Opinión

El viaje de Petro a Washington

El Procusto imperial, Trump, abre la puerta como si fuera generoso, pero aguarda y ante el más mínimo movimiento que considere equivocado la cerrará.

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enero 08, 2026
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Procusto, quien se creía hijo de Poseidón, ofrecía amable posada a los viajeros cansados. Ya en la cama los amordazaba y torturaba estirándolos y dislocando sus articulaciones a martillazos para atarlos con justeza a los cuatro extremos si eran más cortos que la cama, o cercenando partes de las extremidades si tenían la característica de ser más largos que esta. Así, el desgraciado viajero cuadraba perfecto al largo del lecho antes de morir.

Procusto lo hacía por placer, pero más que eso por una noción que representa la obstinación de hacer lo sea necesario para acomodar todo a la forma que uno imagina, una verdadera intolerancia a las diferencias, a las opiniones, a todo aquello que no cuadra con el marco en el que uno delimita su propia existencia.

Bueno, me acuerdo de esto porque el viaje de Petro a Washington a hablar con Trump, algo que esta mañana se celebra como un éxito de la diplomacia y realmente tiene enorme mérito y valor en las circunstancias actuales de avasallamiento, sicológicamente parecería un encuentro de procustos, uno más fuerte e imperial que otro, pero en fin un encuentro de pareceres que no dan mucha cabida a los disensos.

El momento, entre el horror que acontece, parece positivo; pero puede correr el riesgo de ser otro regalo envenenado

La llamada ha sido hecha con aparente éxito. El momento, entre el horror que acontece, parece positivo; pero puede correr el riesgo de ser otro regalo envenenado. De aquí al encuentro entre ambos mandatarios (si se da y ojalá se dé), cada movida de Petro, cada palabra, cada acción está en una suerte de cuerda floja.

Hay un complejo umbral que debe ser cruzado hasta llegar al encuentro. El Procusto imperial, Trump, abre la puerta como si fuera generoso, pero aguarda y ante el más mínimo movimiento que considere equivocado la cerrará, no se dará al encuentro y hará tronar su obstinación imperial. Y si se da al encuentro, también aguardará en su silla para impartir condenas y descoyuntar lo que toque ante cualquier gesto que no le agrade.

Quién lo hubiera imaginado. Así sigue moviéndose el mundo hoy, un eterno retorno.

 

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