El fenómeno therian despierta curiosidad y rechazo en colegios; más que burla o miedo, el reto es entender y dialogar sin violencia ni prejuicios

Al recorrer calles, parques, atrios de iglesias, pasillos de restaurantes, instituciones educativas y esquinas de la ciudad, se percibe que un fenómeno identitario está generando curiosidad y, al mismo tiempo, rechazo entre los jóvenes: los therians. Este texto analiza cómo la sociedad reacciona ante estas expresiones juveniles, reflexionando sobre prejuicios, dignidad y la necesidad de diálogo informado.

En estos días, en varias instituciones educativas, una palabra comenzó a repetirse con insistencia en los pasillos de los grados séptimo, octavo y noveno: Therians. La curiosidad me llevó a preguntar. Las respuestas fueron rápidas, casi instintivas: “Son jóvenes locos”, dijeron algunos estudiantes. “En la casa deberían darles correa para que aterricen”, comentaron otros. Incluso hubo quienes afirmaron que si se exponían en un parque podrían ser agredidos. En ese momento, fue necesario detener la conversación y recordar algo fundamental: ninguna diferencia justifica la violencia.

El término therian se refiere a personas que expresan una identificación simbólica o espiritual con un animal. No implica desconocer su condición humana ni afirmar transformaciones físicas. Se trata de una narrativa identitaria que algunos jóvenes adoptan como parte de sus procesos de exploración personal. La adolescencia es una etapa de construcción del yo, búsqueda de pertenencia y definición de identidad.

La identificación simbólica con lo animal no es un fenómeno nacido en internet. En culturas ancestrales existieron figuras chamánicas; en la mitología europea surgió el hombre lobo y en tradiciones mesoamericanas, el nagual. Incluso la Biblia narra cómo el rey Nabucodonosor II vivió “como bestia del campo”, y en la iconografía cristiana, los evangelistas se representan con animales: Juan con el águila, Lucas con el toro, Marcos con el león. Esto demuestra que la conexión simbólica entre lo humano y lo animal ha servido históricamente para expresar fuerza y espiritualidad.

No existe consenso científico que clasifique la identidad therian como trastorno mental. Reducir el fenómeno a enfermedad o a simple moda impide comprender su complejidad. Cuando una sociedad responde con burla o insinuaciones de castigo físico ante lo que no comprende, revela más sobre su propia incapacidad de diálogo. La violencia, aunque sea verbal, no educa; solo profundiza la distancia.

Hace siglos, Sócrates invitó al "conócete a ti mismo". Tal vez esa invitación sigue vigente. Antes de reaccionar con descalificación, convendría preguntarnos: ¿qué nos incomoda y por qué? La diferencia puede y debe ser debatida críticamente desde la pedagogía y la psicología, pero la dignidad humana no depende de que comprendamos totalmente las experiencias de otros, sino de nuestra capacidad de tratarlos con respeto.

Entre aullidos y prejuicios, el desafío no está solo en entender a los jóvenes, sino en examinarnos como adultos: ¿Estamos formando desde el respeto y la razón, o desde el miedo y la reacción? Tal vez la tarea más urgente no sea corregir al otro, sino comprender mejor el tiempo que vivimos.

Sigue a Las2orillas.co en Google News

También le puede interesar:

Anuncios.