La boca cerrada de la Madame que le dio la prematura libertad

La boca cerrada de la Madame que le dio la prematura libertad

Carmen Campos, la proxeneta mayor de Cartagena, encubrió a sus clientes, pero sobre todo los cruces que hacía con el israelí Assi Moosh en su bunker en Taganga

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junio 07, 2023
La boca cerrada de la Madame que le dio la prematura libertad

Todo el mundo en Cartagena sabía a qué se dedicaba Carmen Campos Puello. Todos sabían que esas muchachas que la acompañaban por las murallas de Cartagena eran sus prostitutas. Por eso le decían La Madame.

Además, todos sabían que vivía en una casa esquinera de dos pisos en el barrio Castillo Grande, que era de una exreina popular de la ciudad llamada Kelly Patricia Marrugo. Todos sabían quién era y a qué se dedicaba, pero nadie podía hacer nada porque ella era la mujer más importante de La Heroica. Sus clientes para asegurarles instantes de placer eran políticos y pesos pesados de negocios o de rumba cartagenera.

Llama la atención que, cinco años después de su captura, La Madame no haya revelado la lista de sus clientes. Cuando cayó, afirmó que acabaría con la encopetada sociedad cartagenera con sólo mostrar el blog donde tenía anotados a los hombres que requerían sus servicios, pero cerró la boca con candado. Además de sus clientes habituales tenía entre sus protegidos y según algunas versiones al exmilitar israelita Assi Moosh, quien, junto con otros coterráneos suyos, señalados de mover todo tipo de negocio ilegal por el mar Caribe. Habían construido una verdadera fortaleza en la bella Bahia de Taganga, cerca de Santa Marta.  

El 31 de agosto de 2018, un día después de la captura de La Madame, un camión de mudanza se aparcó frente a la casa color blanco y rejas negras que está en la Carrera 5 # 67-32. Varios hombres se bajaron, cruzaron la puerta y en media se llevaron todo que había en las tres habitaciones.

Desde hacía dos años, los vecinos del sector se habían quejado de las constantes rumbas, los movimientos extraños que duraban toda la madrugada y lo más extraño de todo: a la casa no entraban hombres, sino mujeres luciendo estrambóticos y exuberantes cuerpos.

El olor a marihuana flotaba todo el día en las inmediaciones. Lo más extraño es que en doscientos metros alrededor de la casa estaban ubicadas las oficinas del Gaula de la Policía, el Club de Suboficiales, el aeropuerto internacional Rafael Núñez, el CAI de Crespo y hasta la sede de la Fiscalía.

Nadie hizo nada y cuando la policía llegó al lugar, no encontró nada. En ese sitio, desde 2015, vivían de planta 12 mujeres que trabajaban para Liliana Campos Puello. La Madame iba dos veces por semana y sostenía allí extensas reuniones con los hombres más poderosos de la ciudad.

Los chismes en Cartagena se mueven rápido. El viento incesante expande el salitre del mar y los rumores con la misma facilidad.  Por eso murmuraban que los hombres más poderosos de la ciudad, entre los que se cuentan artistas, exfutbolistas, políticos, militares y hasta miembros del Clan del Golfo, frecuentaban a una mujer que, desde 2014, encabezaba la red de prostitución que hizo tristemente célebre a Cartagena. Por las reacciones se supo del aprecio que le tenían muchos.

En el momento de la captura, algunas figuras públicas como Faustino Asprilla reconocieron la importancia que tenía La Madame para la rumba cartagenera. "En realidad, de corazón, quiero que la suelten, por favor. Estamos huérfanos. Sin La Madame, Cholón (Isla cerca a Cartagena), no es nada. Puros yates vacíos. No hay rumba".

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No ha sido el único. El cantante Poncho Zuleta fue sorprendido haciendo este comentario a unos policías: "Asprilla tenía razón. ¿Vieron lo que dijo Asprilla? Cómo van a meter presa a la Madame… ¡Se acabaron las putas en Cartagena! Esto está muerto". Lo peor es que los policías respondieron: “Sí, señor. Se acabó todo”.

La Madame no estaba sola en sus orgipiñatas con niñas entre 14 y 17 años, casi todas de estrato social muy bajo, inmigrantes venezolanas o incluso población desplazada. Fueron por lo menos 250 niñas vendidas a través de catálogos. Tenía de socios a eminentes extranjeros como el exmilitar israelita Assi Moosh, el rey de las fiestas sexuales en Taganga y quien operaba en Cartagena desde la casa Benjamín.

La casa Benjamín nació en un inmenso caserón en el pueblo de Taganga. La remodelación duró cuatro años. Una vez se asentaron, los visitantes empezaron a tener encontrones con la policía. Uno de ellos, identificado como Moore, muy cercano a Assi Moosh, quien andaba extrañamente de pistola entre sencillos pescadores, no aceptó dejarla de cargar. 

Con altivez y dólares, Moosh y sus visitantes, corpulentos y tatuados, algunos conservando símbolos del ejército israelí terminaron haciéndose sentir en el pueblo. Los rumores hicieron que las autoridades intervinieran la propiedad y expulsaran a Moosh por trata de personas en el país. Sin embargo, en Cartagena quedó una sucursal.

Taganga, después de ellos, dejó de ser un tranquilo pueblo de pescadores para transformarse en un casino ambulante, en un lugar viciado por uno de los cánceres que azotan a ciudades como Medellín, Santa Marta o Cartagena: el turismo sexual.

Moosh estaría envuelto también en uno de los más horribles casos de prostitución: el tour de la violación. En pleno programa La Nocturna de RCN en 2018, una mujer llamada Alma, quien se presentó como una prostituta, le contó a Julián Parra, director y productor de La Nocturna, que a principios de marzo pasado fue invitada a una fiesta por uno de sus clientes.

Relató que allí se sorprendió con lo que vio: niñas sometidas a hombres que por unos cuantos miles de pesos podían violarlas a su antojo. Lo que dice Alma, quien hoy en día se encuentra escondida temiendo por su vida, es que el negocio era manejado por ciudadanos israelíes.

La historia hubiera quedado ahí, si el procurador Fernando Carrillo no hubiera estado escuchando el programa y una vez terminó, se comunicó con RCN, pero lo más importante, tomó cartas en el asunto y presidió una Audiencia pública en el claustro de Santo Domingo en Cartagena.

Moosh fue expulsado de Colombia en el año 2018 y con él se fueron sus secretos que lo involucraban no solo con temas de tráfico sexual sino de armas y de droga. Todo se volvió suposición y a pesar del vox populi que recorría la bahía de Taganga que incluía también llegaba hasta la compra desaforada de propiedades dentro y fuera del pueblo, construcciones piratas, el israelí nunca fue judicializado. El testimonio de La Madame, a quien en las noches de lujuria mucho le debieron contar, habría sido clave. 

La Madame, desde la cárcel de San Diego en Cartagena, organizó reinados de belleza y fiestas imparables. Hizo de todo, menos hablar. Por eso tal vez, cinco años después de su captura, está libre. Le otorgaron libertad condicional por su buen comportamiento.

Desde el viernes 26 de mayo está viviendo de nuevo con su familia, en el barrio Recreo, su casa de siempre. El ventilador jamás se encendió. Los nombres de los más importantes clientes quedaron en reserva. Tener libertad condicional en la fiesta perpetua de Cartagena es simple y sencillamente, es estar libre.  

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