"Julio Correal es un dictadorzuelo como Maduro"

La polémica no termina y el empresario sigue en el ojo de huracán. El Rock, por más ideología que tenga, no debe ser censurado

Por: Camilo Insuasty
mayo 15, 2017
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.

Soy amante de la música, la mayor parte de mi tiempo, energía y dinero es para ella. Es en mi vida el arte más sublime y siento compromiso y devoción por ella. Por esta razón siempre fui reacio ante la politización de la música, y sí, en muchos sentidos la música tiene tintes políticos de inmensas proporciones. El blues fue una respuesta creativa ante la opresión, el punk fue contestatario, el rap fue un grito imponente ante la crudeza de las calles y el sistema desigual, la música protesta ni hablar. Pero aun y todo esto la música representa mucho más, no hay ser humano en el mundo, ya sea déspota, cruel, sin escrúpulos, opresor u oprimido, o personas “políticamente correctas” como Julio Correal y los demás mortales que no disfrutemos de la música, de una tonada que nos erice el alma. No a todos nos gusta la poesía o la pintura, por ello la música es la más sublime, es universal.

También existen los mercaderes de la música, se lucran de ella, y eso no está mal, siempre y cuando se haga bien. El problema es cuando la música empieza a ser profanada, cuando se vuelve vitrina de fines mezquinos, empáticos, sesgados, justos si se quiere o de cualquier índole, pero en su mayoría responden a razones egoístas. Politizar la música siempre me ha causado repugnancia. Lars Ulrich dijo alguna vez que las canciones por lo general son más grandes que las personas que las crean, y esa distinción lo es todo. Una cosa es el personaje que crea la canción y otra el producto universal, si nos pusiéramos a cuestionar el ámbito personal de los artistas, terminaríamos escuchando muy poco o nada.

Algunos no han podido hacer esta diferenciación y terminan atacando ambas cosas, al individuo que quieren atacar y a la música que hacen, qué despropósito más grande, y mucho más si viene de alguien que vive gracias a la música. A Radiohead le piden (otros músicos) que no toquen en Israel como protesta de las políticas abusivas del Estado sionista. Pero ¿qué hay del fan israelita que lleva toda su vida escuchando Radiohead, comprando sus discos, esperando a verlos en vivo, que no tiene nada que ver con las políticas de su gobierno? O aun si es partidario de esas políticas, ¿por qué negarle la música que le gusta y que además apoya económicamente? ¿Por qué mejor Radiohead hace un concierto en Israel y al otro día lo hace en Palestina? O mejor, un concierto en que Israelitas y palestinos puedan ir juntos solo para escuchar en paz No surprises, 2+2=5 o True Love Waits. Eso lo logra la música, lo sé porque lo he vivido, porque la música une en medio de la división eterna del hombre, nos hace más humanos, lo he vivido en conciertos multitudinarios donde estoy seguro las opiniones políticas, religiosas o de lo que sea eran muy variadas y hasta polémicas.

Tampoco estoy de acuerdo con que los artistas tomen en vivo, en sus conciertos, plataforma política y apoyen o detracten de un político o una religión por más loable que sea sus intenciones. Roger Waters la emprende contra Trump y Peña Nieto, bien. Y qué pasa del tipo que pagó tu entrada o compró tu disco y votó por Trump, ¿por qué joderle la vida en ese momento? ¿Por qué pordebajearlo de los demás fans? Pero los artistas lo hacen, y el público continúa ahí, al fin y al cabo escuchar y ver Time en vivo lo paga todo, la música tiene un poder enorme, trasciende la política.

A un rockero venezolano lo vetaron de Rock al Parque para la edición de este año porque el hombre es chavista. ¿Qué carajos es esto? Empezando porque se está criticando una dictadura con el mismo método que esta usa: la censura, y el que censura debe jactarse de hombre de democracia. Eso es falta de coherencia primero que todo, pero mucho más allá está lo verdaderamente grave del asunto, Rock al Parque se debe a la gente que es la que lo ha hecho grande, no se debe a Julio Correal, por más de que este sea un mercader de los duros. Que falta de respeto con las personas que querían escuchar y ver en vivo a este señor que es de los íconos del rock suramericano. Qué culpa tienen los asistentes que el señor sea chavista, o que en Venezuela haya crisis social, no muy diferente de lo que pasa acá.

Un espacio como Rock al Parque que siempre se esforzó por promover un mensaje de convivencia y tolerancia ha caído en las insensatas manos de la política. Todo lo botaron por la borda en cuestión de minutos ¿de qué tolerancia hablamos si vetamos y censuramos pasando por encima de la opinión de los demás? No pudieron decirle al venezolano, “oiga, ud dedíquese a tocar y no meta nada de política a la vaina” pero no, como siempre pudo más el pasionalismo, el odio.

Por supuesto que es admirable y honroso manifestarse en contra de las injusticias, Julio debe  estarse sintiendo el segundo Bolívar, una acción digna de quedar en los libros de la historia, pero yo me pregunto ¿qué tiene que ver la música? ¿Cómo vetando a un artista el gobierno de Maduro va caer? Tiene todo el derecho de indignarse contra los 50 muertos que ha dejado la represión en las calles de Venezuela (Julio, ¿sabe cuántos muertos llevamos en lo que va del año?, ¿cuántos líderes comunitarios?) Tiene el derecho de luchar contra Maduro y controvertir con actuaciones extrañas, así como Pastrana, pero por favor no lo haga usando la música de por medio, ni a la gente, ni a ese patrimonio llamado Rock al Parque que siempre tuvo como bandera la “convivencia” y la “tolerancia”, no polarice más el país, déjenos a los ciudadanos los pocos espacios sin saturación política que quedan o quedaban, haga su lucha pero de forma inteligente.

A Julio le faltó agallas: ¿por qué no confrontó al venezolano en un debate? ¿Por qué no lo hizo en la esfera y un ambiente político? Pero irónicamente recurrió a las mañas de las dictaduras, es un dictadorzuelo como Maduro. Solo yo impongo quien puede tocar y quien no. Cuanto egoísmo, cuanta ignorancia politizar la música y propuesta creativa de un artista solo porque quiero estar en contra del personaje en cuestión. Señor Julio, deje la música y milite en algún partido político, quizá uno de derecha pero que son los más parecidos al chavismo, el CD, o cualquier otro da igual.  Está claro que la música para usted no es más que un trampolín, un instrumento para su enriquecimiento personal, enriquecimiento que se lo debe gracias a la gente que asiste a ver a los artistas sin importar si son chavistas, de la oposición, nazis, republicanos, uribistas, satanistas, maoistas en fin.

Que tal si en Europa se prohibiera la presentación de Emperor, o las Pussy Riot (fuera de Rusia claro) o los Sex Pistols en el pasado, o que las bandas radicales de punk no hicieran presencia en la escena solo porque al gestor cultural o lo que sea que se llame  esa profesión no simpatiza con los ideales políticos o religiosos de los artistas. Qué tal si le dijéramos a James Hetfield que no vuelva con Metallica porque el hombre caza osos, o a Dave Mustaine que no regrese, porque ahora es cristiano y conservador.  Hay que dejar el fanatismo, pero en Colombia la enfermedad se propaga.

El festival ya quedó politizado, el daño está hecho. Fue curioso ver la reacción de la gente: quienes le dan vida al evento (los asistentes) quedaron en su mayoría perplejos. “¿cómo así que lo vetaron si era de lo mejor del cartel?” “cómo lo van a vetar si esto no es una congregación política, es un evento de música” “Julio Correal trajiste a Calle 13 que apoyaban al chavismo pero como era tu maldito negocio no dijiste nada, mercachifle de la música” mientras que quienes apoyaban a Julio le escribían desde Venezuela principalmente, agradeciendo la solidaridad. Julio, a quienes les debes tu trabajo es a los asistentes capitalinos, y no solo les quitaste un artista que querían oír (no iban a volverse castrochavistas por dios) sino que ya los dejaste en medio de la polarización, ¿y Maduro? Ah sí, ahí está en Miraflores todavía.

Para cerrar, tampoco seamos hipócritas. Cuando en las grandes parrandas se escucha la música de los Zuletas, la de Diomedes, los grupos de vallenato que tocaban para los grandes capos de la miseria en Colombia ¿ahí si no nos indignamos?  Esos capos también tienen varios muertos encima, y dónde está el veto a esos artistas que abiertamente apoyaron a algunos grupejos violentos. Pero como siempre, la música es más grande que todo, más grande que el ser humano, es la que decora el tiempo. Cuando con mis compadres comparto alguna copa y suena Diomedes, que momento decimos, así nos guste o no el genero musical de él o su vida personal, “que buena música la que hizo” y no le podemos quitar su lugar en el folclore colombiano.

Julio Correal, que poco sabe usted de música, del extraordinario poder que esta tiene sobre los hombres, de su influencia positiva en medio de la polarización. Pero qué va a saber usted de música si solo es un mercader de ella. Con su permiso, mejor me voy a escuchar música.

 

 

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