Las Egerias del poder

Egeria es una ninfa que encarna una serie de valores, actividades y funciones que nos sirven hoy en día para comprender roles femeninos históricos; roles por superar

Por: Orlando Solano Bárcenas
septiembre 09, 2021
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Las Egerias del poder
Fotos: Wikimedia
A Vera, mi inteligente y admirada hermana
En la mitología griega el nombre de Egeria remite a la ninfa “del álamo negro”, una de las Camenas que formaba parte del séquito de la diosa Venus. Vivía en la fuente de Porta Capena, en Roma, y su principal función era la de ser protectora de las novias como futuras madres, al igual que de los partos. Egeria era novia, esposa o amante de Numa Pompilio, el Piadoso, el segundo rey de Roma, sucesor de Rómulo. Egeria hizo de él un rey justo, sabio, estratégico al haberle inspirado la legislación religiosa, lanzar conjuros, profetizar, ordenar el calendario y, sobre todo, dictar buenas leyes. Gracias a Egeria, Numa pasó a ser considerado un buen gobernante. Por esta labor, Egeria ha pasado a personificar el “poder detrás del trono”, una “eminencia gris”, siendo su nombre utilizado como epónimo de una “asesora” o “consejera”. Rol para superar por la mujer contemporánea, llamada a ser poder real, inmediato y necesario.

Mujer, mitología y cultura escrita 

La mitología ha sido objeto de diversas doctrinas. Se ha llegado a decir que el mito es la base de la filosofía por la profundidad de sus enseñanzas, la extensión y universalidad de mitologías en el curso de la historia y en la realidad de diferentes momentos del medio social de los pueblos. Más que por la racionalidad, los mitos deben ser comprendidos por el sentimiento. Egeria, por ejemplo, es una ninfa que puede corporeizar una serie de valores, actividades y funciones que podrían servirnos hoy en día para comprender roles femeninos históricos. Para el caso el de “consejera”, de “eminencia gris”, de “poder detrás del trono”. Roles, se repite, por superar.

Los mitos romanos 

Los dioses romanos no eran totalmente comparables con los dioses griegos, pero sí ayudados por estos. El panteón romano era un sistema muy desarrollado de leyendas, rituales, escuelas sacerdotales y un rico conjunto de mitos históricos sobre la fundación y auge de Roma por parte de actores humanos con ocasionales intervenciones divinas, como es el caso de, por ejemplo, Egeria y el rey Numa. Tenían los romanos dioses principales (Júpiter, Marte, Quirino, Jano Vesta) y dioses menores que representaban las necesidades prácticas de la vida diaria. Al culto primitivo estuvo asociado Numa Pompilio, de quien se creía que tuvo como consorte, novia o amante y consejera a la diosa o ninfa Egeria.

Sociología del mito 

El mito es aparentemente fábula, invención, ficción. Sin embargo, es mucho más: es un fenómeno complejo, lleno de posibilidades de enfoques en su estudio como hecho humano y social. Es algo más que historia sagrada, más que solo poesía, más que leyenda o utopías. Los mitos son narraciones de hechos ocurridos en un más allá de dioses, espíritus y seres sobrenaturales. El mito es intuición creadora. Los mitos están en las superestructuras sociales, en la cultura y en lo subjetivo. Son intemporales, ejemplarizantes, arquetípicos. Reflejan conductas, ideas y pensamientos. Son magia y racionalidad. Son emociones e intelecto. Son signo y significado. Expresan el inconsciente colectivo. El mito de Egeria expresa la importancia de la mujer en el rol de gobernante por interpuesta persona y anuncia el salto cualitativo a gobernante plena.

El mito es totalizador 

Los mitos son modelos de conducta individual o colectiva. Pueden vehicular una ideología, configurar la organización social de un pueblo, darle sus ritos. La naturaleza del mito es totalizadora. Es origen, moraleja, enseñanza. El mito de Numa-Egeria es origen, es fundacional; expresa una realidad humana, la del gobernante y su entorno, la de las instituciones y quienes las dirigen. La realidad de Egeria, ninfa de las fuentes líquidas y del conocimiento transmitido; y la realidad de Numa, rey necesitado de legitimar y afianzar su poder, su numen, con los dioses, por vía de Egeria.

El mito, entre lo divino y lo humano  

Los mitos están presentes en nuestra psique y en lo ancestral, rigiendo las creencias, costumbres, ritos y religiones de los pueblos. Es por esta razón que la mitología es esencial en la búsqueda de los inicios de las culturas en lo referente al ser, a la vida, la trascendencia, el destino, el viaje hacia la muerte, el más allá. Los mitos aparentemente son fábulas, alegoría, ficción, relato que remite a algo que está más allá de lo inmediato, de lo que parece irreal, fabuloso, invento, fantástico, onírico o quimérico. El mito cabalga entre lo real y lo irreal, entre lo divino y lo humano, entre lo mortal y lo inmortal, entre lo inventado y lo histórico, entre lo divino y lo que se da en el plano de la naturaleza, pero estando siempre presente (por lo menos en lo grecolatino), un fondo o legado de la cultura indoeuropea, que se ha adaptado a las circunstancias y los eventos históricos de cada pueblo para poder unir lo histórico con lo sacro. Egeria es el mito, Numa es la historia. Aspasia flota entre el mito y la historia, Pericles es ya historia documentada.

Mitología y simbolismo del álamo negro, aplicable a Egeria 

En muchas culturas a lo largo de la historia se le han atribuido propiedades curativas y místicas al álamo o chopo (el árbol de la valentía), cuyas ramas eran utilizadas para espantar los malos espíritus, como en Japón, o a los muertos de Hades, como en Grecia. Egeria fue relacionada con este árbol y de allí sus poderes mágicos, misteriosos y taumatúrgicos para beneficio del poder de Numa. Lo propio de una ninfa Camena.

Las Camenas en la mitología romana 

Eran Náyades o ninfas acuática, sabias y proféticas que habitaban en los manantiales, pozos y fuentes de Roma, cerca de Porta Capena. Se les rendían en los bosques cultos oraculares y la fiesta de las Carmentalia. Sus aguas milagrosas (como la diosa Diana) daban fertilidad a las novias como futuras madres. Eran cuatro: Carmenta, Egeria, Antevorta y Postvorta. Para sus ritos, las vírgenes vestales sacaban agua de sus manantiales. Egeria, en su condición de ninfa de las aguas y dadora de sabiduría, aconsejaba en entrevistas secretas al rey Numa para hacerlo sabio y buen gobernante. Privilegio de pocos gobernantes contemporáneos que sí tuvieron, Constantino 1º con Teodora de Bizancio, al igual que Rafael Núñez con Soledad Román. También la propia Isabel Perón, saltando de Egeria a Numa. Posición esta última no lograda por Evita.

La veracidad del mito 

El mito es algo serio, pero hay que saber leerlo para encontrarle su veracidad en la respectiva cultura y también la universalidad que trasciende como orden y búsqueda de la armonía entre lo divino y lo terrenal y entre las fuerzas del mal y del bien; es la búsqueda de la ley que asegure el orden y establezca o restablezca la justicia. Es decir, la función de Egeria y sus equivalentes en otras culturas, función de aconsejar o de legislar por interpuesta persona; para el caso, en bien de Roma.

Origen de Egeria 

Olímpica, Egeria fue considerada hija de Zeus. Espíritu divino, animaba la naturaleza. Hermosa y desnuda doncella al lado de Venus, es cantante, hábil bailarina de cabellos color del mar, habitante de fuentes y grutas, longeva, mas no inmortal, y objeto de sacrificios. En la gruta donde se reunía con Numa teje prendas de color púrpura y le dicta las leyes de Roma. Enamorada del gobernante, no acepta requiebros ni avances de sátiros lujuriosos. Es de anotar que entre ella y Numa se da lo que es una constante en los mitos fundacionales griegos, el matrimonio simbólico de una ninfa y un patriarca epónimo del pueblo, en este caso, de Roma. De esta unión en gran parte le va a surgir a Numa la autoridad de rey arcaico, que luego se extendería a su linaje. En razón de su rol de dadora de sabiduría, Egeria es considerada divinidad del conocimiento intelectual y… del político. Ambos tan escasos hoy en día en ciertos gobernantes sonsos, apocados o poltrones.

La gruta de la ninfa Egeria 

Diosa de las fuentes, y de los partos -como Artemisa-, además ninfa del bosque de Aricia, Egeria ayudaba a la diosa Diana en los alumbramientos. Novia, consorte o amante de Numa Pompilio, el Sacerdote-Rey sucesor de Rómulo, Egeria lo aconsejaba, lo iluminaba y le ayudaba en “alumbrar” sus leyes. Reunidos diariamente en torno de un manantial, conversaban animada y profundamente, a veces rodeados de las nueve musas inspiradoras de la poesía, la música, la danza, la astronomía y otras artes. Numa, embelesado, aprendía de todo. Por ejemplo, a reorganizar el calendario litúrgico romano, al fijar las fechas de las festividades dedicadas a cada dios, al señalar las ceremonias y la legislación que fuese oportuna. Como Teodora con Constantino. Como Letizia Nazareno, con el Patriarca en su otoño. Como doña Soledad con Rafael. Como tantas hetairas, geishas, favoritas y damas de alta compañía que han influido en la historia.

Personificación de Egeria en su calidad de ninfa 

Egeria lo era de actividades creativas y alentadoras de la naturaleza, identificadas con el flujo dador de vida de los manantiales en un lugar determinado, para el caso, en “su” fuente. En Grecia, “ninfa” significaba “novia” y “velado”; es decir, una joven en edad de merecer el matrimonio y tal vez de quitarle el velo del pudor. Egeria, en tanto que ninfa, era considerada como un “capullo de rosa” griego; latinizada, se le reforzó su calidad de ninfa de un manantial del Lacio en compañía de Juturna, Carmenta y Fonto. Entonces, medio acuático-fluvial y gruta como hogar, hicieron de Egeria la personificación de la contemplación y éxtasis de la naturaleza, “fuente” de inspiración poética de quienes bebían de ellas, así como dotada de poderes proféticos u oraculares al servicio de adivinos o sacerdotes inspirados. Por sus poderes proféticos, Egeria fue relacionada con Apolo, el dios profético, y gracias a este don pudo ayudar a Numa a interpretar los abstrusos presagios de los dioses y hasta orientarlo para que pudiese vencer al propio Júpiter en una batalla de ingenio. Feliz Numa, amado y bien aconsejado. Amado Simón por la “dulce” Manuela, pero ¿bien aconsejado?

Egeria y Vegoia, lectoras de rayos y centellas 

Por su papel de profetisa y autora de "libros sagrados", a Egeria se la podría comparar con la figura etrusca de Vegoia, dos ninfas que dan las claves que permiten interpretar el significado de los relámpagos, vistos como mensajes de algunas deidades. Encargadas de señalar los métodos religiosamente correctos de fundar ciudades y santuarios, de cómo drenar los campos, formular las leyes y ordenanzas que presiden la propiedad de la tierra, las obras hidráulicas, medir el espacio, marcar las tierras y las fronteras y dividir el tiempo, igualmente tenían estas dos ninfas la facultad de inspirar a sus respectivos gobernantes en el uso del poder supremo. O, tal vez robándoles los oráculos y arcanos del poder mediante “leyes de alcoba”, como Letizia Nazareno con el otoñal patriarca de García Márquez.

Egeria, adivina, sibila, profetisa de partos, destinos y buenas leyes  

Al igual que otras deidades oraculares romanas -como Carmenta, las Parcas, Fauna, y Fortuna- Egeria también gozaba de la femenina facultad natural (perdón Flora o Florence) de adivinación que todas ellas practicaban en los cortejos fúnebres (actividad poco viril y prohibida a los varones) o cuando llevaban ante los dioses las suplicaciones de los humanos. Entonces, partos, adivinación y profecías -sobre todo del futuro de los recién nacidos- iban juntos como si fuesen obra de sibilas. He aquí dos actividades consideradas “peligrosas” por el Estado romano -cuando eran practicadas por mortales- por ser vistas por el poder como manifestación de “dementia”, es decir, de privación de “mens” o locura. Las palabras mánticas de conjuros y plegarias que Egeria le dirigía a Numa en sus encuentros nocturnos y bajo el arrullo de las aguas de su fuente -en el interior de “cueva profética”-, tenían el poder de iluminarlo en sabiduría y anticipación de eventos propios de gobierno. Arte de Egeria muy diferente al de cierta “ninfeta” con botas y a caballo que “descompusiera” a los gestores de una gran república.

Numa, amante de Egeria y amigo de Pitágoras, dos influencias 

De Numa se dice que fue amigo y familiar de Pitágoras (siglo VI a. C.) y que este le ayudó a coordinar su reino dándole una filosofía política basada en artilugios, artificios y acciones prodigiosas acordes con los dogmas pitagóricos, sobre todo con ese que afirma -sin admitir discusión- que   lo primero, el principio o el comienzo de las cosas no era sensible o pasible, sino invisible, incorruptible e inteligible. Hacia el 180 a. C. se encontraron en Roma los llamados Libros de Numa -que han sido considerados como apócrifos-, y manifiestan cómo las enseñanzas del pitagorismo se extendieron por la península itálica. En todo caso, esta escuela admitió con gran liberalidad la presencia de mujeres en sus escuelas, algunas de ellas llegando a ser filósofas y no deja de llamar la atención el gran influjo que tuvo Teáno, la brillante esposa de Pitágoras -y la primera matemática de la historia- sobre este, y de tal manera que lo sustituiría después de su muerte. Gobernantes machistas del mundo contemporáneo no han sabido rodearse de Egerias ilustradas e inteligentes, peor, no han sabido entregarles simple y llanamente el poder.

Como Yahvé a Moisés, Egeria hizo entrega a Numa de las leyes romanas 

Cuenta Voltaire en su Diccionario Filosófico que al observa Numa que los romanos constituían una banda de delincuentes impenitentes, les hizo creer que en una caverna hablaba con la ninfa Egeria y que esta le había entregado un conjunto de leyes de parte de Júpiter. Los senadores le trataron de blasfemo y le amenazaron con despeñarle desde la roca Tarpeya. Empero deseando Numa crearse un partido numeroso, atrajo con regalos a los senadores, que fueron con él a la gruta de la ninfa Egeria donde ella les habló con gran elocuencia convirtiendo al Senado y al pueblo a la nueva religión y a las nuevas leyes. Desde entonces Numa ya no fue “blasfemo”, lo fueron los que dudaron de la existencia de la ninfa Egeria.

Numa y el calendario 

La necesidad o el poder, lleva a los gobernantes a ser conscientes de ordenar el tiempo mediante el calendario y es así como ordenan los días, los meses, los horarios y en general el reparto de los ciclos del sol y la luna. Al ver Numa que el tiempo heredado de los gemelos luvetones era bastante desordenado, se dio a la tarea de arreglar -con mayor fortuna- el calendario y es así como estableció meses de 20 días, otros de 35 y más, al igual que años de 360 días. En desarrollo de esta empresa, mudó Numa el orden de los meses: marzo, dejó de ser primero y lo pasó a tercero; y enero, que era once bajo Rómulo, a primero; y febrero, que era último, lo pasó a segundo. El tiempo en la antigüedad era un incordio y cupo a Numa -siempre aconsejado por Egeria- comenzar a racionalizarloNo pocos gobernantes de hoy en día, del tiempo solo saben cómo hacer para trastocarlo, cambiando los períodos señalados por los antes sagrados textos constitucionales

Egeria, orienta a Numa hacia el pacifismo 

Gracias a Egeria, Numa a unos romanos rústicos, díscolos y belicosos los sacó del “guerrerismo” de Rómulo, enseñándoles a trabajar por la paz, e inculcando a tan rupestre pueblo el respeto por las leyes divinas, los rituales, la nueva clase de sacerdotes, no adorar imágenes ni estatuas o hacer sacrificios cruentos, el nuevo calendario, combatir la peste y ser en general buenos ciudadanos. Tanto es el mérito de pacifista de Numa que, cuando los romanos le pidieron que los gobernara, él les respondió que más que hombre de paz como él lo que necesitaban era un general experto. Fue así como pudo disolver la nutrida guardia personal de Rómulo de 300 soldados y ordenar construir un templo con dos puertas, a las que llamaban los romanos puertas “de la guerra”, porque era de ley que estuviesen abiertas cuando hubiese guerra, y que se cerrasen una vez hecha la paz. Bajo el reinado de Numa ni un día siquiera se vio abierto ese templo, sino que por cuarenta y tres años continuamente se mantuvo cerrado. La paz de Numa se extendió a las ciudades circunvecinas. Cierto vecino de Colombia solo mantiene abiertas las suyas porque, a falta de una Egeria le sobra una arpía.

Numa, fomenta la agricultura como instrumento de paz 

Conocedor Numa de los conflictos que siempre ha traído la posesión y propiedad de la tierra, edificó los templos en honor de la Fe y del Término, a fin de honrar los juramentos y los mojones de los linderos que delimitaban la propiedad y las fronteras. Término, el dios inmortal de la paz y el testigo de la justicia, es honrado por Numa que ordena el apeo -deslinde- de todo el territorio romano, para señalar los límites del reino y del poder ejercido por Roma sobre su territorio; así mismo, hace el apeo de los terrenos entregados a los ciudadanos más necesitados -pagos-, como principio de justicia social, erradicación de la pobreza y fomento de la agricultura. El hábil Numa sabía -orientado por su musa- que con el reparto de tierras hacía propietarios aferrados y prestos a defenderla con la vida. La agricultura debía ser, en las políticas de Numa, instrumento de paz; no en vano Egeria, su consejera, sabía del valor de bosques y aguas, ignorancia en la que se mantienen gobernantes contemporáneos sobre el reparto justo de la madre tierra, de la casa Común. No todos son sabios para hacerse a una hábil consejera, mejor, para entregarles el poder.

Numa, fomenta la producción urbana para mantener la paz social y algo más 

Con tino de gobernante, Numa distribuyó a las clases populares por “oficios” con miras a racionalizar la producción; también, para evitar las facciones de partido. Con esta estrategia de avisado gobernante supo que, al dividir la masa en diferentes secciones, le quitaría fuerza. A partir de este fraccionamiento, aparecieron los gremios de los músicos, los orfebres, los maestros de obras, los tintoreros, los zapateros, los curtidores, los latoneros y los alfareros, y de las demás artes. Ya agrupados, hizo a cada uno “cuerpo”, comunidad, con juntas directivas y dios propio. Mediante esta operación de reclasificación social y por oficios -gracias a Egeria-, Numa hizo desaparecer las “etiquetas” de Romanos, Sabinos, Tacios, y otras de los pueblos asimilados o conurbados. Así reinó la paz generalizada, tan esquiva a gobernantes de hoy en día, cooptados por los acaparadores de tierras, esos que antes llamaban latifundistas de feudos improductivos.

Egeria, orienta a Numa en materia de ritos religiosos 

La ninfa indica a su amante cómo redactar nuevos rituales y crear una nueva clase de sacerdotes, los Salios y los Feciales, llamados por él “pontífices”, siendo él mismo Pontífice máximo. Es decir, adquiere Numa y sus sacerdotes la calidad de “potens” o poderoso, de “hierofante” -de intérprete y profeta- encargado de dirigirlos en el ofrecimiento de los sacrificios públicos y privados a los dioses. A los Feciales les encomienda proteger la paz, disipando las contiendas mediante la aplicación de la justicia, la persuasión y la reparación; sin embargo, de no lograrse todo esto, quedaba solo la guerra.

Numa y las Vestales 

Numa, siguiendo las influencias de los pitagóricos, estaba encargado de vigilar a las vírgenes sagradas o Vestales, que eran las encargadas de velar y venerar el fuego inmortal e incorruptible, por ser ellas puras y virtuosas como lo eran Gegania y Berenia, y después Canuleya y Tarpeya. Para darles esta función, edificó un templo redondo -como el universo- en honor de Vesta-Mónade.

Numa, sin ser estalinista, organiza la familia 

Consciente Numa de los males y abusos que el derecho absoluto de los padres sobre los hijos era fuente de injusticias, nuevamente aconsejado por Egeria, reformó la ley que concedía a los jefes de hogar el derecho de vender los hijos. De esta facultad sin límites exceptuó a los hombres casados, siempre y cuando el matrimonio se hubiese realizado con aprobación o por mandato del padre. No quería entonces el sabio legislador que una mujer casada tuviese como esposo a un esclavo. Ve el mundo contemporáneo, con absoluto horror y desprecio, cómo ciertas culturas y gobernantes azotan, lapidan a sus hijas sin siquiera poder verles el rostro de dolor un público complaciente o impedido por el miedo.

Inspirado por Egeria, Numa escribe los famosos libros sagrados 

Los pitagóricos, no plasmaban por escrito su doctrina. La transmitían vía oral a sus discípulos. De ser cierto que Numa recibió influencias pitagóricas, cabe esta pregunta: ¿Fue infidente Numa? Tal vez no, porque fue una diosa, Egeria, la que se los dictó. Cuatro siglos más tarde y luego de su muerte, una lluvia torrentosa sacó a la superficie tanto la caja que contenía el cuerpo de Numa (¡que no estaba!), como la de los libros -doce hierofánticos y doce filosóficos-.  Reunidos los sacerdotes, sobre la ausencia del cuerpo aumentó la santidad y sobre los libros se ordenó quemarlos en el Comicio. Teáno y Egeria, esposas o amantes, supieron inspirar a dos grandes pensadores y hombres de acción. Nicolasa y Bernardina, las dulces chicas de Ocaña, no tuvieron la suerte de ser las Egerias de dos hombres descompuestos por una “musa” muy imprudente.

Numa y el derecho romano 

La obra política y legislativa de Numa perduró en varios aspectos, destaca en el derecho romano, que es el conjunto de normas y principios que rigieron a este pueblo desde Rómulo y Remo, hasta la decadencia con la muerte de Justiniano en 565 d. C. Desde la Monarquía (753 al 510 a. C.) este derecho ha influido enormemente en diferentes familias jurídicas del mundo. En sus comienzos tuvo mucho de mitología y poco de “estatal” y sí más de doméstico. Pero con la llegada al poder de Numa, entronizado con la aprobación de los dioses y el Senado (consejeros) en calidad de Máximo Pontífice, jefe del Ejército y Supremo Juez vitalicio, ese derecho alzó vuelo hasta nuestros días. Es la llamada familia romano-germánica del derecho.  

Numa, poderoso, pero limitado sabiamente en su ejercicio por Egeria 

El Imperium de Numa le concedía funciones políticas que le daban derecho a convocar la Comitia Curiata, y presidirla. A Numa le correspondía designar los miembros del Senado, dirigir las legiones y decidir sobre la guerra y la paz; como juez enviaba a los delincuentes ante los jueces por los delitos políticos o religiosos que atentaran contra la seguridad del Estado; y como administrador establecía los impuestos y los tributos. Aconsejado por el Senado, Numa convertía en leyes lo que ese cuerpo de ancianos dictaba con autorictas patrum. Claro que previamente instruido por Egeria en la moderación del mando, y a diferencia de tantos “supremos” que hoy en día maculan la majestad del poder con desmesurada hybris y ladina prepotencia. 

Numa, sabio, mas también astuto 

A comienzos de su reinado, algunos nobles, envidiosos o escépticos, cuestionaron la relación de Numa con Egeria. Inteligente, el rey no se dejó influenciar y confió en el consejo de su amada novia, quien lo instruyó en el arte del ardid, la treta, la estratagema, la argucia y la astucia en política. Es así como en cierta ocasión en que los nobles trataron de desconocer su amistad y consejo con Egeria, Numa los llamó a su modesta, sobria y patriarcal casa y frugal mesa. Los invitados, siempre prevenidos, se burlaron de tanta frugalidad y estoicismo. Numa, sin pestañear, les dijo que regresaran horas más tarde. Allí fue la apoteosis: ahora la humilde y sobria casa era espléndida mansión, la mesa nutrida y el vino espirituoso con aroma de ambrosía. Todos dijeron al unísono: es obra de Egeria. Desde esa noche, ella pasó a ser aceptada como diosa y consejera del bueno del rey Numa.

Numa, listo como siempre, se vale hasta de los dioses para gobernar 

En momentos en que todavía los nobles no aceptaban su reinado o cuestionaban a Egeria, Numa demostró nuevamente su astucia en el siguiente evento: Intempestivamente cayó del cielo una rodela (escudo) en manos de Numa quien, de manera astuta, dijo que Egeria y las Musas se la habían hecho llegar para salvar la ciudad y por lo tanto había que mantenerla bien protegida, para lo cual ordenó hacer otras once exactamente iguales para protegerla confundiendo a los ladrones. Además, exigió que debía consagrársele el terreno, la fuente, la gruta y todo el bosque donde se reunía a charlar con Egeria y que las aguas de la fuente debían ser consagradas y dedicadas a las vírgenes vestales. Cuenta la leyenda que la peste cesó inmediatamente. Los milagros de Numa y Egeria fueron aceptados por la gente lo que afianzó su poder, haciendo que todas sus políticas, leyes y decisiones administrativas fuesen recibidas con beneplácito y, a diferencia de tantos gobernantes caco o “milagrosos” en hacer desaparecer el erario…

Numa, vivales, descifra enigmas 

Durante el reinado de Numa hubo un año de hambruna en el que se perdió la fecundidad de los campos y los animales. Numa consultó a Fauno, el dios protector de los animales, los campos y los bosques, que también tenía la capacidad de otorgar oráculos; la respuesta, como siempre, fue enigmática: "Oh rey, debes apaciguar a Tellus con la muerte de dos vacas, pero sacrificar una y hacer que proporcione dos vidas." Egeria le reveló a Numa el significado: "Te preguntó sobre las entrañas de una vaca preñada." Numa siguió el consejo y ofreció las entrañas de una vaca preñada: el hambre cesó y la tierra y los animales volvieron a ser fructíferos. Cuán diferente Numa a cierto dictador de un país sudamericano que, en lugar de sacrificar vacas a los dioses, las encerraba en sus potreros aupado por su hija…

 Muerte de Numa Pompilio y llanto de Egeria 

Muerto su amado rey, Egeria, para mantenerlo a su lado y no en el Más Allá, en el Hades, lo transformó en un pozo que situó en el bosque de Ariccia que había sido consagrado a Diana la diosa virgen de la caza, protectora de la naturaleza y los robledos, alabada en la poesía por su fuerza, gracia atlética, belleza y habilidades en la caza, que formaba trinidad con Egeria y Virbio, el dios de los bosques. Las aguas de la fuente al correr gemían tanto como ella en su dolor, y fueron tantas sus lágrimas que ella misma se convirtió en fuente. Contrasta el dolor de Egeria con la alegría de ciertos pueblos que, al morir el tirano, danzan pletóricos de gozo o cuelgan sus cuerpos (y los de sus “musas”) en farolas.

Honras fúnebres a Numa Pompilio   

A su muerte, pueblos amigos y aliados de Roma le rindieron exequias llenas de públicas ofrendas, coronas de flores y ramas de chopo, el árbol de Egeria. Cargaron el féretro los patricios, seguidos por las asociaciones de sacerdotes. Le siguieron hasta el Janículo muchedumbres de hombres, mujeres y hasta niños, puesto que todos sentían que habían perdido algo invaluable. No fue cremado -Numa había prohibido esta práctica-, fue encerrado su cuerpo en una caja de piedra y sus libros sagrados en otra caja también de piedra. Esta última operación ha dado lugar a decenas de explicaciones sobre el porqué no pidió que les quedaran para lectura de su amado pueblo. Cabe una pregunta: ¿Por “pitagóricos”?, es decir, ¿por esotéricos? En todo caso, el dolor del pueblo romano -siendo tan grande- no pudo igualar al de Egeria. Tuvo entonces Numa el mismo privilegio de otros gobernantes míticos de ser asistido por los dioses en el manejo de pueblos agrestes y belicosos al lado de Zaleuco, Minos, Zoroastro y Licurgo pléyade de gobernantes que opacan a tantos caudillos de mala hierba.

La mala suerte de los sucesores de Numa 

Fueron cinco y de ellos el final fue trágico. Uno -el último- fue expulsado en destierro del reino. Otros tres no murieron de muerte natural, sino violentamente y a traición. Tulio Hostilio, el inmediato sucesor de Numa, empecinado en borrar la obra del rey sabio, murió, caído en demencia de hybris, a causa de un rayo enviado por Júpiter (¿a instancias de Egeria?). Se impone recordar que Numa había sido entrenado por Egeria para que pudiera sostener batallas de rayos con el propio Júpiter, para probarle a su pueblo que poseía un ritual que los protegería contra la caída de rayos, truenos y hasta pestes. Rayos y centellas les debieran caer hoy en día a ciertos tiranos que sojuzgan y roban a sus pueblos con la complicidad de esos “paraísos” fiscales, que no son sino burladeros de la Justicia Universal.

Legado de la pareja Numa-Egeria 

Numa dejó las bases de una Roma sólida, victoriosa, seguido con devoción racional por un pueblo ahora sin espíritu ni ánimo de soportar tiranos. Le dio a Roma una dimensión cultural y civilizadora que perdura, gracias a la inspiración de gran Legislador que asegurase al pueblo romano 40 años de paz siempre aconsejado por Egeria, y de tal forma que en sentido figurado ella pasó a ser sinónimo de “consejero de una persona a quien dirige de manera sigilosa”. Rol que sería conocido más tarde como el de “eminencia gris” o de “mujer detrás del trono”. También rol para superar por la mujer contemporánea -por derecho propio y sin pedir permiso- dadas su inteligencia, preparación y belleza. Gracias Egeria por haberles señalado el camino.

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