La matanza en las comunas de la que Ramiro Meneses es el único sobreviviente

Mientras filmó 'Rodrigo D', al lado de sicarios de las comunas de Medellín y víctimas inocentes, Ramiro empezó a tejer su leyenda

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julio 12, 2022
La matanza en las comunas de la que Ramiro Meneses es el único sobreviviente

Estaba recién salido en el colegio y lo único que le interesaba era la música. Metal y Punk, sobre todo punk. Entonces tocaba la batería en Mutantex, una de las bandas más aguerridas del panorama underground en Bogotá. Ramiro llegó al rock por el básquet. Era tan pequeñito que creía que, apuntándole a la cesta, alargándose hasta tocar el aro podía crecer, pero ni un centímetro ganó.

Se iba al parque del barrio Villas de Guadalupe, en el complicadísimo sector de Manrique Oriental a jugar y lo que se encontró fue con un grupo de gente toda rara, cacho de marihuana entre los dedos, camisetas hindúes, discos que cargaban debajo del brazo y que decían Led Zepelin, The Clash, un contraste para él que era solo Raphael, Francis Cabral, tan Sandro.

Como él mismo lo relató en un artículo autobiográfico que escribió para la revista Bacanika de Bogotá, su mamá veía con malos ojos esas juntas. Era 1978 y todavía se creía que los discos de rock, si se giraban en sentido contrario, podrían traer mensajes subliminares que llevaban a la gente al suicidio o adorar al demonio.

Por eso su mamá, que era una Cardona de Marinilla, le decía: “Ojo que yo no quiero hijos viciosos; vea al hijo de fulanita, que se volvió loco: los viciosos empiezan robando, luego matando y por último en la cárcel o muertos”. Pero se volvió rockero, le gustaba tanto la música que terminó sumergido en ella.

Y eso que en un principio, por tener papá nacido en el Bagre y arreglador de proyectores de cine, lo que le gustaban eran las películas. Y si, también terminaría metido en una de ellas, en la mejor que se había hecho hasta 1988 en el entonces desértico panorama del cine nacional.

Al casting de Rodrigo D No futuro lo llevó un amigo llamado Ramón Correa. El casting se hacía en una casa del barrio Laureles donde Víctor Gaviria había puesto su productora, Tiempos Modernos, como esa película de Chaplin que tanto le gustaba. Ramiro lo acompaña de mala gana, incluso Ramón tuvo que darle cinco cassettes de punk para que fuera.

Es que Ramiro es tal vez el primer Emo de Medellín, hosco, ensimismado, con ganas de meterle una bomba atómica al ojo del culo del mundo.

Víctor en ese entonces tenía 35 años y ya había hecho películas cortas maravillosas como esa metáfora sobre la época de la Violencia llamada Los Músicos o series de televisión realizadas para la recién nacida Tele Antioquia como esa adaptación de Simón el mago, el cuento del mismo nombre de Tomás Carrasquilla.

Víctor intentaba saludarlo cada vez que podía, pero Ramiro le volteaba la espalda. La primera frase que le dijo a Victor fue, después de conocer al muchacho que iba a ser de Rodrigo D fue “ese tipo no sirve para ese papel” Víctor no pudo estar de acuerdo. En unas semanas Ramiro ya se lanzaba a su primer protagónico.

Al leer el guion, una adaptación de una crónica de la periodista Ángela Pérez Mejía titulada Hasta la muerte le tenía miedo, sobre un muchacho muy malo que se había subido a la torre de Coltejer a matarse, atormentado por todos los crímenes que había cometido, pero se había arrepentido, y cuyo final y nombre era un homenaje al neorrealismo italiano, a películas como Umberto D de Vittorio de Sica o Alemania Año Zero, de donde Víctor había sacado el final, Ramiro opinó: “Para mi Rodrigo era un estúpido. Yo no entendía que alguien quisiera matarse sin hacer algo heroico.

Yo pensaba, si este tipo se va a matar que lo haga por algo, que no se tire de un edificio como una simple rutina cobarde. Tampoco entendía el valor en esa historia para hacer una crónica y menos una película...”

Ramiro se fue a vivir con Víctor Gaviria. En Colombia en esa época nadie había hecho películas con actores naturales. Víctor quería contar a partir de la historia de un punketo que soñaba con tener una batería, el problema de los peladitos que no duraban nada, consumidos por la droga, por el afán de tener una moto, un par de zapatos. Lo impresionante de la película es que, con ganas de acercarse cada vez más a la realidad, Víctor puso a actuar a muchachos de la comuna, algunos envueltos en la misma vida que contaba la película, gente que no nació para semilla y que, incluso durante el rodaje, fueron asesinados.

Treinta y cuatro años después de los protagonistas de Rodrigo D ninguno queda con vida solo Ramiro quien otro director de talento, Carlos Duplat, le terminó de sacar todo su potencial dándole el papel de su vida como Victorino Moya en Cuando quiero llorar no lloro.

A sangre y fuego Ramiro Meneses se convirtió en un esencial de la televisión colombiana. Lo peor es que, como chef, Ramiro tiene todo el talento. Es el gran favorito para este Master Chef.

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