El persistente silencio de María del Pilar Hurtado, la exdirectora del DAS

Las chuzadas ilegales por las cuales paga una condena de 14 años entraron a la órbita de los magistrados de la JEP, pero la protagonista insiste en no hablar

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Noviembre 07, 2018
El persistente silencio de María del Pilar Hurtado, la exdirectora del DAS

En Panamá, a donde viajó casi que de incognito en diciembre del 2010, la vida de María del Pilar Hurtado cambió. Conoció a Horacio Arteaga Montoya, un panameño que asesoraba a la Embajada de Estados Unidos en ese país, con quien se casó. Fue su consejero y fuente de tranquilidad mientras en Colombia le llovían piedras de fuego. Tenía el descanso de la protección política que le aseguraba el presidente Ricardo Martinelli, amigo cercano de Álvaro Uribe, para cuyo gobierno había trabajado, desempeñándose como directora del DAS —Departamento Administrativo de Seguridad adscrito a la Presidencia— que operaba como la central de inteligencia de Colombia.

Hurtado tomó el avión en un momento en que la orden de captura era inminente, producto de la investigación que ya tenía enredado desde 2009 a Jaime Fernando Ovalle, entonces coordinador del grupo de inteligencia G3 del DAS, y a quien Hurtado acusó de estar involucrado en las interceptaciones ilegales, pero siempre negando su participación en estas. En 2009 el fiscal también llamó a 33 exfuncionarios de la entidad a interrogatorio, entre los que estaban el jefe de contrainteligencia Jorge Lagos y la subdirectora de operaciones Martha Leal, quienes la señalaron de conocer lo que estaba sucediendo. Luego llegaron otras evidencias del espionaje que hacía el DAS. Seguimientos al entonces director del colectivo de abogados José Alvear y excongresista del Polo Alirio Uribe, que revelaban la intencionalidad del trabajo de inteligencia: el anzuelo para irrumpir en su intimidad fue la empleada doméstica a la que se acercaron a través de otra mujer que se encargaría de ganarse su confianza. Y lo lograron. A través de ella invadieron con  micrófonos la vivienda de Uribe y para dar cuenta de sus movimientos cotidianos alquilaron un apartamento vecino. Empezó luego una guerra psicológica a través de llamadas anónimas a su esposa para generarle sospechas de comportamientos de infidelidad. El propósito: desestabilizarlo emocionalmente y quebrar a uno de los más férreos opositores del uribismo.

Advertida de las dificultades judiciales, alcanzó a viajar ya con Juan Manuel Santos presidente pero sin que la fractura con el expresidente Uribe se hubiera hecho aún evidente. Hurtado encontró un mejor destino en Ciudad de Panamá con su matrimonio y la tranquilidad del asilo otorgado de manera exprés por el Presidente Martinelli a finales del 2011.

Pero el eco de la nueva situación política y su realidad judicial en Colombia empezaron a pesar sobre ella. Santos ya estaba negociando con las FARC a escondidas, alejado de Uribe y con una nueva forma de plantear la justicia en el país, y la Procuraduría la había sancionado a 18 años de inhabilidad para ejercer cargos públicos.

La situación se volvió insostenible y la exdirectora del DAS decidió someterse a la justicia colombiana. A finales del 2014  tomó el tiquete de regreso. Su esposo no la acompañó, y hasta hoy no a viajado a Colombia para visitarla. Aterrizó el 31 de enero directo al bunker de la Fiscalía. No habían pasado 48 horas de su detención cuando llegó el abogado del colectivo José Alvear, Luis Guillermo Pérez, a su lugar de detención provisional. Pérez, quien había sido una de las víctimas de las interceptaciones ilegales, había liderado la estrategia jurídica que forzó su regreso, solicitada por la Corte Suprema de Justicia a cumplir una condena de 14 años por los delitos de falsedad ideológica, peculado por apropiación, actos arbitrarios e injustos, concierto para delinquir y abuso de función pública.

Son tres años los que completa María del Pilar Hurtado en prisión, y muy posiblemente se verá abocada a declarar ante la JEP, donde el caso de las chuzadas ilegales del DAS podría tener nuevas revelaciones. El Tribunal de Paz confirmó que los agentes en el caso pueden acogerse a la JEP y mantuvo unas medidas cautelares para proteger todos los archivos de la extinta entidad, que todavía guarda varios secretos. Ahora la JEP tiene la potestad sobre los archivos después de que la Sala de Reconocimiento los considerara fundamentales en términos de verdad, justicia, reparación y no repetición.

Su lugar de reclusión inicial era la cárcel de mujeres del Buen Pastor de Bogotá. Sin embargo, su abogado Jaime Camacho logró que fuera trasladarla al Centro de Estudios Superiores (CESPO) en Suba, donde compartiría detención con el también exdirector del DAS Miguel Maza Márquez y el exsecretario privado de la Presidencia durante el gobierno Uribe, Bernardo Moreno Villegas. Estaban próximos a llegar al lugar, el 14 de mayo del 2015, cuando una contraorden del INPEC les cambió la ruta hacia la Escuela de Carabineros de la Policía, vecina del Parque Nacional.  Allí estaba, desde hacía cuatro años, el exalcalde Samuel Moreno.

Muy recién llegada, una de las primeras visitas que recibió la exdirectora del DAS fue la de Álvaro Uribe. No habían pasado quince días, cuando el 28 de mayo, se presentó el expresidente. Un encuentro que describió en su cuenta de twitter.

Quienes la han visitado reconocen las buenas condiciones de las instalaciones donde permanece. Rodeada de zonas verdes, pero también de la soledad y depresión que la atropella. Podría cambiar su escenario judicial si aceptara colaborar con la justicia y señalar de dónde le llegaban las órdenes. Pero el silencio de María del Pilar Hurtado, quien ha escogido llevar el peso de la ausencia de libertad sobre sus espaldas, es a prueba de hierro. No delatará a nadie porque actuó con convicción, ni siquiera ante el férreo tribunal de la JEP donde puede terminar convocada en cualquier momento. El tema de las chuzadas, que ha dado incluso para libros, es un capítulo en la vida de la exdirectora del DAS que ya cerró.

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