Sobre la primavera antisionista contra el genocidio en Gaza en las universidades gringas

Sobre la primavera antisionista contra el genocidio en Gaza en las universidades gringas

Celebro la ruptura de relaciones con Israel. Una medida coherente con el espíritu democrático de la Colombia Humana y con los ideales revolucionarios del sur global

Por: Pedro León Vega Rodríguez (*)
mayo 20, 2024
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2orillas.
Sobre la primavera antisionista contra el genocidio en Gaza en las universidades gringas

Todavía queda dignidad y resistencia al poder corrupto de las élites occidentales que escupen odio, crean guerras y causan ríos de dolor y muerte para detener la pérdida irreversible de su poder hegemónico mundial. Organizaciones universitarias en Estados Unidos dan ejemplo y esperanza a la humanidad con intensas protestas anti-sionistas y contra el genocidio que Israel consuma en Gaza respaldado por esas élites.

Un genocidio perpetrado con el apoyo político, económico y militar de Estados Unidos de manera incondicional y cómplice desde 1948, cuando se fundó Israel. Desde ese momento, no desde el 7 de octubre, las autoridades judías empezaron a masacrar palestinos en una campaña demencial de limpieza étnica, a ocupar sus territorios y a impulsar asentamientos ilegales de miles de colonos israelíes.

     En los últimos seis meses, con el falso argumento de perseguir a los líderes de la resistencia palestina HAMAS y de buscar los rehenes en su poder, de los que todavía no ha rescatado por la fuerza uno solo, el gobierno sionista de Netanyahu ha matado a 34 mil palestinos, herido a otros 78 mil, el 70% de los cuales son niños y mujeres, ha destruido completamente 221 mil viviendas y el 70% de los edificios mediante bombardeos indiscriminados, dejando sin hogar a más de un millón de personas, casi la mitad de la población de Gaza.

Sin contar la política de apartheid que padece la población palestina, y la orgía de sangre, incendio de casas, robo de tierras, desalojos y asentamientos de miles de colonos en territorios ocupados impulsada por las autoridades israelíes.

     Las protestas apenas empiezan, los estudiantes aun no terminan de instalarse en campamentos al interior de las plantas físicas de las universidades, pero la convocatoria crece cada día, la lista ya supera más de sesenta instituciones educativas norteamericanas en pie de lucha, y se ha extendido a Canadá y a algunas capitales europeas como París y Berlín.

Es probable que el mensaje de rebeldía en solidaridad con palestina llegue fácil en los próximos meses a todas las universidades del mundo y crezca la audiencia. La Universidades de Columbia en Nueva York, la Universidad de California, el MIT, la Universidad de YALE, la universidad de Emerson, en Boston, entre otras, se han sumado a la rebelión, que resuena en todo el planeta como un poderoso grito de indignación y valentía contra la agresión sionista en Gaza.  

      La respuesta de la Administración Biden es una brutal represión policial, oleadas de detenciones, cuya cifra supera los 900, agresiones a profesores y electrochoques a los estudiantes, violando los derechos a la protesta pacífica. Las directivas universitarias expulsan estudiantes, cancelan becas y suspenden reconocimientos honoríficos por méritos académicos con el más recalcitrante espíritu conservador. Ya se asoman en los tejados de los edificios los francotiradores de la Guardia Nacional, como se ve en la Universidad de OHIO.

     Los universitarios exigen al gobierno revelar el monto y carácter de las inversiones en el sector armamentista, desinvertir en empresas israelíes, cortar los lazos con el ejército israelí, hacer efectivo el alto el fuego en Gaza aprobado por la ONU y retirar los cargos contra los estudiantes detenidos por protestar. Sin embargo, el movimiento trasciende las acciones reivindicatorias locales y la misma campaña electoral estadounidense en marcha, prevista para el 5 de noviembre, donde el Presidente Joe Biden del partido demócrata buscará su reelección frente al candidato republicano el expresidente Donald Trump.

LA REBELIÓN ES HISTÓRICA Y PUEDE CAMBIAR EL MUNDO

La conciencia del movimiento no sólo considera intolerable el papel del gobierno de Estados Unidos frente a la situación palestina, en lo que son afines los partidos demócrata y republicano, sino que mira el panorama geopolítico con un mayor alcance, más radical incluso que la protesta contra la guerra de Vietnam.

A la actual protesta universitaria se le denomina el Vietnam de Gaza. El desbloqueo y aprobación en el Congreso de la nueva partida de apoyo a Israel, con participación republicana y demócrata, rebasó la copa del cinismo y la doble moral de la clase política estadounidense, en especial del presidente Biden, quien simulaba moderación y distanciamiento de Netanyahu, pero colmó aún más la paciencia del sector universitario, que terminó por rebelarse abierta y públicamente, primero en la Universidad de Columbia en Nueva York y casi de inmediato en el resto de las principales universidades del país.

      Los universitarios traen a conciencia las palabras del historiador estadounidense Howard Zinn: “Dirán que estamos perturbando la paz, pero no hay paz, lo que realmente les molesta es que estemos perturbando la guerra”. También decía Zinn en 2005: “No nacimos críticos de la sociedad existente. Hubo un momento de nuestras vidas en que ciertos hechos nos sorprendieron y nos hicieron cuestionar creencias que estaban fuertemente fijadas en nuestra conciencia, arraigadas allí por años de prejuicios familiares, educación ortodoxa, absorción de periódicos, radio y televisión”.    

       En ese sentido se entiende que palestina apenas refleja una situación inaceptable en las sociedades occidentales a la que se le debe poner freno de inmediato: que unos gobiernos, unas castas privilegiadas con poder político y mediático, aprovechan la buena fe de la opinión publica en las votaciones donde ésta se manifiesta con espíritu democrático, para simular interés en el bien de la nación y después de electos hacer la política que sólo beneficia a las grandes corporaciones, al complejo industrial y militar estadounidense y a los poderosos fondos de inversión como BlackRock, que representa a las oligarquías, pervirtiendo las sociedades con la implantación de Estados plutocráticos, como es el caso de Estados Unidos, hoy el modelo más aberrante conocido. En esta perversión de la democracia se destaca el lobby sionista, que también es fuerte en países europeos como Reino Unido y Francia, actuando siempre de manera autocrática, depredadora y proclive a las guerras, a los golpes de Estado y a las operaciones de cambio de régimen en países que no sirven a sus intereses.

     El sector universitario parece percibir que el sionismo israelí ha corrompido el mundo entero, provocando guerras, desconociendo las resoluciones de Naciones Unidas, violando los derechos humanos, instaurando políticas de apartheid, violando el derecho internacional con bombardeos a las embajadas, abandonando el concepto de interdependencia que desarrolló la Ilustración y pisoteando los principios democráticos y libertarios que las sociedades occidentales han defendido como una conquista de la humanidad desde el fin de la segunda guerra mundial.

El contagio sionista israelí se ha extendido a Estados Unidos y Europa, produciendo un verdadero colapso de los principios que gobiernan los asuntos internacionales a través de las reglas desde el siglo XVIII. Los universitarios consideran esta contaminación, esta israelización de las naciones occidentales, como algo intolerable que debe parar de inmediato.

         Ejemplo de ello es la destrucción de la libertad de opinión es países otrora considerados democracias ejemplares como Alemania, Inglaterra, Francia. El aparato de seguridad nacional alemán ahora tiene la intención de silenciar a cualquiera que critique o haga cometarios con ideas críticas hacia Israel, ordenando arrestos y desmantelando conferencias. Francia persigue a los inmigrantes, Inglaterra prohíbe por decreto las manifestaciones palestinas.             

      En el escenario internacional se hace evidente que el mundo occidental está podrido, su hediondez contamina el mundo entero, y ese tufillo que apesta es anglo-sionista e israelí. La putrefacción del orden mundial basado en reglas y en los deleznables valores occidentales, es patente y calamitoso. Con el mundo sometido a guerras planeadas como estrategias de ajedrez y juego sucio en el entorno geopolítico y geoeconómico, de dignidad no queda nada, absolutamente nada.

Sí, las estrategias funcionan para vender armas y generar riqueza, pero sobre las ruinas de poblaciones enteras, la destrucción de culturas milenarias, la pérdida del sentido de humanidad y especialmente sobre miles de cadáveres, montañas de cadáveres de niños, mujeres y hombres inocentes, que hacen decir al diablo con los brazos abiertos: oh dios mío, oh dios mío, sálvame. El genocidio de la población palestina ejecutado por el grupo de judeo-nazis que gobierna el Estado Terrorista de Israel, con la complicidad y desvergüenza de las potencias occidentales, en especial de Estados Unidos, es prueba de la podredumbre del orden internacional vigente, del poder corrupto y putrefacto.

     El sector universitario se pregunta ¿por qué el partido demócrata patrocina el genocidio y el apartheid que Israel perpetúa en Palestina? Entonces empieza a descubrir el poder corporativo donde se impone el lobby israelí, y que el gabinete de la Administración Biden está minado de fanáticos sionistas con doble nacionalidad, israelí y estadounidense, o son de origen judío: El secretario de Estado Antony Blinken, la secretaria del tesoro Janet Yellen, el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan, el portavoz del departamento de Estado Mathew Miller, y principalmente el segundo caballero, esposo de la vicepresidenta Kamala Harris, judío y fanático sionista que gobierna en la casa blanca detrás de bambalinas para favorecer los intereses del gobierno de Israel. Además de un cartel de periodistas pro-israelíes de no menos de dos mil miembros dedicados a la propaganda mediática sionista en los grandes medios.

BIDEN EN CAMPAÑA Y CON DOBLE MORAL

Se espera que estas protestas se prolonguen y tengan tanta efectividad como las manifestaciones contra la guerra de Vietnam en los años sesenta y setenta, y logren desenmascarar además la doble moral, desvergüenza y cobardía del presidente Joe Biden, que mientras simula distanciarse del gobierno judeo-nazi de Netanyahu para salvar su reelección presidencial incrementa su apoyo militar y económico a Israel y acompaña plenamente su agenda política sionista y genocida. Se confirma que en la casa blanca no manda la Administración Biden, sino las élites económicas y el complejo industrial militar estadounidense que se lucra con las guerras e impone la agenda política a los presidentes, sin excepción. Estados Unidos es una plutocracia en toda su expresión, donde manda la oligarquía y prima la razón corporativa sobre la razón de Estado.

        Como prueba de ello Estados Unidos acaba de negar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el reconocimiento de palestina como Estado, en contravía de la Resolución de la ONU de 1948 para la creación de dos Estados.

Es además cómplice mediante la participación de la CÏA en el ataque de Israel a la embajada de Irán en Siria, que violó las más sagradas normas del derecho internacional. Con esa operación Estados Unidos logró justificar el envío de armas a Israel luego de la Resolución de Alto el fuego aprobada por el Consejo de Seguridad salvando las apariencias. Los 67 congresistas republicanos cooptados por Biden y el poder corporativo, que seguro financiará sus campañas, ya podrán decir que la ayuda a Israel es para una causa noble, contra la amenaza terrorista de Irán, y no para consumar el genocidio en Gaza, que es el destino verdadero de la partida económica aprobada en el Congreso.     

      El Alto el fuego constituyó otra farsa de la política exterior estadounidense porque Netanyahu lo desconoció y ha seguido adelante con los bombardeos, mientras Biden finge no darse cuenta y muestra así un completo desprecio por Naciones Unidas. La aparente moderación o simulación de Biden la explica su deseo de evitar ensombrecer su campaña electoral desafiando abiertamente el alto el fuego aprobado por la ONU, no su deseo de proteger a la población palestina. Si le importara detendría de inmediato el envío de armas a Israel.

     Estados Unidos también defendió militarmente a Israel en el contraataque de Irán, y sumó el apoyo de Reino Unido, Francia, Arabia Saudita y Jordania en acciones para interceptar los misiles dirigidos a territorio israelí. Además, en lugar de condenar por genocidio a Israel, por violar el Cese el fuego y pisotear el derecho internacional, Estados Unidos terminó premiándolo con nuevas y estrictas sanciones económicas a Irán y revalidando su apoyo económico y militar.

Su política exterior y la de todas las potencias occidentales es una farsa. Las mismas naciones que guardaron silencio durante meses y años ante la agresión sionista israelí contra el pueblo palestino se precipitaron a condenar el contraataque de Irán. Contra Irán todas las sanciones y condenas, contra Israel ninguna, pero el que necesita ser condenado, maldecido, escupido, cazado y llevado a juicio por crímenes de guerra y genocidio en primer lugar es el propio Netanyahu.

A Biden sólo le faltó felicitar a Netanyahu y darle besos por su hazaña para distraer la atención internacional sobre Gaza, mientras prepara el plan de desplazamiento hacia Egipto de un millón y medio de palestinos refugiados en Rafah mediante amenazas de exterminio, el bloqueo de la ayuda humanitaria, el salto a la multilateralidad del conflicto y el chantaje nuclear.

        Con su política terrorista hoy impune Israel ha logrado centrar la atención mundial en el problema humanitario y el apartheid y hacer olvidar el problema político, esto es, la invasión ilegal de Israel a territorio palestino y la Resolución de Naciones Unidas para la creación de dos Estados, uno israelí y otro palestino.

LA AGENDA BIDEN-NETAYAHU ES UNA SOLA

El poder del lobby sionista explica el triste papel de Biden plegándose a la agenda de Netanyahu. Se le perdona su senilidad y su perdida de la memoria, se le perdona que tenga que leer las respuestas a las preguntas de los periodistas, previamente formuladas para su lucimiento, pero no la pérdida de su integridad. La agenda Biden-Netanyahu se ha unificado felizmente. Tras un aparente distanciamiento ya es evidente su reconciliación como en una pelea de amantes.

En un acuerdo mutuamente beneficioso, Netanyahu logra su objetivo político de expulsar la población palestina para la consolidación del Gran Israel con el apoyo incondicional de Estados Unidos, avanza con su proyecto de una nueva ruta de la seda y la explotación de gas en Gaza, y garantiza su sobrevivencia política.

Biden por su parte podrá abrogarse el mérito de detener el genocidio anunciado en Rafah y capitalizarlo en su campaña electoral, recibir el apoyo del poderoso lobby judío a la campaña demócrata y garantizar su reelección presidencial. Estados Unidos logra además revalidar a Israel como enclave en Medio Oriente para el logro de objetivos geopolíticos y geoeconómicos. Las élites económicas siguen decidiendo la agenda política y económica, y el complejo industrial y militar sigue imponiendo la agenda exterior, generando guerras y lucrándose con la venta de armas en escenarios de confrontación.

        El trabajo ya está hecho. Ya se ha convencido a Egipto para recibir en el desierto a los refugiados palestinos de Rafah donde está ingresando ahora el ejército israelí. Para ello se tienen listas 40 mil tiendas de campaña que permiten alojar a 12 familias en cada una de ellas. 

Así, desde la perspectiva de este par de sinvergüenzas inescrupulosos, todo está bien en el mundo y aquí no ha pasado nada. El proyecto sionista está garantizado, incluso si las protestas de los universitarios en un centenar de universidades estadounidenses alcanzan a comprometer la reelección presidencial de Joe, “el genocida” Biden. Porque Trump es más papista que el papa, más proisraelí que el propio Biden. Con espíritu ultraconservador calificó las protestas universitarias de antisemitas.

     Es evidente que la estrategia del gobierno neonazi de Israel mediante la intensificación de los ataques contra la población civil, principalmente niños y mujeres, en términos de genocidio, es criminal pero políticamente efectiva en el corto plazo. Sin embargo, en el mediano plazo el gobierno de Netanyahu está condenado a desaparecer como desapareció el Tercer Reich de Adolf Hitler. Sus líderes serán cazados y llevados a juicio como criminales de guerra y genocidas.

UNA CONFLICTIVIDAD SOCIAL CRECIENTE EN EEUU

El alcance de las protestas universitarias es impredecible y apunta a provocar una fractura social inminente de la sociedad estadounidense, hoy desintegrada y golpeada por una profunda crisis que los grandes medios de comunicación al servicio de las élites vienen ocultando plegados al poderoso lobby anglo-sionista.

Es difícil predecir por dónde puede reventar la protesta universitaria. En Estados Unidos la conflictividad social es creciente y no es extraño que conduzca incluso a una guerra civil en el mediano futuro. Por lo menos ese es el diagnóstico del historiador Peter Turchin, autor del libro FINAL DE PARTIDA- Élites, contra-élites y el camino de la desintegración política” (2024). Basado en modelos matemáticos y en décadas de investigaciones de la historia universal, Turchin afirma que la pregunta no es si habrá violencia en Estados Unidos en una posible guerra civil, sino cuánta sangre se derramará.

         Principalmente preocupante hoy es el mal desempeño de la economía por problemas de su gigantesca deuda externa que alcanza los 34,5 mil billones de dólares, una inflación galopante que parece eternizarse, altas tasas de interés que frenan la producción mientras intentan cubrir la incontinente emisión de dólares, crecimientos del PIB pírricos y ajenos por completo a la demanda interna en tanto sólo tienen soporte en la industria armamentista. Además, el tema de las drogas se ha convertido en una auténtica epidemia.

Estados Unidos es hoy una sociedad de drogadictos, tan adicta a la cocaína como lo fue en el siglo XIX China por adicción al opio. La educación ha caído niveles impresentables, siendo notorio incluso en las propias élites.

La pobreza es alarmante: cuarenta millones de estadounidenses, el 12% de la población. La delincuencia en las tiendas y supermercados se disparó un 70% en 2023; y la concentración de la riqueza es aterradora: el 1% de la población posee el 99% de la riqueza, según el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz.

Es lo que Turchin denomina “la bomba de la riqueza”, que condujo al colapso del Estado en la China Imperial, en la Francia medieval y en los Estados Unidos de la Guerra de Secesión; lo mismo que ocurre ahora en condiciones que sin duda llevarán al colapso del Estado plutocrático estadounidense. 

    La matriz de censura y poder mediático es insuficiente para silenciar la conciencia de los ciudadanos.  Los universitarios son jóvenes, pero conocen muy bien su papel histórico: oponer resistencia digna y ejemplar al poder corrupto de las élites políticas y económicas de las potencias occidentales, hoy en estado lamentable de desmoronamiento y putrefacción.

P.D: Celebro que el Presidente Gustavo Petro haya decidido finalmente en nombre de Colombia romper relaciones diplomáticas con el gobierno judeo-nazi, sionista y genocida de Israel. Siento que mi insistente petición pública ha sido atendida. Una medida coherente políticamente con el espíritu democrático de la Colombia Humana y con los ideales revolucionarios del sur global. Aquí seguiremos hablando de Palestina.

*Magister en Economía Universidad javeriana. Autor de las obras Teoría General de la Violencia Política” (2017), y “Batalla por la Síntesis Histórica” (2020)

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