Nos quieren ver morir violentamente, tristes y con sufrimiento

Hace unos días le negaron la eutanasia a Martha Sepúlveda. Pero algunos ni se inmutaron por el asesinato de dos niños en Tibú a manos de paramilitares

Por: Fabián A. Fonseca C.
octubre 15, 2021
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Nos quieren ver morir violentamente, tristes y con sufrimiento

Hace algunos días conocimos por parte de los medios de comunicación la historia de la señora Martha Sepúlveda, mujer diagnosticada con esclerosis lateral amiotrofia (ELA), una enfermedad degenerativa y denominada por los anales de la medicina y la ciencia como "enfermedad rara y huérfana". Doña Martha, como bien lo sabemos, iba a ser la primera persona en Colombia en recibir la eutanasia desde que la Corte Constitucional en julio de este año amplió este derecho fundamental no solo a pacientes terminales, sino también a aquellas personas que tuvieran una enfermedad degenerativa y progresiva, y que de una u otra manera verían mermadas sus funciones vitales y cognitivas en un mediano o largo plazo. Pero infortunadamente, y como bien se sabe, tal eutanasia no se practicó, esto debido a un escueto comunicado de la IPS que iba a practicar el procedimiento, en donde está literalmente y, parafraseando, argüía que debido a que la paciente se mostraba en un reportaje emitido por un medio de comunicación nacional en un estado que para ellos no era el de un paciente que requiriera ese procedimiento, la IPS optaba por negar ese derecho.

Este caso en particular y su desconcertante desenlace nos lleva a preguntarnos: ¿es legítimo que todavía hoy en Colombia pese más el moralismo y la hipocresía que el derecho y la Constitución? Con el permiso de todos, yo considero que al parecer sí, a pesar de que supuestamente se nos ha vendido que nuestro país es laico y se rige por un Estado social de derecho, pero que en su práctica algunos de sus ciudadanos e instituciones poco la difunden y la desconocen. ¿Cómo se podría denominar, entonces, aparte de hipócrita y moralista, a un país en donde algunos de sus ciudadanos se escandalizan y se rasgan las vestiduras cuando se habla de eutanasia, pero ni si quiera se inmutaron por el asesinato de dos niños en Tibú (Norte de Santander) a manos de paramilitares? ¿Cómo se podría llamar más, aparte de hipócrita y moralista, a aquellos colombianos que defienden supuestamente la vida, pero cada cuatro años votan a partidos de la guerra que fueron cómplices y perpetuadores del asesinato según cifras de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), de más de 6.402 jóvenes para hacerlos pasar como guerrilleros? ¿Cómo se podría nombrar, aparte de hipócrita y moralista, a aquellas personas que dicen defender la vida, pero hace cinco años votaron no a la paz? ¿Cómo se podría denominar, aparte de hipócrita y moralista, a aquellos ciudadanos que dicen ser defensores de la dignidad e integridad humana, pero poco han defendido a los niños y jóvenes víctimas de los abusos de pederastia cometidos por parte de unos miembros de la Iglesia católica en el mundo?

Con estos y otros ejemplos podemos resumir lo que hoy es Colombia: un país con una constitución perfecta, pero con una ciudadanía e instituciones carcomidas por el cáncer moralista e hipócrita, eso que nos han infundado como lo bueno, lo bello y lo recto, y por ende, supuestamente lo que culturalmente debe ser aceptado. Colombia es un país en donde se busca, como decía una frase publicitada en redes, que los colombianos no se mueran de alegría, como añoraba doña Martha, sino como bien estamos acostumbrados y nos quieren ver morir violentamente, triste y con sufrimiento, de seguro para muchos "defensores de vida" solo así sí sería digno morir en este país, así como han muerto los más de 100 líderes sociales asesinados, los más de 200 líderes ambientales y los más de 200.000 colombianos a manos de una violencia y guerra de más de cinco décadas. Qué bueno hubiese sido que aquellos moralistas y supuestos defensores de la vida también en aquellos momentos de la historia hubiesen salido con su artillería mediática y pastoral para defender la vida de muchos inocentes y héroes que no nos acompañan, de seguro así muchos no solicitarían la eutanasia, ya que estarían orgullosos de vivir hasta el última día de sus vidas en un país que en verdad respete el derecho a la vida, y por ende, a la muerte digna de aquellos ciudadanos que tienen derechos fundamentales y legítimos como usted y como yo. Solo queda esperar que la ciudadanía se atreva a pensar, como decía Kant, solo así encontraremos por fin la ilustración, ese periodo el cual Colombia no ha llegado.

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