Marchas y protestas del primero de mayo: dos capítulos de una misma realidad

Una perspectiva a raíz de la conmemoración del Día Internacional del Trabajo

Por: Jorge Buitrago Puentes
mayo 04, 2021
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Marchas y protestas del primero de mayo: dos capítulos de una misma realidad
Foto: Las2orillas / Leonel Cordero

Tradicionalmente el primero de mayo se ha celebrado en todo el mundo como un triunfo de los trabajadores sobre los opresores patronos y sistemas explotadores de producción. Colombia ha tenido una tradición importante en estas conmemoraciones desde los inicios del siglo XX.

De esta manera, a lo largo del siglo pasado, y producto de los avances obtenidos en la OIT (a través de sus distintos acuerdos y convenios) y de la evolución del derecho laboral (producto de las confrontaciones entre el desarrollo económico capitalista, defendido por empresarios y las organizaciones sindicales con influencias ideológicas variadas, desde la izquierda marxista, doctrinas liberales, hasta la influencia de la doctrina social de la iglesia católica), el primero de mayo ha tenido una significación vital para el mundo del trabajo.

En este escenario las celebraciones de esta fecha se han desarrollado de distintas formas, pero especialmente con desfiles y marchas en las principales avenidas de las ciudades del país que parten de distintos puntos hasta las plazas principales; que para el caso de Bogotá es la Plaza de Bolívar, sitio de terminación histórico de los desfiles.

Dichas actividades son financiadas por las mismas organizaciones sindicales y cuentan con los respectivos permisos oficiales, a los que están obligados los gobiernos como garantía del ejercicio del derecho de asociación sindical, y que incluso tenían el apoyo de algunos gobiernos que apoyaban la actividad sindical y de destacados políticos que acompañaban las marchas sindicales, como en su momento lo hizo Jorge Eliécer Gaitán, pero que eran excepciones en gobiernos que en su mayoría han sido poco afectos al movimiento sindical por su claro origen empresarial y oligárquico.

Durante el desarrollo de las marchas o desfiles de los sindicatos y sus trabajadores se observan distintas manifestaciones de protesta y carnaval. Se escuchan voces y consignas en contra de los gobiernos represores de las acciones sindicales, de las dificultades de la negociación colectiva tanto del sector privado como público, de las dificultades de la seguridad social, especialmente de la salud, y de las problemáticas de la educación. Se escuchan gritos de “abajo el imperialismo yanqui” o del “neoliberalismo”, lo mismo que a los gobiernos afectos a las directrices de los organismos internacionales de la banca y que en las últimas décadas han ido acabando con varios derechos y conquistas laborales.

Todas estas protestas se materializaban en afiches, banderas, pendones, chapolas y periódicos de las distintas organizaciones, especialmente de izquierda, dirigidas a crear conciencia de la clase trabajadora.

Pero también se vive un ambiente de carnaval y de fiesta, donde participan los trabajadores y sus familias en eventos musicales, bailes, y toda una serie de encuentros culturales y artísticos que tienen desarrollo durante las marchas y en la tarde vienen las celebraciones etílicas y gastronómicas después de terminar las actividades programadas.

De esta manera todos los trabajadores se hacen una sola masa en el marco de una fiesta, sin distingo ideológico, ni partidista, tanto del sector privado como público. Hoy esa participación ha disminuido en el sector privado producto de la desaparición de muchas empresas y sindicatos, quedando reducida la fuerza sindical al sector oficial y especialmente a los educadores y los pocos sindicatos del sector privado que han resistido los embates del neoliberalismo.

Una vez llegan y llenan la plaza de Bolívar varias veces, los más juiciosos atienden los discursos de los dirigentes de las centrales obreras, que haciendo gala de grandes oradores, denuncian los atropellos de los gobiernos, de los patronos, la pérdida de derechos y las violaciones a la actividad sindical, de las imposiciones de organismos bancarios internacionales, cuando no el asesinato y despido de dirigentes sindicales.

Como anécdota, recuerdo que en varias ocasiones, encontrándome participando en estas marchas, fui víctima de los cosquilleros que me robaron dos celulares. Los cacos encuentran la oportunidad de trabajar esos días. Y la otra anécdota muy simpática y diciente que vi varias veces fue la pelea que daban varios dirigentes sindicales por el uso del micrófono en la tarima para dirigirse a los asistentes.

Hasta acá todo normal. Es el primer capítulo de las marchas y protestas.

Desde hace algunos años, la participación de otros actores en el aniversario del primero de mayo ha sido evidente especialmente de jóvenes estudiantes de bachillerato y universitarios que se suman a las marchas y protestas y otros grupos extraños en estos escenarios, como metaleros, que se visten todos de negro y son amenazantes en sus formas, y otros más que se enmascaran, y de algunos pocos antisociales que van a aprovechar el momento para hacer desmanes y robos. En fin son diversos grupos que por lo general llegado el medio día empiezan a desarrollar el segundo capítulo de esta celebración cuando ya los sindicatos y los trabajadores han terminado la jornada.

Vienen las provocaciones de parte y parte entre los vándalos y policías camuflados que con el transcurrir de las horas termina convirtiendo la conmemoración del día del trabajo en un escenario de una micro guerra entre la policía especializada en disparar contra jóvenes inermes e indefensos con graves consecuencias a la integridad física y la vida de muchos jóvenes.

Al otro día los grandes medios de comunicación, especialmente los afectos al gobierno de turno, destacan el lado oscuro de la celebración por sobre el contenido de las protestas.

Así las cosas, se desarrollan dos capítulos de esta celebración. En el primero hay una combinación de fiesta, de carnaval, de encuentros solidarios y fraternos combinado con la protesta expresada en carteles, afiches, gritos, discursos y denuncias. Y un segundo capítulo que se desarrolla a partir del mediodía con otros actores y otras formas de expresión que terminan en violencia.

Teniendo en cuenta que esta fecha es en esencia de contenido político llama la atención como en las últimas décadas los discursos de los dirigentes sindicales de las centrales obreras han estado dirigidos a la denuncia de las políticas neoliberales, la pérdida de derechos y de conquistas sindicales que no han pasado del discurso retórico y la acción ineficaz. Mientras los gobiernos han sido implacables en la adopción del modelo económico neoliberal y la aplicación de políticas laborales lesivas para todos los trabajadores tanto del sector privado como público.

Las marchas y las protestas no son sino una mera representación simbólica del inconformismo social sin ningún efecto político en la práctica. Son actividades ineficaces en el entendido que no han detenido las políticas laborales regresivas de los últimos gobiernos neoliberales ni han contribuido al surgimiento de nuevos derechos.

Tal vez sea esa la razón que motive el desarrollo del segundo capítulo de las protestas. Que se entendería como un relevo de esta en la toma de las banderas de la causa sindical por grupos de jóvenes insatisfechos, e impotentes ante las nuevas realidades laborales que les ha tocado vivir, sumado a otros factores estructurales del conflicto social que son el detonante de la violencia de esas horas de protesta.

Lo sucedido en recientes días no fue la excepción a pesar de las circunstancias de la amenaza de la pandemia, la ira ciudadana fue superior al enemigo invisible de esa otra guerra contra la peste del COVID-19.

Los trabajadores y los sindicatos marcharon pacíficamente en horas de la mañana y en horas de la tarde la protesta paso a los hechos violentos protagonizados por diversos actores ya comentados que hacen catarsis del desespero del gobierno indolente, insensible y que no atiende las voces que históricamente han buscado mejores condiciones de trabajo y de vida digna.

La desesperanza de los jóvenes, del alto desempleo profesional y no profesional, de la falta de estabilidad laboral, de seguridad social, y de la explotación moderna de los contratos de prestación de servicios, de la violencia en contra de los líderes sociales, de la inequidad y de la corrupción amén de otros factores estructurales son los factores detonantes de la violencia y no solamente el proyecto de reforma tributaria.

De esta manera para el primer capítulo de estas celebraciones se legitiman unas burocracias sindicales y se oxigena a unos gobiernos que posan de democráticos porque permiten las marchas y las protestas mientras los derechos laborales se pierden cada vez más. La última estocada fue el decreto 1174 del 2020.

Al momento de escribir esta nota el presidente comunica que retira la reforma tributaria, que en consonancia con lo dicho anteriormente deja la impresión que solo la protesta violenta forzó al gobierno a cambiar las cosas. Según medios internacionales en estas protestas se cometieron 20 asesinatos y millonarias pérdidas en la destrucción de bienes públicos y privados, pero lo lamentable es la pérdida de 20 vidas.

Es decir, que se envía el pésimo mensaje que es más eficaz la protesta violenta que las marchas simbólicas para que el gobierno retirara la lesiva reforma tributaria y se escuchen las voces del pueblo en el diseño de una nueva reforma y otras problemáticas estructurales.

Y mientras tanto los debates en torno a los grandes temas laborales quedaron suspendidos y ojalá no olvidados, como la anunciada reducción del estado con ánimo revanchista y unilateral, la derogatoria del decreto 1174 del 2020, las implicaciones y los impactos de la cuarta revolución industrial en el mundo del trabajo, el impulso de la economía y la creación de nuevos puesto de trabajo decentes, la privatización de la función pública, la corrupción y el clientelismo avasallador.

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