¿Por qué una zona de reserva campesina en Sumapaz?

Concluyó el Encuentro Nacional de Zonas de Reserva Campesina, una figura que se ha convertido en un conflicto entre gobierno y campesinos

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septiembre 19, 2014
¿Por qué una zona de reserva campesina en Sumapaz?
Fotos: Sebastián Osorno / Juan Diego Rivas

Cuando recibió la lista de asistencia, Parmenio Poveda -campesinos de Asosumapaz- la pasó a la siguiente persona mientras dijo en voz baja: “Yo no firmo”. Era el mes de Febrero. Funcionarios del Jardín Botánico de Bogotá estaban reunidos con algunos líderes campesinos de Sumapaz en el corregimiento de San Juan. Fue uno de los intentos del Distrito por mantener un diálogo para apoyar las iniciativas que vienen desarrollando su habitantes. Las intervenciones de los campesinos daban razón a la actitud de Parmenio: “Acá vienen, nos hacen firmar, se toman la foto y no vuelven a sonar”; “no se ha recibido apoyo real”; “no confiamos en las instituciones”; “nos han marcado y estigmatizado”.

Esto es Sumapaz: un territorio con una larga tradición de rebeldía y desacuerdos con el Estado. En la reunión con el Jardín Botánico, toda intervención de los campesinos fue reflejo de problemáticas mucho más profundas. Hoy sus habitantes vuelven a cazar una pelea. Quieren constituir una Zona de Reserva Campesina (ZRC). Sin embargo, el pasado de la región y su papel en la historia del conflicto en Colombia convierten la discusión en algo político.

Las ZRC son una forma de ordenamiento territorial. El Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder) explica que esta busca principalmente frenar el crecimiento de la frontera agrícola (límite entre la tierra dedicada a la agricultura y la  que permanece natural), evitar la concentración de tierra y promover la economía del pequeño campesino.

La figura nació con una ley en 1994, que hoy ampara seis zonas ya constituidas. Estas están ubicadas en los municipios de Cabrera, Puerto Asís, Morales y Arenal, San José del Guaviare, el Pato y Yondo y Remedios.

Garantizar seguridad alimentaria

Los campesinos del Sumapaz esperan que al  constituirse como ZRC podrán llegar a tener un mercado local e incentivar el consumo de lo que producen. Solucionar temas de transporte para que el intermediario no se quede con todo. Garantizar la seguridad alimentaria y ser incluidos dentro de una idea de progreso que según ellos, nunca le deja nada al campesino. Quieren apoyo para seguir transformando las prácticas agropecuarias y una mano por parte de la academia en este proceso.

Sumapaz es la localidad más grande de Bogotá. Ocupa el 42% del territorio del distrito y es la única netamente rural. Para llegar al corregimiento de San Juan, se deben recorrer poco menos de 100 km desde el centro de la capital.

A medida que la altura aumenta, el paisaje se va transformando. A los 3 mil metros empieza la vegetación de páramos. Pequeños arbustos y matorrales decoran las montañas. Estos son bajos debido a la misma altura del lugar y a la falta de oxígeno. Tampoco tienen espinas. Inmensos campos de frailejones, la planta insignia de la región, cubren las montañas. Algunos llegan a medir más de dos metros, algo sorprendente: es una planta que crece un centímetro al año. El corte de las montañas es la marca del deshiele de un periodo glaciar. Por esto, es un ecosistema repleto de agua que abastece varios territorios del país.

Pese a su tamaño y ser parte del distrito, los casi 2 mil habitantes se sienten solos: “nos tienen abandonados. Es que las políticas de las instituciones se hacen para la parte urbana del distrito. No piensan en la parte rural. ¡Qué diferencien!” protesta Filiberto Baquero, integrante del Sindicato de Trabajadores Agrícolas del Sumapaz (Sintrapaz)

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Crédito foto: Juan Diego Rivas

Los habitantes del Sumapaz decidieron hacer la solicitud oficial de una ZRC en el 2011. Lo hicieron por medio de la Asociación de Municipios de Sumapaz (Asosumapaz). Esta asociación empezó a funcionar como operadora del proceso liderado por Sintrapaz. Incluyeron a 16 de las 28 veredas del territorio y empezaron a trabajar en la creación de un Plan de Desarrollo Sostenible (PDS), explica Ferney Delgado, enlace entre el Incoder y Asosumapaz.

Años de diálog0

En el Sumapaz el proceso ha tomado su tiempo. La discusión empezó en 1998 dirigida por Sintrapaz. Con más de sesenta años de existencia, el sindicato es guía político y gremial dentro del territorio. Fueron casi diez años de diálogos en los que buscaron llegar a acuerdos con las juntas de acción comunal de cada vereda (Asojuntas), con las diferentes organizaciones productivas y con la comunidad en general.

Para ser ZRC deben cumplir los siguientes pasos: reunirse y delimitar preliminarmente el territorio. Hacer la solicitud al Incoder. Este último evalúa la propuesta, revisa que se ajuste al perfil que exigen y delimita nuevamente el territorio. Se trabaja en conjunto en un PDS. Este se socializa con cada una de las partes que estén involucradas en el proceso. Con los últimos ajustes, la propuesta final llega a la junta directiva del Incoder que toma la decisión final.

Misael Baquero, presidente de Asojuntas y miembro de Sintrapaz, considera que el uso de la tierra debe cumplir con dos responsabilidades: “una función particular de alimentar  y una social con el medio ambiente”. Estas primicias se pueden encontrar en los cuatro ejes del PDS: uno cultural, uno ambiental, otro productivo y uno de fortalecimiento organizativo. Todo enfocado a las particularidades de la localidad.

Los retos ambientales en el Sumapaz son inmensos. Se trata de un ecosistema muy frágil que debe tener un tratamiento especial. Los campesinos han tenido una transformación en su manera de relacionarse con el territorio: “la gente tiene más conciencia”, señala Hernando Bejarano, asesor del equipo técnico de Asosumapaz.

Transformar la forma tradicional

Hace unos años era muy común que los campesinos quemaran el páramo con el fin de sembrar pasto para el ganado. Esto ya es raro que pase. Misael argumenta: “que la papa contamina y que el ganado asienta el piso. Sí, es verdad, pero si se hace mal. No es prescindir de la papa sino de las malas prácticas”. Por eso están buscando aplicar tecnologías especiales y transformar la forma tradicional de trabajar la tierra en las zonas altas.

Un ejemplo es la agroecología, que ha tenido buena acogida en el territorio. Esta utiliza los principios de la ecología para diseñar sistemas agrícolas sostenibles sin el uso de tantos químicos. Esto, en detrimento de algunos aspectos de la Revolución Verde caracterizada por los monocultivos, las grandes cantidades de agua, los fertilizantes y los plaguicidas.

Hay que aclarar sin embargo que los campesinos no se van por un solo proceso de producción. Simplemente recogen y apoyan distintas iniciativas: “Si un campesino quiere agroecología se le respeta. Si otros quiere tradicional y químicos también. Pero si hacemos énfasis en que estamos en contra de la excesiva utilización de agroquímicos en el territorio”, explica Hernando.

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Crédito foto: Juan Diego Rivas

En este punto los campesinos del Sumapaz ya cumplieron con todas las exigencias legales para volverse ZRC. El Incoder los citó en el mes de Enero a la audiencia donde se socializaría el Plan de Desarrollo. Sin embargo nunca pasó. Para ese entonces, el distrito estaba en plena pelea por la inminente distitución del alcalde Gustavo Petro. El gerente general del Incoder, Rey Ariel Borbón, decidió aplazarla al considerar que la coyuntura y la inestabilidad del gobierno distrital afectaba el proceso.

Los campesinos siguen esperando, pero saben que el problema es realmente más profundo. Sectores con gran fuerza política como el Centro Democrático o el Partido Conservador están totalmente en contra de la figura, al considerarla un riesgo para la autoridad del Estado en estos territorios. El gobierno tampoco es claro y dilata los procesos de consolidación de las zonas.

Focos del conflicto

Las Zonas de Reserva se ubican en territorios de colonización campesina que suelen ser focos del conflicto armado, explica el sociólogo Alfredo Molano. Sin presencia estatal durante mucho tiempo, algunas están ubicadas en territorios que tradicionalmente han tenido presencia de la guerrilla. Esto ha llevado a que exista una estigmatización contra esta figura por parte de un sector de la política. Los detractores de esta los han acusado de querer formar “Repúblicas Independientes”, haciendo alusión a territorios donde la guerrilla era la autoridad hacia la década del 60.

“Aquí ha tocado organizarse y hasta coger las armas años atrás para defender el territorio. Esta organización es heredera de eso”, sentencia Misael Baquero, presidente de Asojuntas y miembro de Sintrapaz . La historia del Sumapaz en este sentido es larga.

Como explica la socióloga e historiadora Rocío Londoño, la organización es heredera de los conflictos de finales del siglo XIX entre arrendatarios, colonos y latifundistas. También de la formación de una sólida organización campesina desde 1928. De la Sociedad Agrícola del Sumapaz , que luego tomó las armas y unió a liberales y comunistas para defenderse de los conservadores. De la resistencia bajo el mando de Juan de la Cruz Varela, uno de los líderes agrarios más importantes del siglo XX ,contra el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. Y de la pelea contra los liberales que luego buscaron extinguir el comunismo.

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Crédito fotos: Juan Diego Rivas

Corredor de la guerrilla

El movimiento nunca se adhirió a las Farc cuando este planteó ya no la defensa sino el ataque contra el Estado. Estos ya habían dejado las armas y en general no compartieron esa línea. Sin embargo, por el páramo pasaron Jacobo Arena y Tirofijo cuando se dirigían al Cañon del Duda a la conferencia constitutiva de las Farc, como relata el escritor Arturo Alape. Desde ese momento hasta la década del 90, la guerrilla utilizó este territorio como uno de sus corredores.

Esta historia de oposición continúa. Sobre las coloridas paredes de la veintena de casas que forman el corregimiento de San Juan, solo se lee propaganda política de la Unión Patriótica o del Polo Democrático. Sin embargo, a diferencia de aquel entonces, están rodeados por siete bases militares. Es común encontrarse con retenes en la carretera. Según las cuentas de los campesinos hay tres uniformados por cada habitante.

Esta presencia les incomoda. Desde que en 1990 los militares retomaron el control de la zona, la relación no ha sido buena. Los acusan de atentar contra el ecosistema. Afirman que los militares se hacen en los nacimientos de agua y cuando esta baja está totalmente contaminada. Que cortan los frailejones indiscriminadamente, enferman los animales y no permiten el libre tránsito: “Las fotos se las deberían tomar a ellos para mostrar lo que hacen, no a nosotros”, sentencia Parmenio .

Intereses empresarios

Para ellos, detrás de la fuerte presencia militar y de la dilatación del proceso de ZRC están los intereses de empresarios en el territorio. Dicho interés se ejemplifica en las hidroeléctricas.

La comercializadora de energía Emgesa ha manifestado su interés en desarrollar un proyecto en el Sumapaz. La misma que está haciendo el proyecto del Quimbo que ha causado polémica por el impacto ambiental y el desplazamiento a familias a las que la empresa, según líderes campesinos del sector, no les ha cumplido la reubicación. Las primeras noticias son del 2012, pero hasta el momento no han dicho nada oficial. Según Portafolio, la intención es construir 14 minicentrales en cascada. Al ser un proyecto aún en formación, Emgesa se abstuvo de hablar del tema.

“La realidad nos asusta”, dice Estrella Guerrero, integrante de Sintrapaz. Los campesinos del Sumapaz no creen que vaya a haber un respeto al ecosistema: “la ambición por el poder del capital no tienen en cuenta eso. Esto es un cuerpo vivo y si le cambian sus parte, imagínese el daño”, argumenta Heberto. Ven entonces en la ZRC una herramienta que les permitirá entrar a concertar con este tipo de proyectos.

Sin embargo, para los campesinos la ZRC no lo soluciona todo. Ven límites en la figura en temas de créditos, precios y comercialización de sus productos. También manifiestan una preocupación por la educación. Quieren que esta se enfoque más en sus intereses y que no plantee como única salida para tener éxito irse a la zona urbana. Por el contrario, que se concentre en el páramo, en la cultura, historia y necesidades alrededor de este para defenderlo y preservarlo: “el creador se equivocó cuando le dio tantas capacidades al miquito que destruye todo”, concluye Heberto.

 

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