¿Por qué la inflación en Colombia (aunque disminuye) es alta respecto a otros países de la región?

¿Por qué la inflación en Colombia (aunque disminuye) es alta respecto a otros países de la región?

Muchos seguimos sin comprender por qué la inflación, pese a descender, sigue siendo alta en comparación con Chile, Perú, Brasil o México

Por: Dorian Fernando León
febrero 12, 2024
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¿Por qué la inflación en Colombia (aunque disminuye) es alta respecto a otros países de la región?
Fotografía: Canva

Muchos de los colombianos siguen sin comprender las razones por las cuales la inflación pese a estar descendiendo sigue siendo alta cuando nos comparamos con países como Chile, Perú, Brasil o México; incluso, recientemente se ha dicho (aquí) que lo proyectado es que si bien en 2024 estaremos cerrando esta brecha que tenemos respecto a otros países, la inflación nuestra comparativamente hablando continuara siendo mayor. Por eso en esta columna tratare de explicar que el control de la inflación (mantenerla entre el 2% y el 4%), implica hacer lo que se debe hacer cuando se debe hacer.    

ACLARACIONES 

Antes de empezar quisiera precisar que este es un tema amplio, profundo y ciertamente un poco complejo por todos los tecnicismos (conceptos de economía) que suelen requerirse para su explicación. No obstante, aquí lo tratare en la medida de lo posible en un lenguaje cercano a personas no especializadas. Además, la exposición será breve, aunque aparentemente no lo parezca. Con esta aclaración les doy la bienvenida a un tema que hoy por hoy es de gran interés nacional.  

ELEMENTOS CONCEPTUALES 

Empecemos entonces diciendo que el crecimiento económico ocioso ocurre cuando una economía está produciendo menos de lo que podría producir y, en contraste, si la economía produce por encima de su potencial, dicho crecimiento refleja un sobrecalentamiento económico dado que se están sobreutilizando sus recursos (por ejemplo, maquinaria y trabajadores sin tiempo de descanso).   

En todo caso, las desviaciones entre el crecimiento efectivo (lo que se está produciendo) y el crecimiento potencial se traducen en lo que los economistas llaman brecha del producto, negativa cuando se produce menos y positiva cuando la producción se sitúa por encima de su potencial.  

Aquí lo importante a destacar es que como la brecha del producto permite medir la intensidad de la presión inflacionaria; entonces, una economía con brecha positiva refleja precios al alza. En contraste, cuando ocurre lo contrario, y la brecha es negativa, entonces, la menor presión inflacionaria refleja una demanda debilitada y menores precios.   

A la luz de lo anterior y tomando en cuenta un escenario como el de la pandemia, podemos decir que durante la COVID 19 hubo una brecha del producto muy negativa dado que el nivel de producción fue significativamente menor al potencial de producción (ver aquí), y es allí en donde entra en escena las decisiones de política monetaria que toma la autoridad monetaria representada en los bancos centrales: en el caso de Colombia el Banco de la República.   

En principio lo que hacen los bancos centrales es como se menciona aquí, adoptan políticas como la de reducir la tasa de interés para estimular el consumo y de esa manera promover el crecimiento (cerrar la brecha negativa). Al mismo tiempo los gobiernos también pueden contribuir por medio de la política fiscal a que esa brecha negativa se cierre más rápidamente; es por ello que optan por incrementar el gasto público y reducir impuestos. Es decir, lo que hace el gobierno en este caso es poner el pie en el acelerador para que la demanda agregada se impulse más fuertemente. 

ENTRANDO EN MATERIA 

Como el objetivo es responder ¿Por qué la inflación en Colombia continúa siendo alta respecto a otros países de la región similares al nuestro? Surgen tres preguntas obligadas ¿Qué paso en pandemia? ¿Qué se hizo? y ¿se hizo lo correcto desde el punto de vista monetario y fiscal?    

CONTEXTO DE LA PANDEMIA 

En pandemia lo primero que hubo fue un desabastecimiento provocado por la ruptura global de la cadena de suministros claramente evidenciada con la llamada crisis de los contenedores (puertos paralizados). En segundo lugar, el confinamiento derivado de la COVID 19 conllevo al cierre de las empresas (perjudicando la producción) y a un deterioró del consumo asociado a una fuerte caída de los ingresos de las personas (consultar aquí). Un tercer aspecto es que a nivel mundial el precio del petróleo descendió significativamente (ver aquí) y la tasa de cambio, aunque en 2020 toco un máximo de $4.153, 91, al final de ese año cerro en los $3.432,50 (véase aquí).  

Finalmente, el freno del comercio mundial impulsó el déficit de cuenta corriente, es decir, la diferencia entre los flujos de bienes y servicios hacia el exterior y los ingresos que se reciben del resto del mundo.  

DOS COSAS QUE SE HICIERON DURANTE LA PANDEMIA   

  1. El gobierno nacional aplico las llamadas cláusulas de escape (suspender la aplicación de la regla fiscal) para a través de deuda lograr hacer frente a las circunstancias de la pandemia (entregar subsidios).  
  2. La pandemia obligo a bajar tasas de referencia. Por ejemplo, en marzo la tasa de interés pasó del 4,25% al 3,75% y consecutivamente en los tres meses siguientes se aplicaron reducciones de 50 puntos básicos. 

¿QUÉ TAN ACERTADO FUE LO QUE SE HIZO? 

 Para responder a la pregunta de si las acciones de política fiscal y monetaria fueron acertadas o no, considero valido traer algunos comentarios que en su momento realizaron algunos columnistas expertos en la materia. Por ejemplo, el profesor Salomón Kalmanovitz en su momento comento aquí que la reducción de tasas de interés por parte del BANREP fue bastante laxa si la comparamos con otros países. Específicamente, lo que menciona Kalmanovitz es que a diferencia de los bancos centrales de Chile y Perú que bajaron la tasa de referencia al 1%, el Banco de la República la bajo al 3,75%.   

Desde el punto de vista de las acciones del gobierno en momentos de pandemia, se señaló que el expresidente Iván Duque mediante una “jugadita” le permitió a la banca privada bajar en un 3% el encaje (dinero que los bancos deben mantener en bóveda a modo de respaldo de los depósitos captados) con la finalidad que con esos recursos liberados que fueron del orden del 9.4 billones, la banca privada comprara Títulos de Solidaridad (TDS).  Ahora bien, se preguntarán las personas lectoras de esta columna ¿Cuál fue el problema con eso? Y la respuesta es que, como bien lo señaló en su momento Mauricio Cabrera Galvis en una columna para el diario Portafolio (ver aquí), se trató de “una vuelta innecesaria” porque el BANREP podía (con aprobación unánime) haber comprado los TDS y, el gobierno ahorrarse el pago de unos $500.000 millones. En otras palabras, esas nuevas utilidades para la banca privada si se hubiese querido, pudieron haber sido para el gobierno y, en definitiva, por ejemplo, destinadas como ayudas a las MYPIMES.   

Precisamente este tipo de acciones favorables a la banca en su momento fueron bastante cuestionadas porque los bancos con sus medidas de exigir solvencia como requisito de desembolso (consultar aquí), no respondieron con créditos para los pequeños empresarios (para más información).   

REACTIVACIÓN ECONÓMICA 

Recordemos que para 2021 y principalmente a partir del segundo semestre, se adoptaron medidas que permitían salir del confinamiento bajo condiciones preventivas (usar tapabocas y no confluir masivamente en espacio pequeños, etc.). Esto permitió que el crecimiento económico de 2021 fuera de 10,7%, una cifra aparentemente alta, pero en términos reales mucho menor: aunque importante en comparación con la de 2020 (ver aquí). Para ser exactos, ese 10.7% correspondió a lo que en la jerga económica se conoce como “rebote estadístico”, que ocurre cuando el patrón de comparación es un año como el 2020 (por ejemplo, ver aquí). En otras palabras, la cifra “elevada” no fue más que el reflejo de la dimensión del desplome previamente acontecido.  

 

También hay que recordar que la llamada crisis de los contenedores alcanzo su pico (para máyor información) en agosto de 2021, pero como se menciona aquí, continúo impactando más allá del primer trimestre de 2022.  

Es evidente que, en ese contexto de desabastecimiento, sumado a una política fiscal y monetaria que estimulo en exceso la demanda agregada, la inflación era inevitable. Sin embargo, esa lectura que debió hacerse por parte de la junta directiva del BANREP no se hizo y, por tanto, no se tomaron decisiones al respecto. Para ser más específicos, no se tomaron decisiones o al menos no con la agresividad que debió haberse hecho, porque como lo refiere aquí el gerente del BANREP, se pensó que la inflación sería una cuestión temporal que tenía como variables explicativas unas situaciones de entorno internacional (como la crisis de los contenedores) o de contexto local (relacionadas con los problemas de orden público).  

Si entramos en 2022 nos encontramos con un crecimiento más estable, pero también atípico porque mostro un efecto rebote que, aunque fue más suave que el de 2021, contrario a lo que muchos pensaban (por ejemplo, aquí) no se esfumo (para más detalles). Además, como lo señalo en su momento el diario Portafolio, estuvo acompañado de importantes remesas en un momento de elevada tasa de cambio que estimuló el consumo y un pass-trough o efecto trasmisión (véase) causado por la devaluación del tipo de cambio nominal. Igualmente, en ese mismo contexto, conflictos como el que se dio entre Rusia y Ucrania imprimieron fuerza a la aceleración de los precios de los alimentos (el conflicto entre Rusia y Ucrania) y del crudo. 

EVALUACIÓN DE LO ANTERIOR 

Las cuestiones previamente expuestas son las que han resaltado los expertos en economía. Por ejemplo, Luis Fernando Mejía director de FEDESARROLLO ha dicho (aquí) de manera taxativa que “el Banco de la República se demoró más que sus pares (de otros países) en subir los intereses, mientras que el gasto público no se moderó” y además agrega (aquí) que ello fue un error mayúsculo porque incidió fuertemente de manera negativa en el raquítico crecimiento económico que se experimentó en 2023. De manera más precisa, lo que indica el director de FEDESARROLLO es que el BANREP no actuó frente a las señales enviadas de ese crecimiento insostenible que se experimentó en 2021 y 2022, lo cual fue gravoso porque si el BANREP hubiese actuado como se debía hacer (cumpliendo con su rol fundamental de estabilizar los ciclos económicos) hubiésemos podido haber crecido en 2023 aun 4%. En definitiva, su conclusión es que “La ‘fiesta’ fue muy buena en 2022, pero ahora estamos sufriendo los efectos del fuerte guayabo”. 

En sintonía con el director de FEDESARROLLO Juan Lozano en una columna escrita (aquí) de manera vehemente refiere que “ante las señales que indicaban que vendría una inflación disparada” la junta del BANREP actuó de manera lenta e indolente cometiendo errores costosos para el país. Y agrega que lo más grave es que hoy con una economía enfriándose actúan de la misma manera, pero al revés con su política de “demora, dilación y tardanza” para bajar las tasas.  

CONCLUSIONES 

A modo de conclusión y con base en los argumentos expuestos podemos decir sin temor al error que; en efecto, Colombia hoy tiene una inflación superior a la de otros países porque las decisiones de política monetaria tomadas por el BANREP fueron retardadas. No obstante, lo más grave es que en 2023 solo se redujo la tasa en el mes de diciembre y no antes como (aquí) lo sugería entidades como ASOBANCARIA, LA ANDI y el MINHACIENDA.  

Por último, no podemos terminar sin antes decir que casi 2 puntos de la inflación se explican por el inevitable aumento que había que hacerse respecto al déficit del Fondo de Estabilización de Precios a los Combustibles (ver aquí). Por consiguiente, es insensato que por ideología política personas de la oposición culpen al presidente Gustavo Petro de la pérdida del poder adquisitivo que ha generado la inflación.  Luego, el mensaje es: bienvenida la oposición, pero verdaderamente inteligente.  

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