La tarde en la que Florence Thomas decidió abortar cuando era delito aún en Francia

La tarde en la que Florence Thomas decidió abortar cuando era delito aún en Francia

La pionera del feminismo en Colombia tenía 22 años, cuando embarazada de un colombiano estuvo a punto de ir a la cárcel. A sus 80 años sigue más firme que nunca

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marzo 08, 2023
La tarde en la que Florence Thomas decidió abortar cuando era delito aún en Francia

Cuando Florence Thomas nació Hitler había aplastado con su bota a Francia. Era 1943 y en su casa sólo se hablaba de resistencia.  Hija de un abogado y de un ama de casa, el radio era para esa pareja de franceses lo más importante. En el radio estaba la voz de Charles de Gaulle, el heroico general que, desde su exilio en Londres, alentaba a los franceses a resistir la invasión nazi. El Tercer Reich cayó cuando la pequeña Florence tenía dos años. Sus papás, que le inculcaron la rebeldía, después abjuraron de ella. Quería estudiar medicina y el viejo se lo negó. La trató de convencer de estudiar enfermería pero en Ruan, la ciudad donde nació, las mujeres no creían en patriarcados.

El 30 de mayo de 1631 en la plaza central de esa ciudad fue quemada Juana de Arco. Los testigos afirman que, a manera de rebeldía, la joven de 19 años jamás soltó el crucifijo, ni siquiera cuando el fuego, a lengüetazos, la iba borrando. Con la misma tenacidad Florence abrazó el feminismo cuando no era un tema de conversación en los cafés. El primer ejemplo de feminismo lo sacó de su mamá. En plenos años sesenta abría antes de dormir El segundo sexo, el valiente estudio de Simone de Beaovoir en donde expone una de las teorías que serían fundacionales del feminismo: la mujer ha estado condenada, por su cuerpo, a ser madre, ama de casa o amante. No tiene derecho a ser persona.

A raíz del premio Nobel que en el año 2022 se le otorgó a la autora francesa Annie Ernaux, un libro empezó a venderse como pan caliente. Se llama El acontecimiento. En él la propia autora cuenta cómo fue para ella, en la década del sesenta, cuando aún era delito, elegir el aborto. Un relato descarnado de una sociedad que se ufanaba de ser sofisticada pero que condenaba al ostracismo a la mujer que elegía no ser madre. Algo parecido le pasó a Florence. La legalización del aborto en Francia llegó de manera tardía, en el año 1975 a través de la ley que impulsó la activista Simone Veil. Thomas abortó diez años antes. Ella estaba enamorada de un colombiano. El  verano de ese año decidieron pasarlo en Madrid. Noches voraces, irresponsabilidad dichosa. Tenía 22 años y al llegar de regreso a su apartamento en París se dio cuenta que estaba embarazada. En esa ciudad estudiaba sicología y trabajaba en el Conservatorio de las Artes y oficios de París. Su novio regresó a Bogotá.

Florence y una de sus visitas al Machu Picchu

Después de nauseas y ausencia de menstruación, Florence decidió ir al médico de su barrio. El diagnóstico le cayó en la cabeza con a fuerza de un yunque: estaba embarazada de tres  meses. Su novio regresó de las cortas vacaciones en Colombia –realizaba un postgrado en París- y al volver lo invitó a un café y le contó que quería abortar. Él aceptó. Florence no contemplaba contarle a su mamá, hubiera tenido un colapso. Así que confió en su hermano, el médico y éste, como lo recuerda en un relato que ella misma escribió, era antes que su hermano, un hombre y después de decirle que lo había puesto en peligro por haberle contado –en esa época los médicos podían ir presos si lo hacían- le impuso un incómodo silencio en donde inexorablemente la juzgaba. Le recomendó un médico que había sido expulsado de la sociedad de ginecología.

Su novio la acompañó a un barrio al norte de París. Le hubiera gustado que la acompañara al cuarto donde realizaron la operación. Pero él estaba pensando en otra cosa. Incluso le había dicho que su decisión era la de regresar a su país. Eso sí, no tendría que preocuparse por ningún aspecto económico. Él respondería hasta con el último franco. En un cuarto oscuro, que según Thomas olía a coliflor mezclado con éter. No había nada parecido a una camilla de enfermería. Era sólo una mesa común y corriente recubierta con un mantel. Sobre ella la joven se tendió. Hubo un momento en donde quiso salir corriendo. El médico, frío, le dijo cuántos francos tenía que pagar. También le recordó que ella sería la responsable de lo que pasara. La buena noticia es que había escogido un buen momento para abortar. Tenía apenas tres meses de embarazo. Entonces llegó el momento más espeluznante, cuando se sentó en una silla y le introdujo un espéculo. Entonces vinieron las contracciones y un pensamiento que la rondó durante muchos meses: jamás volvería a tener relaciones sexuales. A los dos días una fiebre de 39 grados empezó a contaminarla: había infección. Le pidió el favor a su hermano de que la llevara a una clínica. Le hicieron un legrado y el médico la amenazó con que la iba a denunciar. Al final se apiadó de ella.

Entonces Florence Thomas, poco antes de que explotara el mayo del 68 contra De Gaulle quien era presidente y había pasado de ser un héroe al más reporchable de los presidentes conservadores, viajo  a Colombia detrás de su amor. En los convulsionados 60s  se afilió al Partido Socialista Colombiano, fumó Piel Roja, parchó en el prado la Nacional y tiró piedra a mediados de los 70s. Incuso llegó a estar detenida por pegar afiches insurgentes. Leyó a Marvel Moreno y se convirtió en una de las pensadoras que con mayor peso y convicción ha defendido a la mujer.

Celebró como nadie  cuando las mujeres colombianos ganaron el derecho a abortar libremente, pero además después del quinto mes de embarazo. Algo inédito en el mundo. Reivivió su historia y justificó, más que nunca sus cincuenta años de luchas feministas, cuando todo estaba prohibido para las mujeres en Colombia. A sus  0chenta años sigue alzando la copa de vino, convencida de que ha valido la pena, sin negar, con cierta desilusión,  como todavía no basta, cómo el patriarcado se mantiene incólume, solapado y fuerte, lejos, muy lejos de morir.

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