En Chulucanas, en el norte peruano, Robert Prevost dejó de ser gringo. Aprendió el castellano, pero sobre todo aprendió a conocer la comunidad. Fue sacerdote, formador, misionero agustino. Y aunque se dice que Estados Unidos tuvo papa, él pertenece más a este hemisferio. En Chiclayo recuerdan que caminaba solo, sin escolta, que compartía café con los vecinos, que no olvidaba los nombres. Tal vez por eso, cuando dijo “avancemos hacia adelante, sin miedo, de la mano de Dios”, no sonó a consigna. Sonó a compañero, a amigo de los latinos.
El viernes 6 de noviembre inició su viaje de doce días por Sudamérica, apenas tres semanas después de una operación en la que le extirparon un tumor y parte del pulmón derecho.
Su recorrido maratónico incluye 36 discursos y 14 vuelos en su etapa de recuperación. Llegó primero a Uruguay, el país más laico de este continente, luego va a Argentina, el domingo 8, entre las reformas de Javier Milei; y finalmente, el 11 de noviembre, a Perú, donde trabajó durante 20 años, con algunas interrupciones, como misionero, voluntario y obispo.
El pontífice tuvo el sábado su agenda más larga en Uruguay. En Montevideo recorrió a pie el barrio Casavalle, uno de los más pobres de la ciudad, cantó con los miles de presentes uno de los cánticos más conocidos de la iglesia, compartió con algunos sus dolencias y desde la silla al lado del cardenal Daniel Sturla, parecía más un párroco cercano con su rostro afable que el pontífice de la Iglesia.. Es uno de los nuestros, se oyó decir.

Antes había celebrado misa en Paysandú y luego de Casavalle se reunió con representantes del mundo de la educación en la Universidad Católica Argentina. Su agenda terminó por la noche con una vigilia de oración en el Estadio del Centenario, donde alrededor de 60.000 personas lo esperaban desde temprano. Allí cuestionó el repliegue de la fe y alentó a los jóvenes a casarse y formar hogares. “Atrévanse a dar el paso casándose y formando una familia. ¡No le teman al ‘para siempre’!”.
El mensaje de León XIV en este continente
León XIV llega a la región con un discurso centrado en la justicia social, ha tomado distancia de Donald Trump y ha protagonizado incluso cruces públicos con el presidente estadounidense.
En Montevieo, a su llegada, en la Plaza de la Independencia su mensaje tuvo también un carácter político al destacar la importancia de la paz y la búsqueda de acuerdos como vías para la resolución de las diferencias. Tambi´rn emitió un fuerte mensaje social enfocado en terminar con la exclusión social, combatir la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y atender crisis como la pobreza y la salud mental

El papa asume claramente defensa de la Doctrina Social de la Iglesia, que enfatizó poco antes de salir hacia este continente, sosteniendo que «no hay paz sin justicia y que la justicia social se reconoce por la capacidad de un orden económico y político que permita a cada persona vivir con dignidad.
Para recibir a León XIV en Argentina, las iglesias, parroquias y capillas de Buenos Aires, La Plata, San Juan y de todo el país hacen sonar sus campanas al unísono durante 10 minutos coincidiendo con el aterrizaje de su avión en el Aeroparque Jorge Newbery procedente de Uruguay) para celebrar su llegada. Porque el prontífice de 71 años probablemente sea el 'gringo' más querido de Sudamérica
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