En la presente coyuntura electoral, como en todas, la gran prensa está tratando de disimular su irrenunciable parcialidad política bajo el ropaje de una supuesta “preocupación” por la polarización extrema a que, supuestamente, nos han llevado Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella con sus propuestas radicalmente opuestas.
Si tal preocupación fuera genuina, estos medios aprovecharían su enorme influencia social para contribuir a la difusión objetiva de las propuestas de los candidatos, permitiendo que el elector tuviera la posibilidad de escoger con razones, y no con miedo, al candidato de su parecer. Lamentablemente, su verdadera prioridad no es el debate de ideas, sino la preservación del statu quo. Pareciera que les resultara indiferente quién habite la Casa de Nariño, siempre y cuando el elegido sea un guardián de los privilegios históricos de las castas dominantes, comprometido, además, en desmantelar los avances del gobierno actual.
Indudablemente, ese hombre no es Cepeda. Pero como él encarna la continuidad de dicho gobierno, cuya popularidad ronda el 49 %, los medios no se atreven a irle de frente. Es más rentable etiquetarlo como “extremista” al que le ha salido al ruedo otro “extremista”, el más radical, Abelardo de la Espriella.
La tarea es, pues, cerrarle el paso sea como sea y con quien sea, para evitar que con él sobrevengan cuatro años más de un proyecto político que consideran un desastre. Que quien pueda cumplir ese papel sea De la Espriella, no importa. Lo fundamental es que garantice la preservación y desarrollo de los intereses del establecimiento, a cambio de que todos los sectores anti-Petro terminen cargándole la maleta, escoltados, por supuesto, por la narrativa cómplice de los grandes medios.
La supuesta polarización no pasa de ser, entonces, más que un libreto elaborado en las salas de redacción, con el cual se quiere pavimentar el camino de regreso de la vieja política, arrebatándonos el derecho a continuar con los cambios que, aunque tímidos, nos trajo Petro, y que Cepeda nos garantiza continuar con su vida impecable, puesta al servicio de las reivindicaciones populares.
Lo anterior surge como una reflexión sobre la fe en el proyecto de Iván Cepeda y el compromiso con una visión de país. Existe una indignación justiciera ante el rechazo de procesos democráticos por parte de organismos electorales, lo que refuerza la necesidad de analizar críticamente cómo se construye la opinión pública en Colombia hoy.
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