El 29 de diciembre tuvo lugar en Mar-a-Lago, la residencia de Trump en Florida, la cumbre entre el presidente de los Estados Unidos y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Llama la atención que en menos de un año los dos personajes se hayan reunido en seis ocasiones, cinco de ellas en los Estados Unidos, adonde el premier israelí llega como a su casa.
Los medios divulgaron la rueda de prensa final, en la que Trump lanzó severas amenazas contra el gobierno y las autoridades iraníes, a los que conminó a detener su programa nuclear y a cancelar su producción de misiles, de los que ya se conoció, por la llamada guerra de los doce días, en junio del año anterior, que resultan irresistibles para Israel y su aliado norteamericano.
Llamó la atención también que, en el contexto de la misma reunión, Trump hiciera alusión a Venezuela, refiriéndose a una supuesta poderosa explosión que se había cumplido contra muelles de ese país, en los cuales se embarcaban drogas. Aunque no hubo más detalles, la afirmación generó desconcierto. Las referencias de ese día a Irán y Venezuela no se pueden olvidar.
La actual presidenta venezolana, Delcy Rodríguez, recién sucedidos los hechos, no descartó la participación de los servicios de inteligencia israelíes en la agresión norteamericana del 3 de enero, cuando además de los bombardeos a diversas instalaciones, comandos de fuerzas especiales secuestraron y condujeron hacia Nueva York al presidente Maduro y su esposa.
En acciones así ha demostrado su experticia el Mossad. Aún se recuerdan las curiosas coincidencias en el modo de operar de quienes prepararon la repentina agresión ucraniana del año anterior, contra la base en que Rusia mantenía algunos de sus bombarderos, y la operación para descabezar la jefatura militar iraní cuando Israel inició su ataque del año pasado contra ese país.
En ambos casos se emplearon drones, no sólo para atacar, sino también para cumplir labores de inteligencia. Lo sucedido en Caracas y algunos otros puntos cercanos durante la noche del secuestro de Maduro y su esposa tiene ingredientes semejantes. Es lógico pensar que en el encuentro de Netanyahu y Trump se finiquitaron los planes contra Venezuela e Irán.
Es evidente el plan de acción contra la revolución islámica. Se recuerda que inmediatamente se produjo el ataque de Israel en junio del año pasado, Netanyahu dirigió una proclama al pueblo iraní, invitándolo a alzarse para derrocar su gobierno, con las socorridas apelaciones a la libertad y la democracia, tan de gusto del lenguaje de Washington.
Para fines de diciembre ya habían comenzado en Irán unas protestas atribuidas a la difícil situación económica que atraviesa ese país, en el que, como consecuencia de las sanciones económicas de los Estados Unidos, su moneda sufre una rapidísima devaluación, generando inmediatamente una enorme inflación y, desde luego, graves angustias económicas para su población.
Las protestas en algunos puntos de Irán no tenían el carácter de un levantamiento civil generalizado, pese a lo cual Trump y la gran prensa de Occidente las presentaron de manera magnificada
Las protestas en algunos puntos de Irán no tenían el carácter de un levantamiento civil generalizado, pese a lo cual Trump y la gran prensa de Occidente las presentaron de manera magnificada. El presidente norteamericano volvió a amenazar a Irán, afirmando que, si se reprimían las protestas y había muertos, los Estados Unidos no vacilarían en bombardear al régimen.
Música para los oídos del señor Netanyahu, quien nunca ha dejado de soñar en que los Estados Unidos entren en guerra contra Irán para poder acabar por fin con su rival en el Oriente Medio. En esta ocasión sería lo contrario de junio, primero el levantamiento de la población y enseguida la agresión militar que daría el golpe de gracia final.
Llama la atención que la prensa internacional otorgue un enorme despliegue al hijo del último Sha, adicto a Washington, posicionándolo como el hombre que regresará la democracia a su país. No olvidemos que al Sha Reza Palevi lo subieron los Estados Unidos en 1953, con un golpe militar patrocinado por la CIA, contra el gobierno nacionalista de del primer ministro Mosaddeq.
A ese Reza Palevi impuesto fue al que derrocó la revolución iraní de 1979. Pretender que un hijo suyo vuelva a gobernar Irán es una infamia. Pero es lo que anhelan los Estados Unidos e Israel. En ese sentido, las autoridades iraníes revelan que tras las protestas violentas se encuentra el servicio de inteligencia israelí, del cual han capturado ya numerosos agentes en estos días.
Gobiernos y prensa occidentales omiten dar cuenta de las inmensas movilizaciones en Teherán y otras ciudades iraníes en respaldo a su gobierno legítimo. Como no hablan de las que ocurren en Venezuela reclamando la libertad y el regreso de Maduro. Desde los tiempos de Chávez la revolución bolivariana ha declarado su abierta condena al sionismo de Israel.
La amistad entre las revoluciones bolivariana e islámica no pasa desapercibida. Las cumbres Trump -Netanyahu apuntan siempre a descabezar a los pueblos dignos que los confrontan.
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