Opinión

Gobierno y Comité de Paro: ¡qué incapacidad de diálogo!

La ciudadanía está agotada, las dos partes se responsabilizan mutuamente, el saldo neto es dilatar, probablemente con la creencia de salir ganador por fatiga

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junio 07, 2021
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Gobierno y Comité de Paro: ¡qué incapacidad de diálogo!
Cada parte se complace en no reconocer representatividad en el interlocutor. Foto: Twitter/Emilio Archila

Se rompió el diálogo entre el Gobierno y el Comité Nacional de Paro. El país está agotado, así que la noticia desmoraliza. Sigue el movimiento, el más largo en décadas, no hay humo blanco que apunte a algún acuerdo entre las partes que negocian. ¿Descuerdo, diálogo entre sordos, ausencia de reconocimiento del otro, falta de representatividad?

Bloqueos que persisten, violencia del Esmad en contra de manifestantes pacíficos, civiles que disparan amparados por la Policía, criminales que atentan contra miembros de la Fuerza Pública y destruyen infraestructura construida con recursos públicos. Insumos y materias primas atascados que rompen las cadenas de abastecimiento y frenan el sector productivo. El país está exhausto después de casi seis semanas sin que se presente solución.

Con el agravante de los más de 500 muertos diarios por el covid 19, estadística que no permite apreciar la dimensión de las tragedias de decenas de miles de hogares, agravarse estos días por la imposibilidad de acceder a las UCI. Y, así es, en medio una campaña mediocre de vacunación que, según las palabras del ministro de salud, redundará en la famosa inmunidad de rebaño en diciembre.

La noticia sobre la ruptura del diálogo entre el gobierno y el comité de paro fue presentada por cada uno como resultado de la responsabilidad de la contraparte. El líder del equipo negociador, Emilio Archila, le echó el bulto al CNP: “...El comité ha decidido suspender unilateralmente la interlocución en mesa de diálogo. Nosotros, el Gobierno, estamos listos...” Los voceros del comité no se quedaron atrás: “El máximo responsable de lo acaecido es, sin duda, el presidente Duque...” La razón: el incumplimiento de parte del gobierno en la firma del preacuerdo de garantías.

Para conversar se requieren dos y lo que muestran los comunicados de las partes es la crónica incapacidad de escuchar, la falta de decisión política de sentarse a negociar y de no pararse hasta encontrar salidas prácticas satisfactorias para las partes.

Se añade un elemento crucial y, a la vez, lamentable: cada parte se complace en no reconocer representatividad en el interlocutor. Archila, sin problema alguno, al rato de romperse el diálogo, minimizó el hecho afirmando que el gobierno seguía negociando en todos los espacios, debido a que el comité no representa a toda la población que protesta. Y el comité, a su vez, no cree que le gobierno tenga voluntad de negociar. El saldo neto es el de dilatar, probablemente con la creencia, de cada bando, de salir ganador por fatiga.

Es increíble. Se pudo negociar en Irlanda del Norte, en Suráfrica y aquí no se puede dialogar acerca de los malestares que aquejan a la sociedad colombiana, de las inequidades económicas. No se trata de resolverlas en unas conversaciones, aunque sí de armar confianza y acordar mecanismos para emprender las necesarias reformas. El síndrome colombiano pareciera ser el de considerar los acuerdos exitosos como imperdonables concesiones al enemigo. El de la paz, que culminaba un conflicto de más de cinco décadas, no podía ser tolerado por algunos. Hacerlo trizas parecía otorgar mayor satisfacción que la posibilidad de reconciliarse, de reparar, de no repetir. Disparo en el propio pie de una sociedad que carece de líderes que propicien el respeto por el otro.

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En este proceso del paro la cadena de errores del gobierno ha sido monumental. Ausencia de empatía. Desconocer los graves hechos de violencia de la fuerza pública, teorías conspirativas

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Ser gobierno (y partido de gobierno) conlleva una inmensa responsabilidad en estos momentos. Y en este proceso del paro la cadena de errores ha sido monumental. Ausencia de empatía. Desconocer los graves hechos de violencia de parte de la fuerza pública. Insistir, a diario, en las teorías de la conspiración: Petro, Santos, Maduro, líderes supuestos de los bochinches, contra toda la evidencia y los diagnósticos de pobreza extrema y de ausencia de futuro para millones de jóvenes. Negacionismo inútil. Algo podrían aprender de un sensato señor de derecha, el presidente chileno Piñera.

Más errores: la ausencia de coordinación dentro del gobierno, manifestada en la descalificación de acuerdos logrados por algunos de sus funcionarios. La insuperable embarrada en las campañas en el exterior: la vicepresidenta canciller, mal que bien, procurando adelantar una campaña con algunos elementos estratégicos en Washington, comenzando por la aceptación a regañadientes de la visita del CIDH, para que la delegación encabezada por la senadora Cabal, del CD, borrara con el codo los modestos avances de la primera. La embestida del ministro de Justicia contra el acuerdo suscrito por el alcalde de Cali, Iván Ospina, que priorizaba el diálogo como manera de superar los bloqueos. En fin…

Sin embargo, el Comité Nacional de Paro pareciera no tener claro que la ciudadanía está agotada, que sus miembros tienen la obligación de buscar salidas, que tienen que tener la habilidad de medir cuándo y cuánto ha sido suficiente. El enorme riesgo consiste en que el paro, por agotamiento, se acabe sin que se hayan logrado acuerdos. Políticamente, un éxito para quienes niegan las razones detrás de las marchas pacíficas y esgrimen el argumento de la autoridad. Triste que semejante movimiento, sin precedentes, culmine sin que el Comité comprometa todos sus esfuerzos en el logro de acuerdos mínimos.

Que las partes, Gobierno y Comité, se sienten y no se paren de la mesa hasta no acordar una solución.

 

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