Fuentes confiables sobre Palestina: los informes del Instituto Lemkin

Fuentes confiables sobre Palestina: los informes del Instituto Lemkin

Biden podrá ser zorro político, pero no lo exime de su responsabilidad en el asesinato de miles de niños gazatíes, el genocidio, el apartheid y la limpieza étnica

Por: Pedro León Vega Rodríguez (*)
mayo 20, 2024
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Fuentes confiables sobre Palestina: los informes del Instituto Lemkin

En sociedades ideologizadas y polarizadas con sangre y desprecio por el conocimiento, donde la ideología supera el pensamiento racional, la transparencia e independencia de una fuente de alta confiabilidad, como el Instituto Lemkin, ayudará a los más escépticos a reconocer la verdad sobre la situación política y humanitaria del conflicto Palestino-israelí, sobre el genocidio y la política de apartheid y limpieza étnica que sufre la población palestina desde hace 75 años, cuando se creó Israel y ocupó su territorio.

El Instituto Lemkin es el fundador de la Convención para la Prevención del Genocidio, que hoy compromete a cada una de las naciones miembros de la Organización de Naciones Unidas, ONU. Su Misión institucional es conectar las bases globales con las herramientas de prevención del genocidio. Tiene como visión un consenso mundial para abstenerse del genocidio. Su fundador, Rafael Lemkin, jurista polaco víctima con su familia judía del holocausto nazi, fue quien acuñó el término Genocidio. El Instituto Lemkin estima que “la verdadera seguridad humana a largo plazo se construye con el tiempo a través de compromisos sociales y culturales internos de base amplia con la justicia”.

Desde el 7 de octubre, el instituto ha lanzado ocho alertas SOS sobre Gaza, tres alertas de genocidio activo en Palestina, una alerta de bandera roja en Jerusalén, y tres declaraciones de gran impacto político sobre la situación palestina, a saber:

1-Declaración sobre la narrativa de los medios occidentales sobre el genocidio de Israel en Gaza (13 de abril), 2- Declaración de condena de los pogromos (atrocidades) de colonos israelíes en Cisjordania (26 de abril) y 3- Declaración en apoyo de los estudiantes y profesores de la Universidad de Columbia (29 de abril); además de un Simposio (Mayo3) que plantea como tema central la pregunta; ¿Cómo es posible que tantas personas, especialmente en el Norte global, no hayan podido ver y denunciar el genocidio más público de la historia?

El instituto Lemkin no es la única institución de alta confiabilidad. Vale mencionar al menos otras cuatro fuentes del mismo calibre, resistentes a la crítica ideológica y cuyos análisis coinciden plenamente en una interpretación concluyente: la existencia de genocidio, política de apartheid y limpieza étnica en los territorios palestinos ocupados por Israel. Estas fuentes son:

1- El informe de Francesca Albanese, la relatora especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados, titulado “Anatomía de un genocidio”, 2-Las Resoluciones de la Asamblea General de la ONU emitidas desde 1947, incluida la aprobación del ingreso del Estado de Palestina como miembro pleno; 3-El proceso por genocidio en la Corte Internacional de Justicia contra Israel, y 4-Las investigaciones sobre crímenes de guerra y genocidio de la Corte Penal Internacional contra Netanyahu y los miembros del equipo de gobierno israelí.

Por supuesto, sin olvidar el contexto histórico: la Resolución de la ONU para la creación de dos Estados, el armisticio árabe-israelí de 1949, la guerra de los seis días de 1967, el apartheid impuesto por Israel en los territorios ocupados, la resistencia palestina, la guerra del Yom Kipur de 1973, y el apoyo incondicional del gobierno de Estados Unidos a Israel. Además, conviene conocer el proyecto sionista judío, según las declaraciones y escritos de los propios líderes del actual gobierno israelí, como el ensayo titulado “El plan decisivo de Israel” (2017), del ministro de finanzas Bezalel Motrich, quien se autocalifica como fascista y xenófobo.

Motrich tiene el mérito de exponer con transparencia el proyecto sionista, de limpieza étnica y de apartheid que debe sufrir la población palestina en el Gran Israel. Finamente, vale la pena agregar otra fuente de alta confiabilidad para conocer el impacto de esas políticas fascistas del gobierno israelí: las crónicas de la periodista española Olga Rodríguez sobre la vida cotidiana en Palestina en medio del conflicto, en el libro “El hombre mojado no teme a la lluvia” (2009).

EN LA DECLARACIÓN SOBRE LA NARRATIVA DE LOS MEDIOS

OCCIDENTALES sobre el genocidio de Israel en Gaza (13 de abril), el Instituto Lemkin condena el marco engañoso en la cobertura del bombardeo y genocidio del pueblo palestino por parte de Israel. Destacan los medios que Israel está ejerciendo su derecho a la autodefensa, pero “ha habido poco análisis de lo que permite el derecho a la autodefensa y poco cuestionamiento de las justificaciones de Israel para el bombardeo indiscriminado de áreas civiles”. El Instituto considera que “la causa de este cambio es indicativa del fracaso más amplio del periodismo occidental a la hora de proporcionar una imagen precisa de lo que está sucediendo”. Estima que el lector occidental ha sido engañado, e insta a los medios de comunicación a abandonar la retórica que protege activamente a Israel de los crímenes contra el pueblo de Palestina.

EN LA DECLARACIÓN DE CONDENA DE LOS POGROMOS (ATROCIDADES) DE COLONOS ISRAELÍES EN COIJORDANIA (26 de abril) el Instituto Lemkin señala que durante el ataque a la aldea de Al-Mughayyir, al este de Ramallah, en Cisjordania (12 de Abril), “los colonos israelíes allanaron casas y dispararon contra los residentes”, y los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se mantuvieron a un lado mientras turbas de colonos, atacando con rifles, garrotes y armas improvisadas, arrasaban el municipio, quemaban edificios y prendían fuego a coches”.

Según las denuncias, entre 1.000 y 1.2000 colonos cercaron la aldea y bloquearon las carreteras circundantes. Luego, hasta 600 personas asaltaron y atacaron a sus habitantes palestinos. Este ataque, según el Instituto, se enmarca en una tendencia constante de violencia de los colonos en Cisjordania: el año pasado, cientos de colonos también atacaron violentamente Turmusayya y Huwara. El Instituto Lemkin condena todas y cada una de las ejecuciones extrajudiciales y pide un esfuerzo internacional para proteger a los palestinos en Cisjordania. Estima que desde el 7 de octubre más de 460 palestinos han sido asesinados en Cisjordania en pogromos cometidos por colonos israelíes.

El Instituto Lemkin pide al Consejo de Seguridad de la ONU que envíe inmediatamente fuerzas de paz para proteger a los civiles palestinos y que imponga sanciones al gobierno israelí del apartheid. “La última versión de violencia colectiva (12 de abril) por parte de colonos terroristas israelíes muestra la impotencia de las fuerzas del gobierno israelí para proteger a los palestinos en Cisjordania”, y resalta “la discriminación, el abuso y la muerte inherentes al apartheid y la ocupación. Se evidencia “la falta de restricciones estatales sobre las turbas de colonos”. Además, “impidieron que los bomberos atendieran los incendios provocados por la turba durante el asalto”.

EN LA DECLARACIÓN EN APOYO DE LOS ESTUDIANTES Y PROFESORES DE LA UNIVERSIDAD DE COLUMBIA

(29 de abril), el Instituto Lemkin expresa su solidaridad con los universitarios que se oponen al genocidio y defienden la consolidación de la paz y la libertad de expresión. Les recuerda a los dirigentes de Estados Unidos, incluidos los presidentes de universidades, que “las libertades de expresión y de reunión están garantizadas por la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos”.

El instituto estima que la base de las libertades en Estados Unidos está bajo ataque activo; los estadounidenses de todas las tendencias deberían apoyar abiertamente el derecho a protestar, estén o no de acuerdo con el discurso.” Denuncia además que “el nivel de violencia, islamofobia, deshumanización y racismo contra los negros entre los manifestantes proisraelíes es horroroso e impactante, y la prensa dominante no lo informa en absoluto”.

El Instituto Lemkin subraya la grave vulnerabilidad de la sociedad estadounidense a la actual “amenaza del fascismo institucionalizado”. Precisa que “las prácticas fascistas ya han entrado en algunas instituciones democráticas fundamentales, especialmente en las universidades, en forma de códigos de expresión y falta de protección del debido proceso para estudiantes y profesores”. Explica que “el declive de las democracias y su reemplazo por instituciones y autoridades fascistas no ocurre con fuerza: el fascismo llega más bien a través de una lenta erosión de las libertades, de la diversidad dentro del discurso público y del compromiso con los valores democráticos”. En ese sentido insta al pueblo estadounidense a “luchar contra todos los ataques a la libertad de expresión y de reunión, empezando por el rechazo del uso

de la fuerza estatal para silenciar las voces que se oponen al genocidio, ya sea en los campus universitarios o en los ayuntamientos”.

ES DITINTO NACIONALIDAD JUDÍA A NACIONALIDAD ISRAELÍ

Es necesario tener presente el lenguaje en relación al conflicto palestino-israelí, que reclama la debida teorización del concepto de terrorismo, y exige no confundir el concepto antisemita con el concepto anti-sionista que sus críticos esgrimen, así como se intenta confundir la noción de nacionalidad judía (un invento sionista traído de los cabellos) con la noción de nacionalidad israelí. Al gobierno de Netanyahu sólo le importa la nacionalidad judía, no la nacionalidad israelí; porque un ciudadano israelí será siempre un ciudadano de segunda, sin derechos, si no es judío. El problema es que el mundo, incluido el pueblo palestino, sólo le reconoce la nacionalidad israelí, bajo las reglas y principios del derecho internacional, los mismos que obligan a todos los Estados de la comunidad de naciones, sin excepción. La comunidad internacional respeta además la religión judía, tanto como la musulmana y la cristiana, entre una diversidad de cultos que admite el mundo moderno. Pero es diferente la religión judía a la nacionalidad judía, que pretende ser una excepcionalidad con el mandato divino de pisotear el derecho internacional, violar los derechos humanos, desconocer la democracia y hasta cometer genocidio impunemente.

EL APOYO A PALESTINA EXIGE RESISTENCIA AL PODER

Hoy el mundo entero está horrorizado por el genocidio que consuma Israel en la Franja de Gaza. Nunca antes en la historia se llegó tan lejos en la degradación humana. Israel rompe todos los límites de ultraje, humillación y desprecio de la dignidad humana, cuya víctima desde hace 75 años es el pueblo palestino en términos de genocidio, apartheid y limpieza étnica. Ya palidece la Alemania nazi frente a la agresión sionista israelí. Netanyahu superó a Hitler.

Sin embargo, todavía es insuficiente el apoyo a palestina, que ha surgido de los pueblos y de la mayoría de gobiernos, con excepción de Estados Unidos. Ejemplo de ello es la aprobación el pasado 10 de mayo por abrumadora mayoría (143 países) en la Asamblea General de Naciones Unidas del ingreso del Estado de Palestina como miembro pleno, frente a lo cual Estados Unidos anuncia que ejercerá su derecho al veto en el Consejo de Seguridad. Es insuficiente porque el respaldo a Israel proviene del gran poder de las potencias occidentales, en especial de Estados Unidos, que se niega a reconocer la pérdida de su hegemonía mundial. Un poder que se niega a aceptar la nueva realidad de un mundo multipolar, del liderazgo de las potencias emergentes y de la pérdida cada vez mayor de sus ventajas competitivas en escenarios del comercio internacional globalizado. Tomar conciencia del apoyo a palestina es tomar conciencia de la necesidad de hacer resistencia al gran poder que gobierna el mundo, a ese poder corrupto contrario por completo a los valores democráticos, el derecho internacional y al más elemental sentido de humanidad, incluso contrario a las premisas de la economía capitalista que exaltan la libertad de mercado como rector principal en un mundo globalizado, ahora sustituida por sanciones y guerras. El

periodismo tiene un gran reto hoy en defensa de la verdad, que es la defensa de la libertad y la democracia, porque no puede separarse la información de la cultura. La resistencia al poder, dice Riszard Kapuscinski, es una obligación moral del periodismo.

Es decepcionante que el genocidio perpetrado por Israel se quiera interpretar en términos eufemísticos aludiendo a una supuesta guerra religiosa, enfrentamiento ideológico izquierda-derecha, confrontación oriente-occidente, guerra de civilizaciones. Estas narrativas sólo contribuyen a legitimar y justificar el horror del genocidio. La historia enseña que el genocidio no es un acto único, sino un proceso, y los palestinos lo sufren desde 1948.

Según el intelectual Edward Said, “los palestinos fueron convertidos en huérfanos de patria hace 75 años por la creación del Estado de Israel y sus políticas continuas, las cuales están destinadas a borrar su presencia de la tierra”.

EPÍLOGO: EL TEATRO PREELECTORAL DE BIDEN

Estamos hartos del teatro de Biden y Netanyahu de cara a las elecciones presidenciales. En un acuerdo planeado y concertado, Biden le envía a Israel, contra viento y marea, una nueva ayuda económica y militar de 26 mil millones de dólares, y de inmediato le escribe a su amigo “BIBI”: “Si Israel invade Rafah no le voy a enviar más armas”.

Netanyahu, por su parte, que ya entró en Rafah y hará efectivo su plan de limpieza étnica, por las buenas o por las malas, con el guante de seda del desplazamiento forzado o con el uso de la fuerza del exterminio de palestinos, le responde en clave de amantes: “si tenemos que estar solos, lo estaremos”. Es importante diferenciar entre el problema humanitario y el problema político: la consolidación del gran Israel y el reconocimiento de la nacionalidad judía como excepcionalidad por parte de la comunidad internacional.

Se entiende que el mensaje no es para Biden, sino para los universitarios que no paran de protestar por el genocidio en Gaza, porque son parte del electorado joven del partido demócrata. Ya son 160 universidades estadounidenses en pie de lucha. Significa: Israel continuará con los bombardeos, pero Biden no será responsable, no dejen de votar por él.

Biden podrá ufanarse de ser un viejo zorro político, pero eso no lo exime de su responsabilidad en el asesinato de catorce mil niños gazatíes, el genocidio, el apartheid y la limpieza étnica en Gaza, y difícilmente podrá revertir ahora, cuando el sol declina, su labrada suerte electoral, sellada con sangre palestina.

(*) Magister en Economía Universidad javeriana. Autor de las obras Teoría General dela Violencia Política” (2017), y “Batalla por la Síntesis Histórica” (2020)

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