"Es verdad, uno debe enseñar con el ejemplo": subdirector de la UAESP

Por el uso de miles de bolsas plásticas y la presunta contaminación derivada, la entidad que supervisa a los operadores de aseo ha sido fuertemente cuestionada. Entrevista

Por: Octavio Pineda
octubre 10, 2019
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Foto: Twitter @Uaesp

En entrevista, Yanlicer Pérez, subdirector de Recolección, Barrido y Limpieza de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP), entidad encargada de supervisar y controlar el esquema de aseo en Bogotá, admite que en materia de manejo de residuos es importante predicar con el ejemplo.

Ello ante los cuestionamientos de que han sido objeto la entidad y los actuales operadores de aseo por emplear miles de bolsas plásticas grises —supuestamente oxodegradables—, vistas por muchos como una contaminación innecesaria.

Pérez explica que limitaciones legales y de operatividad han llevado al empleo de estas bolsas, por lo que eliminarlas del esquema de aseo es un reto vigente.

¿Qué piensan del problema del plástico en el mar?

El plástico, al igual que otros residuos de manejo crítico, es un problema ya que tiene gran impacto medioambiental, todos sabemos las consecuencias de su disposición inadecuada sobre todo en las fuentes hídricas y tanto en la flora como en la fauna. Además, los procesos de degradación, al ser tan complejos, significan un problema de largo plazo, y si no empezamos a regularlo y prevenir sus efectos, estamos casados con un problema de por vida que van a heredar nuestros hijos y nietos.

¿Tienen ustedes presente la llamada Jerarquía de Gestión de Residuos?

Quizás en el medio local se conoce de otra forma o se tiene una concepción distinta, pero en nuestra experiencia los residuos sólidos se dividen en no aprovechables y aprovechables, que a su vez se separan en plástico, vidrio, metales, papeles, cartones, e incluso llega un momento en que se hace más específico, pues dentro del plástico hay otra subseparación…

…no va por ahí, es más el tema de las tres erres…

Sí, las tenemos presentes, reciclar, reusar y reducir…

…pero falta la más importante, evitar, es el primer paso, y luego ya reducir, reutilizar, reciclar y desechar. Pongo énfasis en esto porque es un principio básico para la adecuada gestión de residuos sólidos y además ayuda a educar a la ciudadanía, porque uno les puede decir reduce, reutiliza, pero si no los invita a evitar, mucho de lo que se haga en gestión de residuos no va a servir, porque van a seguir generando mucha basura… además el decreto operativo de aseo, la misma ley, pone límites a la cantidad bolsas que puede haber cada 100 metros, máximo dos, pero en la recolección veo mucha bolsa por todos lados, ¿por qué no evitarlas?

Aunque aparentemente se ven más, ahora es cuando menos bolsas hay en Bogotá, porque toda la recolección históricamente aquí se hacía mediante bolseo trasero en los vehículos recolectores, hoy en la ciudad hay 10.747 contenedores que recogen 27% de los residuos que se generan, es decir unas 1.700 toneladas diarias, tal vez 1.500 dependiendo del día; son bolsas que ya no están en el piso. Aparte es una actividad que demanda bolsas no solo en Bogotá; en todas las ciudades del mundo vemos que el barrido es en bolsas, porque no habría otra forma de hacer la recolección (Nota del entrevistador: este punto es cuestionable, pues en ciudades como México no se emplean estas bolsas). Bogotá, en sus licitaciones, exigió que las bolsas tuvieran una capacidad de biodegradación, lo ideal sería no tener bolsas, pero hay un momento en que operativamente es imposible, dentro de las tecnologías pagables que tenemos. Desde el punto de vista técnico, el esquema de aseo en Bogotá es el único en Colombia que redujo el número de bolsas en piso en la operación de recolección, e incluso hay operadores como Ciudad Limpia que, para reducir el número de bolsas, adaptaron sus carros para que los operarios pasen los residuos de una caneca a un vehículo que a su vez va a otro vehículo más grande…

Eso quiere decir que sí hay alternativas. ¿Sabían que las bolsas “oxodegradables” han sido revaluadas en muchos países porque simplemente se les agregan químicos que aceleran su fragmentación, pero al final se vuelven microplásticos que terminan en el medio ambiente? ¿Por qué no revaluar su uso y la cantidad empleada? ¿O por qué no reformar el decreto operativo y desde ahí buscar una alternativa?

Hay dos cosas claves: primero, nosotros como distrito no tenemos la capacidad ni la facultad legal de generar regulación alrededor del servicio de aseo; si bien el decreto regula el uso de las bolsas, también tenemos una regulación para la prestación del servicio de aseo, y en la regulación de Colombia está permitido este tipo de bolsas para estas actividades, de modo que como distrito somos usuarios de la ley nacional y no podríamos estar fuera del marco legal y eso nos dificulta tomar nuestras decisiones. También sabemos que hay otras tecnologías en cuanto a bolsas oxodegradables, pero lo que nos permite y hace eficiente –con equilibrio financiero– la prestación del servicio es lo que hoy existe en Colombia; quisiéramos adaptar tecnologías no solo de bolsas, de otros temas inherentes al servicio, pero siempre tenemos que sujetarnos al marco legal que regula nuestras decisiones.

Pero por ejemplo los municipios de Iza y Nobsa, en Boyacá, ya prohibieron el icopor, es una atribución local, y el decreto vigente está firmado por la entonces directora de la UAESP. ¿La directora actual no tendría atribuciones para reformar ese decreto operativo?

Dentro del alcance que tenemos, el manejo del icopor es muy diferente al de las bolsas, seguramente la primera autoridad de esos municipios tomó esa decisión, pero nosotros no somos primera autoridad distrital, somos una entidad administrativa…

…¿pero entonces el alcalde podría hacerlo, que él lo derogara?

Nos sujetamos al marco que tenemos. En cuanto al uso de bolsas inherente al servicio de aseo, Iza no puede cambiar la estructura que existe en el país, porque ninguna autoridad local está por encima de la nación. Vemos con buenos ojos esos planteamientos y estamos seguros de que hacia allá se dirige la regulación en Colombia, a que el servicio sea mucho más sostenible desde el punto de vista ambiental y somos defensores y hemos dado pasos significativos en este proceso, pero a la hora de legislar, regular o reglamentar no tenemos la posibilidad o la potestad de hacerlo y somos respetuosos y usuarios de las normas.

Los actuales operarios de barrido no agregan valor porque solo meten en esas bolsas grises toda la basura revuelta por la ciudadanía. ¿Por qué no hacen ellos recolección primaria separando los residuos en reciclables y no reciclables para una posterior recolección diferenciada?

Estoy de acuerdo con el planteamiento. El único incentivo para la separación que puede llevar a modificar este tipo de conductas en el barrido es que desde la regulación se permita; si yo tuviera la posibilidad, una herramienta regulatoria, de nivel nacional que me permita la separación de la actividad de barrido, por supuesto que lo haríamos y hacia allá deberíamos ir, pero el barrido ya no costaría lo que cuesta, es una actividad que se haría mucho más selectiva, más compleja, y por tanto el costo, la remuneración de ese señor que antes me hacía 2 o 3 km de barrido manual, si ahora me va hacer separación a lo mejor me hace 1 o 0,8 km porque está haciendo separación, el rendimiento del barrido sería menor y tendría unos costos distintos. Es una posición responsable, seria, estoy de acuerdo y dentro de la administración todos así lo vislumbramos, pero siempre necesitamos el canal legal para hacerlo. Colombia es de los pocos países donde el servicio de aseo está regulado vía tarifas, en otros países no hay tarifa de aseo, es un impuesto como parte del predial de tu vivienda, tiene otra connotación, porque sí te permite crear política pública alrededor de los ingresos proyectados, pero acá siempre estamos sujetos a la tarifa.

Además, hay menos operarios de barrido porque se aumentó el barrido mecanizado: 50% de nuestras vías principales está atendido así por obligación de esta concesión, antes a duras penas llegábamos a 14%; todas las avenidas principales de Bogotá, por lo menos una vez dentro de las rutas, están atendidas con barrido mecánico.

Otra limitación es la no exclusión de los recicladores por la Corte Constitucional, pero ¿por qué no pensar en un esquema donde, lo que ellos no alcancen a recoger hasta cierta hora, lo recolecten los operadores de forma diferenciada? Eso elevaría las tasas de recuperación y que no termine todo en Doña Juana (muchos ciudadanos se quejan de que los vehículos recolectores terminan revolviendo todo lo que ellos separan en casa).

Los horarios existen porque tenemos una obligación contractual donde el recolector de ordinarios no puede anticiparse a los recicladores, sí existe esa garantía, las horas de recolección no coinciden y siempre son posteriores al aprovechamiento, pero se generaban unos puntos donde el reciclador, ya teniendo el material en el contenedor aprovechable, se volvió tan selectivo que buena parte del material ya no le interesaba: se llevaban el PET, el metal, las latas, pero el cartón y el papel se quedaban en los contenedores. Ese mercado se vuelve selectivo, pues incluso entre lo aprovechable se genera un gran rechazo, que al final es un desperdicio que termina yéndose al relleno. A futuro pensaría que el contenedor ya no debe ser abierto a todos los materiales, sino con un orificio para botellas y latas, porque es lo que les gusta, y el resto, como siempre tiene riesgo de ensuciarse o humedecerse, termina contaminado y no es más que ordinarios.

¿Por qué no haber empezado ya hace tiempo con esos contenedores con orificio?

La contenerización en Bogotá fue un proceso complejo: siempre respetando los fallos de la Corte y el criterio y aprendizaje histórico de los recicladores, nos dejamos llevar de la mano de lo que querían para facilitarles el trabajo; no hicimos nada muy selectivo porque lo que planteaban en todas nuestras mesas de pedagogía era que tuvieran acceso general al material. Hay un reciclador más especializado que apunta al PET, pero quien no es tan experto se lleva lo que sea, por eso hoy está abierto, pero seguro a futuro vamos a empezar a dividir lo aprovechable y así ocurre en muchas ciudades del mundo, donde tienen hasta siete contenedores, para tapas, botellas, el aro de la botella, algo muy avanzado, pero aquí teníamos que dar el paso de separar por lo menos lo aprovechable de lo no aprovechable, eso nos va a llevar al estado ideal de una separación de lo aprovechable. Si aquí la gente se confunde con dos canecas o dos contenedores, no me imagino si de golpe hubiéramos traído los 4 o 5 que por lo menos hay en Madrid. Hemos sido valientes en arrancar con algo, pero hay mucho por hacer; dar el primer paso no es nada sencillo y a futuro vamos a tener mucha más división en la separación y el aprovechamiento.

De 2016 a la fecha ¿qué tanto ha aumentado la recuperación de materiales?

Estamos en unos niveles de reciclaje de entre 15% y 20% en Bogotá, algo significativo porque crecer en esto no es fácil. La ciudad viene de marcar entre 2% y 5%, y antes de este esquema estábamos entre 12% y 14%, ya superamos la barrera del 15% y vamos más cercanos al 20%, no es la velocidad ideal, pero sí estamos creciendo.

Volviendo a lo de las bolsas grises, ¿es entonces factible que no usen tantas (algo que a ustedes tampoco les ayuda en el tema pedagógico con la ciudadanía)?

La bolsa responde a una demanda de generación de residuos, lo primero que debemos hacer es evitar que se generen tantos residuos y que vayan a las áreas y vías públicas, porque en la medida que sea necesario barrer menos vas a tener la necesidad de embolsar menos, hay que empezar desde el origen, es importante insistir en una pedagogía efectiva de educar al ciudadano, el ejemplo del mimo, educar al niño en la escuela, tener algún gestor ambiental en la calle diciendo cómo usar las canecas, es lo mejor que podemos hacer y a futuro vamos a lograr impactar la demanda de bolsas desde la fuente.

Retomando lo del decreto operativo, dicen que por limitaciones no lo pueden reformar, ¿pero por qué no, como UAESP, vigilar más que los operadores de aseo sí cumplan con esos límites, porque la ley es muy clara y dice hasta dos bolsas cada 100 m, y uno a veces ve 8 o 10 bolsas en un pedazo corto, por qué como autoridad no ser más estrictos en vigilar esa ley?

Si le digo al operador que a partir de mañana tiene que colocar solo dos bolsas de barrido cada 50 o 100 m, ¿dónde coloca el resto de residuos? La demanda de bolsas depende de la generación, por eso hay que atacar el origen y promover con pedagogía que cada vez el usuario genere menos residuos en piso para que la cantidad de barrido se reduzca, es la mejor alternativa.

¿Y eliminarlas de plano no es posible?

En este momento no, porque generaría otro problema igual o más complejo con el manejo de residuos; de hecho, el mismo Decreto 1077 de 2015 dice que los residuos deben estar debidamente embolsados y presentados.

…pero ese decreto no toma muy en cuenta el desarrollo sostenible. En la época actual uno tiene que revaluar muchos decretos o leyes, si ayudan o no, y si no derogarlos…

Derogarlos con una solución que se pueda hacer operativa, eso es lo clave para que la norma tenga su objeto, que es cambiar una realidad.

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