Tomé cursos de escritura pero sigo siendo un idiota ¿qué hago?

He tomado cursos de escritura creativa para ser escritor(a) pero sigo siendo un(a) idiota, ¿qué hago?

Ahora todo el mundo escribe. Leyeron un libro X y dijeron: "¿Entonces porque yo no?". Dos casos demuestran que tener los medios no es igual a tener algo que decir

Por: Mateo Duarte del Castillo
mayo 24, 2024
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He tomado cursos de escritura creativa para ser escritor(a) pero sigo siendo un(a) idiota, ¿qué hago?

Hay una cosa que pasa hoy y no pasaba antes: ahora todo el mundo escribe. Escribe porque les dieron 50 likes por dar una opinión o porque son gomelitos desparchados que ya no gustan de estudiar Derecho en la Sergio Arboleda, entonces se leyeron un libro de Carito Sanín, vieron una película en MUBI y dijeron: "¿Entonces porque yo no? Mi mami and my girlfriend Cata me dicen que soy muy inteligente (!). La consecuencia: una sobreoferta tenaz de “autores”. Tomar cursitos de escritura creativa se volvió de lo más cool.

Salen con un certificado al mes, creyéndose Bukowski, buscando dónde les publiquen sus pequeñas tragedias; entonces viene papi y sus palancas recomendaciones y les terminan publicando unos libritos de mierda de los que nunca habrá segundas ediciones.

Tengo dos casos de dos libros: uno que nunca leeré porque leí la sinopsis, y vi quien la escribió, y ya fue suficiente. El segundo lo compré, lo leí y le di un buen uso: uso las hojas para envolver aguacates para que maduren más rápido o para iniciar fogatas.

El primero de estos se llama Mar adentro (2024 editorial Montena). Su autora es Juliana Velásquez, una actriz juvenil de Disney +, Caracol y RCN, además es cantante y ahora dizque escritora. La sinopsis es así:

“Mar es una joven fotógrafa que luego de enfrentar varios episodios de ansiedad y depresión, decide un día emprender un viaje con su papá a la isla de San Andrés, un lugar en el que pasó gran parte de su infancia. Esta decisión cambiará su vida para siempre porque en el mar de los siete colores conocerá a Joaquín, un pescador con el que vivirá una intensa y emotiva historia de amor. Mar adentro es un homenaje a la música, a quienes están en el proceso de sanar heridas del pasado, al archipiélago de San Andrés y Providencia y a los pescadores que ofrecen su alma y la entregan a las profundidades del océano”

¿Ah? No jodás, Juli. Yo me imagino que los que compran ese libro son como el gomelito que menciono arriba: se sientan a leerlo, se sirven un té kombucha, sacan su vapeador con sabor a pepino silvestre, ponen a Santiago Cruz y lista la ambientación: ah, y cajita de pañuelos desechables a la mano.

A las 20 páginas con los ojos chocolateados y tocados en el alma por semejante historia postean en Twitter alabanzas al libraco ese y preguntan para cuándo la película en el canal Lifetime movies. Juliana, si va a usar IA para escribir o paga un ghost writer para que le haga el libro, siga mejor en la actuación.

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El segundo es Por culpa de los Ramones del autor Manuel Carreño (Editorial Planeta 2022). Al principio atrapa porque describe bien los bares alternativos en Bogotá a finales de los noventa, a los que yo iba, pero después se vuelve un diario de lágrimas de Carreño contándonos sus intentos y fracasos amorosos juveniles, enviándoles a sus tragas malucas mix tapes de Brit Pop a ver si ellas lo veían de otra forma, (asunto complicado porque la foto que aparece de Manuel en el libro es más feo que un carro por debajo).

Es una historia blanqueada a más no poder, de un melómano y de su adoración por Pulp y los Stone Roses. ¡No se fuman ni un miserable bareto en todo el relato, señor Carreño! Niño de los ojos de su mami, ¿sumercé nunca vio en los baños de Kalimán o Transilvania a nadie esnifando cocaína, fumándose algo o metiéndose un ácido al menos?

Sus experiencias musicales sin un psicotrópico se vuelven irrelevantes y aburridas, seguramente sus amigos lo felicitarán porque eso son, amigos a los que les gustaba lo mismo que a usted: deprimirse oyendo a The Cure mientras se aplicaban mutuamente rímel y pestañina negra, y se despelucaban cuidadosamente para quedar iguales a Robert Smith.

Patético, hay un comediante gringo ya fallecido, Bill Hicks, que decía: "Si usted es un coleccionista de rock y no está de acuerdo con las drogas, o no las consume mientras oye a Black Sabbath por ejemplo, coja todos sus vinilos, casetes y CD y quémelos, porque los que compusieron esa música lo hicieron trabados hasta las cejas".

Saber de música y demostrarnos que usted es buena gente y sensible NO es suficiente, sus experiencias son panditas, sin carne. Yo no le deseo el mal, por supuesto, pero sí me gustaría que con mis $50.000 pesos que pagué por su diario de lágrimas, se vaya a un McDonald´s, se compre un combo y por atacado se atore con un bocado, entonces se ponga morado, muy morado, le pase la vida en un flashback porque piensa que se va a morir, pero expulse el bolo a medio deglutir, se reponga y reflexione mucho.

Dicho esto, los que se quieren tomar esto en serio se tienen que hacer notar en ese mar de mediocridad escribiendo y tocando puertas como locos, no hay de otra.

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