosa porque por su ambivalencia y falta de claridad se convirtió en un comodín que cada cual usa para interpretarlo o usarlo según sus intereses.

Hoy se entiende más como un modelo de gobierno asentado en el ejemplo del norteamericano con instituciones como los tres poderes, los pesos y contrapesos, las elecciones, el gobierno de mayorías, la Constitución, orden capitalista, Estado de Derecho, libertades personales, propiedad privada, ‘prensa libre’.etc.

En Estados Unidos sirvió porque coincidió su desarrollo con la revolución industrial del Acero,  del Petróleo, de los trenes, de la producción en serie, etc. y en ese momento, en ese ‘modo de produccion’, la explotación del trabajador era la norma sin que existieran sindicatos, ni leyes sociales, que condicionaran el crecimiento. En Europa existían las monarquias y las Repúblicas que no habían oído de esa palabra. El impulso a la producción a ultranza para alimentar la guerra fuera de sus fronteras y el desprestigio de las alternativas ensayadas en las entreguerras convirtió a la palabra y ese modelo de ‘democracia’ en la salida a lo que esa primera Gran Guerra dejó.  Después, con su participación definitoria en la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos en cierta forma lo impuso como el modelo a seguir por los países que dependieron de su intervención.

Esto sobre la base teorica que con esto se defienden unos valores y objetivos aspiracionales que se  supone la población comparte: una sociedad justa; una equitativa distribución del poder, de la riqueza y de las oportunidades; el respeto a la dignidad de los individuos y a los Derechos Humanos; etc. En esencia, la enumeración de la búsqueda de lo que la mayoría quiere.

Pero respecto al modelo político, aunque se afirme que es el mejor o ‘el menos malo’, no existe ninguna prueba de ello. Por el contrario, el 70% de la población mundial vive en regímenes diferentes,  y como camino al desarrollo los procesos bajo otros regímenes han sido igual o más exitosos (Rusia, China, Los tigres asiáticos, el socialismo en los países escandinavos). Y lo que se ve hoy en día es que ya cumplió su ciclo benéfico y son más las críticas y las insatisfacciones que se ven que la aprobación de quienes viven bajo la modalidad que ahora opera .

Pero de ahí el peligro de lo que estamos viviendo en la forma en que se desarrolla esta campaña electoral. Bajo el manto que democracia es ‘lo que la mayoría quiera’ se cae en la falta de criterios para escoger el buen gobernante.

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Todos los candidatos lo único que muestran es la verborrea alrededor de lo que creen que la ciudadanía quiere, pero poco se  mencionan las condiciones que mostrarían para presentarse como los idóneos para lograrlo.  Para cubrir los vacíos que como aspirantes tienen todos acuden a reivindicar su adhesión a la democracia intentando acertar en que es lo que más molesta o más desean los electores. Lo que llaman sus ‘programas’ son ‘eliminar la corrupción’, acabar la inseguridad, corregir los problemas del sector salud, promover los derechos de las mujeres, propiciar un ‘Acuerdo Nacional’, llevar el Estado a las regiones, multiplicar el empleo formal, combatir la criminalidad, etc. Es decir todos los propósitos o deseos contra los cuales nadie puede estar  pero bajo el supuesto que ella basta como sinónimo y garantía de que esos deseos serían cumplidos.

Sin embargo en una elección lo primero que se debería establecer es el perfil de lo que se espera y requiere del candidato. Eso llevaría a un proceso de selección según las capacidades del elegido para cumplir sus responsabilidades.

Algo que no sucede en esta campaña es el debate sobre la idoneidad en cuanto a las capacidades de quien se ofrece para gobernar

Si hay algo que no sucede en esta campaña es el debate sobre la idoneidad en cuanto a esas capacidades de quien se ofrece para gobernar.  Para ser ppresidente

residente y dirigir un país se requieren no solo las condiciones que exige la Constitución (ser colombiano por nacimiento, ciudadano y mayor de 30 años -Art.188), sino las habilidades para ejercer el cargo (diferentes de la politiquería): conocimientos básicos de economía,  experiencia administrativa, vocacion y ejercicio de liderazgo,  trayectoria de trabajo en equipo,  historial de solvencia ética, empatía como ser humano, un cierto nivel de formación académica, algo de visión universal, independencia económica. De hecho la Carta -Art 189 fija 28 funciones para las cuales se tiene que ser apto para cumplirlas.

Y vaya si pocos están dentro de esos parámetros

Parecería que con decir que es ‘En democracia’ que se gobernará, que se defenderá la ‘institucionalidad’, etc., se subsanan los vacíos que la mayoría de los candidatos tienen.

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