Opinión

En defensa de Carolina Sabino

El atentado que ha cometido la Fiscalía al filtrar esta historia privada a medios de comunicación es, a todas luces, una violación del derecho a la intimidad

Por:
Septiembre 13, 2015
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Cuando digo que estoy con Carolina Sabino digo que estoy con cada mujer en este país que ha tenido que pasar por el tormento de abortar a escondidas (así es aquí) y que ha enfrentado riesgos entre la vida y la muerte(así es aquí) después de someterse al dilema de su vida bajo las circunstancias personales que la han llevaron a optar por esta decisión. Decidir un aborto no es lo mismo que preguntarse qué camisa usarás mañana. Esa decisión te acompaña en adelante y se asoma en tus sueños de improviso, o cuando miras un comercial de pañales en la tevé, o cuando escuchas una voz. O cuando escuchas un silencio. Aborto no es una palabra tranquila. Nunca.

Seré obvio: no deberíamos estar hablando siquiera de esto. El atentado que ha cometido la Fiscalía General de la Nación al filtrar esta historia privada a medios de comunicación es, a todas luces, una violación del derecho a la intimidad. Y en su cinismo exhiben con orgullo pruebas que no son admisibles en un caso —inexistente— porque la autorización para intervenir las comunicaciones de Andrés Sepúlveda tienen razón de ser en un caso específico que no es precisamente el tema de las conversaciones de la esposa de Sepúlveda con su hermana. ¿Alguien recuerda en que consiste el debido proceso? Parece que no. Señalo de paso que es absurdo, por decir lo menos, que se notifique primero a la prensa que a un imputado. Un micrófono de emisora no es lo que llaman vía legal. De vez en cuando estaría bien que los periodistas dijeran “no gracias” a ciertas fuentes que solo los usan para conveniencia propia. Si las cortinas son de humo es porque la casa está en llamas.

¿Creen que esta es la hora en la historia del país en que debe iniciarse la persecución del aborto? Entonces no ofrezcan condena solo a las mujeres, sume a los hombres que tienen que ver con cada embarazo interrumpido (nadie aún se ha embarazado solo) y no olvide en la sentencia a los farmaceutas, a los médicos, a las enfermeras, a los amigos que acompañan a sus amigas a pasar por este duro tránsito. Señor fiscal, no finja sorpresa, son decenas de miles de colombianos entonces a los que debe buscarle lugar en prisiones que aún no existen. Porque en las cárceles de hoy no caben siquiera los criminales de verdad.

Personas como el Fiscal General y el Procurador ídem deberían recordar que el libro sagrado de una nación democrática no es la Biblia, es la Constitución. Dejen en tierra la piedra que guardan en su puño cerrado: no hay justicia en lapidar a una mujer, no hay honor en apedrear la dignidad de nadie.

¿Sería igual todo esto si ella no fuera famosa? ¿Importa menos la intimidad de un ciudadano si se trata de una celebridad? ¿Alguno de estos diligentes funcionarios se detuvo a pensar en que están atentando contra un menor de edad? (si, Tomás, el hijo de Carolina) ¿Podría, señor Fiscal, contarnos los adelantos en casos tal vez menos importantes como La Escombrera en Medellín, por favor?

La Corte Constitucional ha autorizado la interrupción voluntaria del embarazo en tres casos: violación, malformación del feto y riesgos de la salud física y mental de la madre. Y de la salud mental estamos hablando al hablar hoy de lo que no deberíamos estar hablando. ¿El Estado colombiano forzará en adelante a procrear en contra de las decisiones que una mujer tome incluso, tantas veces, en acuerdo con el padre? Los derechos sexuales y reproductivos son justo eso: derechos.

El estado ha de velar por proteger los derechos de los ciudadanos, no por violentarlos.

Y nosotros, todos, esta tribuna constante que luce de juez, censor y verdugo desde el teclado de un teléfono o un computador en un foro o en una red social deberíamos, de cuando en cuando, dejar de practicar el escupitajo hacia los demás como deporte nacional. ¿Cuántos de los hombres que se entretienen señalando hoy a una mujer son los malos padres que no reconocen al hijo que concibieron? ¿Cuántos de ellos son la cuota alimentaria que tampoco se consignó este mes? ¿Cuántos dejaron sola a una mujer cuando ella dijo “estoy en embarazo”? Cobardes que no comprenden que embarazo se pronuncia en plural: estamos. Para decirlo en términos que a muchos entienden mejor: ¿cuántos ven la paja en el ojo ajeno y no notan la viga en el propio?

Conozco de cerca historias distintas de embarazos interrumpidos y puedo decir que ningún aborto se cuenta con una sonrisa en los labios. Duele contarlos, duele vivirlos. Una mujer que pasa por esta tribulación no necesita una amenaza de cárcel sino un abrazo. Un abrazo de verdad que sepa escuchar y comprender.
Mi abrazo está con ella.
Con tantas.
Con todas ellas.

@lluevelove

 

 

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