Iván Duque y Marta Lucía Ramírez: crónica de dos personas que nunca se soportaron

A regañadientes Iván Duque la nombró vice y ya en Palacio supo ignorarla sin juego en las decisiones de fondo. La cancillería tampoco limpió viejos rencores

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octubre 04, 2022
Iván Duque y Marta Lucía Ramírez: crónica de dos personas que nunca se soportaron

El 11 de marzo de 2018, Iván Duque ganó la consulta y con ella la candidatura de la coalición de centro derecha. Una de las derrotadas fue la conservadora Martha Lucia Ramírez a quien, desde la noche del triunfo escogió como fórmula presidencial, por cuenta del cerca de un millón y medio de votos que obtuvo en la consulta. Duque buscaba presentar una coalición sin fisuras que recogiera a los ex Presidente Alvaro Uribe y Andrés Pastrana para enfrentar al candidato de la izquierda Gustavo Petro.

Aparecieron muy sonrientes en la foto, pero en las campañas se sabía desde entonces que la relación ya venía averiada.  Marta Lucía Ramírez no estaba a gusto de segunda; se sintió siempre mucho más capaz y mejor preparada que Iván Duque, quien habia llegado donde estaba por un golpe de suerte y el guiño del ex Presidente del Centro Democrático que lo convirtió en “el de Uribe”. Ramirez llegaba con historia política, carácter y una experiencia ganada que la volvía conocedora del Estado, mientras la aproximación de Duque al sector público había sido simplemente como senador por el CD al que llegó nuevamente por el expresidente Uribe lo colocó en una lista cerrada jalonada por él y su prestigio.

La dupla ganadora del 2018: Marta Lucía e Iván Duque. Este fue uno de los pocos momentos felices

Marta Lucía Ramírez se posesionó convencida de que gracias a su capacidad de ejecutar y gerenciar proyectos y propuestas llevaría al Presidente a darle juego de la manera de  Germán Vargas Lleras con Juan Manuel Santos, quien en su condición de vicpersidente habia logado el manejo de las carteras de transporte, vivienda e interior. Nada más lejos de la realidad.

La recién posesionada vicepresidente solo tuvo la posibilidad de nombrar a su amiga y ex socia en la firma de consultoría  Ramírez & Orozco International Strategy Consultant  Angela María Orozco en el Ministerio de Transporte e Infraestructura. Una relación que terminó agriándose, pero esta es asunto de otra crónica. Lo cierto es que el poder antes que acercar y conformar equipo entre el presidente y vicepresidenta la relación se hizo cada vez más tensa, cada quien por su lado y con su propio grupo de trabajo. Recién empezaba el gobierno en Agosto del 2019 y aquello que era para todos los nuevos funcionarios un momento de ilusión para los dos colombianos con los cargos más altos del Estado empezaron los que serían cuatro años de tensiones y desencuentros.

Iván Duque y la exclusión de Martha Lucia Ramírez del alto gobierno

Duque empezó por rodearse  de asesores provenientes del círculo cercano de su jefe político y mentor: Álvaro Uribe Vélez. Entre éstos empezó pisando duro una en particular: María Paula Correa, quien se había acercado en la campaña y lo acompañó en todos los viajes reuniones previos a la posesión del 7 de agosto. Duque, malo para el disenso, armó un grupo más que de asesores de aplaudidores de oficio, un comportamiento que contribuyó a aislarlo en una burbuja, alejado de la realidad. A la vicepresidenta poco o nada le consultaban en los asuntos de peso, tal como quedó reflejado en el decreto que definió sus funciones, una gran lista de mercado, sin prioridades y con funciones genéricas y abstractas, pero con poquísima capacidad de ejecución.

Fueron varios los consejos de ministros en los que, siendo invitada, no se le permitía a Marta Lucía opinar. A ella, ¡precisamente a ella!, una mujer que se ha caracterizado por hablar y exponer sus opiniones. El Presidente sin  consideración ni prudencia no dudaba en pararla con expresiones desobligantes como : “Martha  Lucía, tu no fuiste convocada a este consejo para dirigirlo”. Tragar saliva y guardar silencio.

Además del nulo protagonismo, otro gran reclamo de la exvicepresidenta fue que  no sintió una empatía o solidaridad con ellas cuando fue blanco de ataques de los medios con ocasión del escándalo  de “Memo Fantasma” que salpicó duramente a su esposo Alvaro Rincón. Reinó el silencio presidencial y el vacío en los corredores de la Casa de Nariño.

Hasta entonces le seguía rondando la idea de postulares para la presidencia del 2022,  sin embargo dos hechos pusieron la decisión en entre dicho. El ruido mediático alrededor del mafioso antioqueño Memo Fantasma cuyo eco que vulneró su entorno familiar y una inesperada propuesta del Presidente Iván Duque: reemplazar a Claudia Blum en la cancillería.

Marta Lucía cumplió su doble rol como vice y canciller.

 

Tendría un doble rol en un cargo de alta responsabilidad en un momento en el que Colombia estaba en la mira por el comportamiento de la Policía en el estallido social especialmente en Bogotá y Cali. Las denuncias sobre violación a derechos humanos y atropello en el control de la protesta social, habían llevado a que incluso embajadores en Colombia llamaran  la atención tras recibir informes de Organización no gubernamentales, externas al gobierno. La cooperación internacional, los vuelos humanitarios en pleno Covid y el apoyo al  Plan Nacional de Vacunación eran prioridades para Duque y Ramírez había construido una  agenda de contactos internacionales.

Para ella fue una oportunidad para empezar a ejecutar y mostrar su capacidad de acción real. Aunque su estreno en Washington fue desafortunado con la prensa, luego logró cosechas importantes como el aumento del presupuesto de cooperación por parte del Congreso de los Estados Unidos (con apoyo bipartidista) y la gestión de millones de vacunas por parte de gobiernos como el de Alemania.

La lógica diría que, que la relación entre el presidente y su vicepresidenta iba a recomponerse y ser más cercana, pero no fue asi. De hecho, fue ese último año el que terminó de dinamitar la relación entre los supuestos aliados políticos.

Los roces entre el Presidente,  la canciller y Maria Paula Correa  

En julio de 2021, cuando apenas llevaba dos meses en su cargo de canciller, Duque tomó la decisión de que su vicepresidenta no podría salir del país cuando él lo hiciera; algo no solamente extraño, sino que atentaba contra las funciones mismas de un canciller. Desde la Constitución de 1821, cuando se creó la Cancillería, se estableció, precisamente, que una de las funciones vitales del Canciller es acompañar al presidente en sus viajes al exterior.

En cambio -y por si fuera poco-, la todopoderosa María Paula Correa adquirió mediante el Decreto 1185, funciones que normalmente le corresponden al canciller como “adelantar las gestiones para obtener cooperación”, “asesorar al Presidente en temas relacionados con la política exterior y los asuntos internacionales”, “impulsar y hacer seguimiento a las iniciativas del Presidente en la agenda bilateral y multilateral”, “representar, por instrucciones del Presidente, al Estado colombiano en foros de discusión, audiencias públicas y demás escenarios en el ámbito multilateral”, “coordinar con la Dirección de Protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores la logística de los eventos, reuniones, viajes y desplazamientos del Presidente” fuera del país, así como manejar la Oficina para la Atención e Integración Socioeconómica de la Población Migrante, una tarea que la ubica en un papel de supra-coordinación de todo lo relativo con la presencia venezolana en Colombia.

En las visitas internacionales María Paula Correa se dejó ver. Acá en una visita a España al lado de Duque y el rey

Todo esto fue, en su momento señalado por la hoy vicecanciller, Laura Gil, en una columna titulada “La cancillería paralela de María Paula Correa” y publicada el 1 de febrero de 2022. En dicha columna, Gil asegura que “la duplicidad de la figura produce desconcierto en el exterior y desinstitucionalización en Colombia (…) Un presidente en el exterior, acompañado de su jefe de gabinete y no de su canciller, perturba las relaciones con los demás gobiernos. En el ámbito protocolario, produce confusión y hasta rechazo.”

Esa zona gris que se creó con los suprapoderes de María Paula Correa, trajo consigo dificultades incluso protocolarias.

Esa duplicidad Ramírez-Correa creó una situación que nunca se había presentado en doscientos años de existencia de la Cancillería, pues -debido a que era María Paula Correa quien acompañaba al presidente en los viajes y no la Canciller- era Correa quien asumía el seguimiento a los compromisos adquiridos. Es decir, que los embajadores colombianos en el exterior tuvieron que reportarle a María Paula Correa y no a Marta Lucía Ramírez: la canciller.

En los últimos días de gobierno, era tanta la indisposición de Marta Lucía Ramírez con Iván  Duque, que tuvo que contenerse para evitar hacer público el conflicto y el resentimiento que cargaba por cuatro años de agresividad-pasiva por parte del Presidente.  De hecho, tuvo que hacer una especie de retiro espiritual viajando a Nueva York a visitar a su hija y su recién nacida nieta. Hubiera preferido no tener que volver a ver nunca más a Duque.

Su disciplina y manejo de relaciones públicas aprendidas en las  décadas de actividad política no bastaron para evitar expresar su inconformidad; en pocas palabras, y al final dejó salir su rabia. Se despidió con este sentido mensaje de por whatsapp a sus colaboradores más cercanos:

“Han sido 4 años muy difíciles pues no solo no encontré en el gobierno el espacio que quería para hacer tantas cosas por Colombia como soñábamos, sino que además como ustedes saben, hemos sido víctimas de toda clase de ataques, de calumnias y maltrato con un claro interés político, pero sin contar jamás con la solidaridad al interior del gobierno.  No obstante, los desafíos y momentos difíciles, no he dejado de trabajar ni un solo día por esas causas que soñábamos y que siguen teniendo validez por Colombia.”

El empalme en la casa de la vicepresidencia con su sucesora Francia Márquez, y a la hora de expresarle, de nuevo no disimulo sus sentimientos profundos por los sin sabores de su rol y le dio más de un consejo para no dejarse ningunear por el Presidente Petro, evitándole repetir su aburridora historia de cuatro años en el corazón del poder pero limitada a actuar.

Las cosas entre Iván Duque y Marta Lucía Ramirez  terminaron como comenzaron: dando la apariencia de armonía en las fotos, pero a sabiendas que el ambiente entre ambos era insoportable. Hasta el último día  y adportas del nuevo gobierno, el mismo 7 de agosto del 2022 hicieron todo lo posible por evitarse.

 

 

 

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