Occidente se hunde ante la conciencia universal
Opinión

Occidente se hunde ante la conciencia universal

La poderosa alianza anglosajona no solo se niega a ver el genocidio que ocurre en Gaza, sino que apoya incondicionalmente a Israel

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mayo 29, 2024
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Comentaristas internacionales afirman que Israel se queda cada día más solo, que lo que hace en Gaza lo conduce a perder el apoyo de sus aliados. Que el reconocimiento de Palestina como estado independiente por España, Irlanda y Noruega es una prueba más de ello. Que el reciente voto de 142 países de Naciones Unidas, entre 193, a favor del reconocimiento de Palestina, demuestra fehacientemente ese hecho.

Así es, pensando de un modo excesivamente optimista. Sin embargo, la realidad induce más bien al desaliento. Cuando detallamos el mapa de la ONU que publica la BBC, acerca de los países y territorios que reconocen al estado palestino, podemos apreciar una inmensa mancha roja que cubre África, Asia y América Latina, con muy pequeñas excepciones. En color gris, en cambio, aparecen los países que no lo hacen.

Estados Unidos y Canadá, Portugal, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y prácticamente la totalidad de países de Europa Central, además de la mediterránea. En el lejano oriente también tienen ese color Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Podemos asegurar, en consecuencia, que el G-7, los países más relevantes de la OTAN y los aliados incondicionales de los Estados Unidos en Asia, incluido Taiwán, niegan a Palestina.

La alianza económica y militar más poderosa de Occidente, la que se precia de encabezar la civilización, la democracia, la libertad y la justicia desde por lo menos dos siglos atrás, la fuerza hegemónica planetaria, no solo se niega a ver el genocidio que ocurre en Gaza, sino que cierra sus filas en torno al estado de Israel. Si en tres países europeos la conciencia pudo más que los intereses, no ocurre lo propio con los que controlan efectivamente los hilos.


Si en tres países europeos la conciencia pudo más que los intereses, no ocurre lo propio con los que controlan efectivamente los hilo


En Gaza, en Rafah, aviones bombarderos sobrevuelan de noche los campos de refugiados palestinos, soltando sin misericordia su atronadora carga de fuego y esquirlas, a sabiendas de que caerán sobre hombres, mujeres y niños que duermen bajo carpas sin la menor protección. Una y otra vez, durante meses. Miembros desperdigados de seres humanos, cuerpos destrozados, cráneos vaciados o aplastados, sangre, muerte, horror, llanto, nada importa.

Joe Biden confiesa orgullosamente que es sionista, mientras envía miles de millones de dólares en armas y pertrechos al gobierno de Netanyahu. Rechaza con indignación que un fiscal de la Corte Penal internacional haya solicitado a los jueces de esta, la expedición de una orden de captura internacional contra el jefe del gobierno de Israel. Amenaza incluso con sancionar severamente a esa Corte por lo que considera un exabrupto.

Los palestinos bombardeados en Rafah ahora, fueron desplazados del norte de Gaza por el Ejército Israelí, con la promesa de que allí no serían víctimas de la arremetida militar. Suman millón y medio de personas que lo perdieron todo, y a las que se priva deliberadamente, tanto por las tropas sionistas como por la población envilecida de Israel, de la ayuda humanitaria internacional que les evitaría morir de hambre y enfermedad.

Netanyahu justifica su sanguinario accionar con el propósito de exterminar para siempre la guerrilla palestina de Hamas, al tiempo que rescatar el más de un centenar de rehenes en su poder. Dos objetivos absolutamente contradictorios, por cuanto el primero conducirá, inevitablemente, al sacrificio de los segundos. Las bombas y la metralla no distinguen. En cambio, pone en evidencia su real motivación, desterrar a los palestinos del gran Israel que los sionistas sueñan.

En Cisjordania no hay Hamás, pero el despojo de tierras y viviendas a las familias palestinas es cotidiano, así como la violencia irracional contra ellas por parte de colonos israelíes y autoridades. No se trata de una situación nueva, sino de algo que ocurre desde por lo menos 76 años atrás. Represión, encarcelamientos, crímenes impunes y cruel segregación. Esto lo conocen muy bien todas esas potencias occidentales, y lo apoyan sin vacilar.

Perdiendo, por consiguiente, su credibilidad y prestigio. Lo que sucede en Palestina, pone de presente, sin duda alguna, el verdadero rostro de Occidente, nada cuenta más para este que sus beneficios económicos. Así ha sido siempre, sólo que han logrado disimularlo, presentando como salvajes y perversos a los pueblos y naciones que aplastan. Hoy les resulta imposible seguir haciéndolo. Miles de millones de personas en el mundo lo ven con toda claridad.

Por eso están con la causa palestina. Si Israel existe por una resolución de Naciones Unidas, no puede seguir existiendo si no respeta y cumple el derecho internacional, es obvio. El mundo anglosajón, paradójicamente creador de esa juridicidad, se niega a reconocer su propia lógica. Al hacerlo, se hunde irremediablemente ante la conciencia de la humanidad. Esta, por ejemplo, no deja de ver que los mismos que apoyan a Israel están de lleno con Ucrania.

Y por tanto también empieza a pensar que el discurso occidental contra Putin y Xi Jinping debe abrigar enormes falsedades.

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