¿Hay trabajo decente en Colombia?
Opinión

¿Hay trabajo decente en Colombia?

Es abrumador el profundo déficit de trabajo decente en este país, y para acabar de completar el actual gobierno anuncia regresivas reformas tributaria, pensional y laboral

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septiembre 26, 2018
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Trabajo decente es un concepto que busca expresar lo que debería ser un buen trabajo o un empleo digno.

El término proviene de la OIT y según ésta organización se caracteriza por cuatro objetivos estratégicos: los derechos fundamentales en el trabajo, las oportunidades de empleo e ingreso dignos, la protección con la seguridad social y el diálogo social. Cada uno de ellos cumple, además, una función en el logro de metas más amplias como la inclusión social, la erradicación de la pobreza, el fortalecimiento de la democracia, el desarrollo integral y la realización personal.

¿Existe en Colombia con base en estos objetivos estratégicos trabajo decente?

Juzgue usted amable lector.

  1. En materia de derechos fundamentales se destacan las libertades sindicales. Derecho de organización, negociación colectiva y huelga.

    En la Colombia de hoy menos del 5 % de los trabajadores están afiliados a un sindicato. En la década del 80 la tasa de afiliación era del 16 %. La negociación colectiva hoy solo cobija a menos del 3 % y el ejercicio de la huelga está absolutamente restringido y estigmatizado. En 30 años de aplicación del modelo neoliberal y los TLC y la perversa combinación con la violencia antisindical dan cuenta de la regresión en estos derechos.

    2. La oportunidad en materia de empleo e ingresos dignos está atravesada por una tasa de desempleo que ha estado cercana al 10 %, la más alta de América Latina. Esta cifra no tiene en cuenta la permanencia de más de 5 millones de colombianos en el exterior y más de tres millones de trabajadores que hace ya más de un año se cansaron de pedir empleo. En materia de ingresos en los últimos 30 años se ha perdido 7 puntos de participación de los ingresos de los trabajadores en el PIB. Es decir, del total de la torta cada vez les toca menos a los trabajadores y más a las empresas y al capital. Nos están expropiando. ¡Quién lo creyera! 7 puntos del PIB hoy equivalen a cerca de $60 billones de pesos. La mitad de los trabajadores ganan menos de un salario mínimo. El valor de la canasta básica para una familia de 5 personas cuesta $1,9 millones de pesos. El 80 % de los trabajadores ganan menos de 2 salarios mínimos. Es por todo esto que somos el tercero o cuarto país más desigual del mundo.

    3. La situación en la seguridad social corresponde a que el 64 % de los trabajadores trabajan en la informalidad, donde los derechos plenos a la salud y a la pensión están supremamente recortados de tal forma que sus derechos laborales contenidos en la ley y normas de la OIT son la excepción. Y muchos de los que aparecen afiliados a pensión y salud corresponde a trabajadores por cuenta propia o con una relación contractual de carácter comercial como las OPS (órdenes de prestación de servicios) que asumen el pago total de la seguridad social, haciendo más precaria su situación laboral. Y con las normas de flexibilización laboral adoptadas desde 1990 se ha perdido la estabilidad en el empleo haciendo más difícil mantener la seguridad social.

    4. El diálogo social tripartito, gobierno, empleadores y trabajadores, arroja un déficit terrible en nuestro accionar. En 20 años de la actual Comisión de Concertación se han firmado solo 5 acuerdos concertados y solo sobre el incremento del salario mínimo. Y uno de esos acuerdos, el del 2013, relativo a aplicarle a los pensionados la misma rebaja hecha a los empresarios de no pagar el 8 % de salud, no se ha cumplido. Así también ha sucedido con los acuerdos con los estatales sobre las ampliaciones de plantas de personal. Siguen las OPS. Además sobre otros temas importantes como formalización laboral, pactos colectivos, contratos sindicales, huelgas, reparación colectiva, etcétera, se dialoga mucho pero al final el gobierno adopta la posición empresarial.

    Se concluye entonces que hay un profundo déficit de trabajo decente en Colombia, corroborado por las continuas recomendaciones de la comunidad internacional de la OIT, la OCDE, los gobiernos de EE. UU. y Canadá en el marco del cumplimiento de las cláusulas laborales de los TLC firmados.

    Y en medio de este obscuro panorama el actual gobierno de Iván Duque viene anunciando regresivas reformas tributaria, pensional y laboral.

    En lo tributario menos impuestos para los ricos e imponiendo mayores cargas a los trabajadores y a los ciudadanos de a pie poniéndole el IVA a la canasta básica familiar. En las pensiones pretenden eliminar el régimen solidario de Colpensiones, fortaleciendo a los grupos financieros administradores del ahorro de los trabajadores. Y últimamente la ministra de Trabajo, la Dra. Alicia Arango propone otra reforma laboral encaminada a dar mayor flexibilización en el empleo. Es decir, más de lo mismo, que profundizará el déficit de trabajo decente.

    En estas precarias condiciones de trabajo decente en Colombia, ¿qué acción real tiene sentido para conmemorar ahora en octubre el día mundial por el trabajo decente?

    Un enunciado más de nobles propósitos o verdaderas acciones que eliminen la informalidad, garanticen las libertades sindicales, incrementen extraordinariamente los salarios, se repare colectivamente al sindicalismo, se realicen las recomendaciones en materia laboral de la comunidad internacional y se cumplan los acuerdos, entre muchas.

 

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