El patrimonio criminal de las Farc
Opinión

El patrimonio criminal de las Farc

El cuantioso patrimonio criminal de las Farc se convirtió, por obra de un acuerdo patente entre esta insurgencia y el actual gobierno, en el tema prohibido que jamás se tocará

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junio 27, 2016
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El cuantioso patrimonio criminal de las Farc se convirtió, por obra de un acuerdo patente entre esta insurgencia y el actual gobierno, en el tema prohibido que jamás se tocará. Así, se le ha entregado a este movimiento patente de corso para guardar celosamente los fondos billonarios producto de narcotráfico, secuestro, extorsión, lavado de dinero, hurto, prostitución infantil, contrabando, minería ilegal, ventas sacrílegas y sicariato que ha ejercido durante décadas.

Un informe reciente de Financial Action Task Force  FATF titulado Emerging Terrorist Financing Risks [October 2015] detalla minuciosamente los canales por los cuales fluyen los billones de organizaciones terroristas y les permite distribuir y atesorar  -con riesgo mínimo- dentro del sistema financiero internacional, sus recursos. Un estudio gubernamental sobre el cual se ha buscado lanzar un manto de silencio fija la fortuna del grupo delincuencial en 10 500 millones de dólares en 2012.  Sus ingresos por el rubro de exportación de narcóticos se han multiplicado varias veces durante los dos últimos años como resultado del aumento de 69 000 hectáreas sembradas en coca en 2014 a 85 000 en 2015. Gran porción de este aumento corresponde a las Farc. Basta mirar a Meta, Guaviare, Nariño y Putumayo.

El patrimonio de esta guerrilla puede llegar hoy fácilmente a 14 000 millones de dólares. Pero, ¿dónde está?  A partir del esquema general de blanqueo de efectivo o activos que se inicia con el traslado físico, la posterior fragmentación en volúmenes más pequeños a través de subcanales y su integración al sistema financiero, las organizaciones terroristas han edificado sistemas eficaces dentro de las estructuras comerciales y financieras sujetas a la legalidad. Con el soporte del tradicional testaferrato viene perfeccionándose el conocimiento acerca de nuevas técnicas cibernéticas, rutas alternas para canalizar remesas financieras y transferencias electrónicas que van varios pasos delante de la función preventiva de leyes y tratados.

El segmento del sector comercial fuertemente intensivo en uso de efectivo es uno de los terrenos preferidos. Por ejemplo, los negocios de azar, tales como casinos, que hacen hoy su apogeo en Colombia. El sector asegurador es otro escogido mediante la suscripción de seguros de vida y cuentas de pensión no obligatorias, reaseguros y manipulación de reclamaciones fraudulentas.

FATF ha identificado, así mismo, la existencia del llamado ´lavado de profesionales´ que implica el reclutamiento —en lo cual son expertos movimientos como las Farc— de abogados, médicos, ingenieros, odontólogos que por descuentos que terminan siendo honorarios voluminosos declaran fiscalmente ingresos provenientes del crimen.

Las Farc estarían desplegando transfronterizamente estas actividades en los tiempos de boom cocalero en varios países latinoamericanos y de África y Asia. Se habla con frecuencia de la nueva generación de narcotraficantes de bajo perfil y sentido empresarial.  Pero se olvida mencionar al cartel mayor, las Farc, que ha sabido evolucionar en sus metodologías de gestión de liquideces originadas en el crimen.

 

Al nuevo look visual de alias Timoleón
corresponde también la novel faceta de
billonario en vacación caribeña

 

Al nuevo look visual de alias Timoleón corresponde también la novel faceta de billonario en vacación caribeña –fina guayabera y finos anteojos–  bien compenetrado con técnicas globales de ingeniería financiera. A los cálculos jurídicos para saltarse la ley, en sus adentros van las sumas que guarda y se plasman en su rostro henchido de gozo.

El tal impuesto a la riqueza ideado por el gobierno Santos –que es una exacción a la clase media– no es ningún impuesto al patrimonio, dizque modelado en la propuesta de Thomas Piketty, quien a estas alturas no ha sido leído por nuestras autoridades económicas. Si alguien debe ser gravado en sus haberes patrimoniales brutos tanto por razón jurídica-penal como de justicia fiscal elemental son los billonarios de las Farc –alias Marcos Calarcá, quien juraba al periodista Juan Carlos Iragorri, RCN, la pobreza de las Farc o el propio alias Timoleón Jiménez.

El ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas resuelve invocar ahora en forma trasnochada la noción de ´nueva economía´ que jamás importó a un gobierno recostado durante seis años en los ingresos volátiles del petróleo. ¿Por qué omite el filón que atesoran sus conmilitones de las Farc en tiempos de sequía fiscal y necesidad de las víctimas?

Porque todo indica que en los altos heliotropos de este gobierno ronda la convicción de que la plata mal habida debe respetárseles.  Implicó trabajos arduos, asesinatos y secuestros riesgosos y es, dentro de la óptica perversa de la ´nueva paz´ legítimamente suya. En jerga de bandidos, es ´bataneo´ consumado.

El comisionado Jaramillo Caro habló hace algunos meses, en una extraña concepción de responsabilidad social corporativa, de la ´nueva narrativa¨ de la paz que obliga al sector privado a  contribuir a la incorporación de las guerrillas a la economía nacional. Es decir, empresarios y trabajadores honestos deberán pagar su bondad. Y pedirles perdón, como lo pide el alcalde Armitage. Todo por el patrimonio de los nuevos padres de Colombia.

Ante el cual se debe guardar silencio.

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Para el caricaturista Vladdo –a quien no leo en sus columnas ni miro en sus dibujos– el fracaso provocado por la actual canciller en la Corte Internacional de Justicia debe hundir en el mutismo sempiterno a María Isabel Rueda. Ni más faltaba. Ante todo la libertad de expresión. Confundir la función crítica de una de las más sobresalientes periodistas de este país con odios pequeños es desvirtuar estúpidamente la carrera llena de brillo de una maestra en el quehacer. Una cosa es relaciones internacionales y derecho internacional y otra cosa bien distinta relaciones públicas. Aclaro: conocí la frase de este respetable y conocido caricaturista, aparecida en Semana, porque algún amigo me la comunicó.

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Juan Mario Laserna

La narcocultura y sus guardaespaldas

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