Energías alternativas: ¿por qué siempre llegamos tarde?

Tenemos todo para producir energía solar; desiertos y cañones para la eólica; zonas aptas para la geotérmica; y costas para sacarle provecho a la marítima

Por: Mario Javier García Márquez
marzo 17, 2021
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Energías alternativas: ¿por qué siempre llegamos tarde?
Foto: Pixabay

Hace más de 20 años Siemens ya producía paneles de energía solar. Recuerdo haberme sorprendido cuando vi que la garantía de dichos paneles era de 15 años. Me parecía una maravilla. Su capacidad era de solo 50 watts y su eficiencia no superaba el 16%. Pero aún más me sorprendí cuando me di cuenta de que BP (British Petroleum), para esa misma época, también producía paneles de energía solar.

Yo ya era un fanático de las energías renovables y pasaba saliva con solo pensar en un mundo libre de petróleo. Tesla, un poco más tarde, pero también en los albores de este siglo, era una compañía desconocida. Nadie hablaba de ella, pero a mí me encantaba la posibilidad de poder contar con autos eléctricos y me la pasaba mostrándole a todo el mundo su página y su primer modelo: el Tesla Roadster; un superdeportivo de USD 100,000 que hacía 1 a 100 km/h en tan solo algo más de 4 segundos. Un volador sin palo, y eléctrico.

También me parecía notable que los primeros prototipos de autos eléctricos eran unos adefesios horribles. No entendía qué carajos tenía que ver la electrificación de un carro con su diseño. Siento que fue una estrategia para que nadie los comprara. Sin embargo, y cosa curiosa, General Motors, a finales del siglo pasado, produjo el GM VE1, muy feo, por cierto, pero que a pesar de ello se vendió como pan caliente, particularmente en California (EE. UU.). Ello disparó las alarmas de las corporaciones petroleras y se ordenó la salida de las calles de este prototipo (Who Killed the Electric Car?, Sony).

El Tesla Roadster, solo una década después, en cambio, era un bello convertible, deportivo, lujoso y rápido, producido por una naciente empresa que comenzó a cotizar en bolsa algunos años después, en el 2010, a solo USD 15 la acción (hoy en día ronda los USD 800 y llegó a valer más de USD 2000). Ya la movilidad eléctrica parecía imparable. Ese impulso dado por Tesla, quien en tan solo 10 años logró multiplicar por 100 el valor de su acción, llevó a que todo el mundo se pellizcara.

Países como Francia, Alemania y el Reino Unido limitaron al corto plazo la importación y fabricación de vehículos de combustión; y la mayor compañía automotriz del mundo, Volkswagen, decidió invertir más de 70,000 millones de euros en investigación para el desarrollo de sistemas de propulsión eléctricos. Noruega, por su parte, el mayor productor de petróleo de la Unión Europea, decidió suspender la búsqueda de más petróleo, y ya más del 50% de su flota vehicular es híbrida o eléctrica.

En cambio, en el país del sagrado corazón, su mayor empresa (Ecopetrol), durante la presidencia de Juan Carlos Echeverry, promovió un concurso entre los empleados en el cual se revisaban propuestas innovadoras y vanguardistas que pudiesen ser implementadas por la empresa. Aprovechando a un familiar cercano que trabaja en Ecopetrol me empeñé en explicar que Colombia tiene todo para ser una potencia energética.

Tenemos todo para producir energía solar (muchas horas de sol por año); desiertos y cañones ideales para la energía eólica; zonas aptas para energía geotérmica (en Boyacá, Cundinamarca, Antioquia, Caldas, etc.); y algo así como 3000 km de costas para sacarle provecho a la energía marítima. Toda una fuente por explorar, sin impacto ambiental, y que nos permitiría salir de manera gradual de la dependencia de petróleo.  La respuesta de los evaluadores fue: “esas propuestas no son prioridad para la empresa”.

Yo pensaba que los doctorados, como Echeverry, estudiaban un doctorado para dedicarse a la investigación o en últimas para conducir una empresa por el camino de la innovación. Me equivoqué. Alguien con el ego de Echeverry estudia un doctorado para poder mostrar el diploma. No para desarrollar la finalidad que el doctorado persigue: la investigación, la innovación, la ciencia. Se perdieron 6 valiosos años, que ahora con el descalabro de Hidroituango nos están haciendo falta.

Y para reiterar que seguimos llegando tarde, llega un alcalde altísimo, canoso y barbudo que nos mete por los ojos un sistema de transporte basado en buses, en la ciudad más importante del país, y matricula la medio bicocadita de 1483 buses diésel con el argumento fofo de que cumplían con la norma Euro5. Una norma que aprobó el Parlamento Europeo en el 2007 y que entró en vigencia en el 2009 y que fue relevada en el 2014 por la norma Euro6. ¿Cómo la ve? Doloroso, cierto.

Para terminar de redondear el panorama, el gobierno de turno, a pesar de sus promesas de campaña, se sigue empeñado en desarrollar lo que en otras latitudes se encuentra proscrito, por opuesto a las conductas medioambientales que el planeta clama a gritos: el fracking. Ojalá esta apuesta de Ecopetrol (la compra de ISA) y su red de distribución energética vaya de la mano del viraje necesario, no solo para la empresa, sino también para el país, en un mundo que exige un cambio obligatorio en la manera en que tratamos al planeta.

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