El lánguido despegue de los partidos resucitados

En la última década las Altas Cortes han resucitado varios partidos políticos. Han vuelto al debate la UP, Verde Oxígeno, Nuevo Liberalismo y otros. ¿Tienen futuro?

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
junio 08, 2022
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El lánguido despegue de los partidos resucitados
Fotos: Leonel Cordero/Archivo

A lo largo de la última década las Altas Cortes se han sincronizado para resucitar a varios partidos políticos. Así, han vuelto al debate público la Unión Patriótica (UP), el Nuevo Liberalismo, Verde Oxígeno y el Movimiento de Salvación Nacional. Su resurrección -precedida por extensos rituales jurídicos- se plantea como una garantía de reparación y no repetición en el marco de la implementación del acuerdo de paz suscrito con las Farc-Ep. Tanto el Consejo de Estado como la Corte Constitucional han restituido las cuatro personerías jurídicas bajo el presupuesto de que su extinción fue resultado de fenómenos de persecución y violencia política.

Ahora bien, esa resurrección no ha generado mayor expectativa o si quiera los ha convertido en plataformas electorales sólidas. En las recientes elecciones legislativa, tan solo Verde Oxígeno y la UP alcanzaron un puñado de congresistas, eso que, con la ventaja de jugar en listas de coalición: la UP con el Pacto Histórico y Verde Oxígeno con Centro Esperanza. Por el contrario, el fracaso del Nuevo Liberalismo fue estruendoso, pues la solitaria microempresa electoral de los hermanos Galán, no superó el umbral en su lista al Senado y solo alcanzó un escaño en la Cámara por Bogotá.

Del Movimiento de Salvación Nacional no hay mucho que decir. Es un partido de extrema derecha y marginal.

A pesar de ser plataformas electorales débiles, los partidos resucitados, en su conjunto, son un símbolo de un país que busca sacar las armas de la política y garantizar una adecuada participación a las fuerzas opositoras, pero, ¿cuál será su futuro en el largo plazo?

La UP, la fuerza de un símbolo que se debe renovar

La UP fue el primer partido al que se le restituyó la personería jurídica en 2013. Su retorno a la vida democrática como fuerza partidista representó una medida de justicia restaurativa cuando recién empezaban las negociaciones de paz entre el gobierno Santos y las Farc-EP. Sin embargo, la expectativa de su retorno no se reflejó en las urnas y el partido ha sobrevivido anclándose en listas en coalición -lo que le reduce la presión de superar el umbral - y concentrando su proyección en el liderazgo de Aída Avella. En 2018 conformó la coalición Decentes y en 2022 formó parte medular en la creación del Pacto Histórico.

Aunque en las pasadas elecciones la UP alcanzó un escaño en la Cámara por Bogotá y renovó la curul en el Senado de Aída Avella, su principal reto se encuentra en crecer por fuera de la capital y enviar un mensaje de renovación, pues Aída opera como un símbolo de la izquierda, pero su segunda elección podría significar ese clásico proceso de atornillamiento en la izquierda. Y ejemplos no faltan, solo hay que ver como Robledo, Alexánder López y Germán Navas, van ajustando las bodas de plata en el Congreso.

Verde Oxígeno, sin norte o perspectiva

Para Verde Oxígeno, su futuro depende tanto del temperamento como del estado de ánimo de Íngrid Betancourt; total, es el partido de Íngrid y opera como su proyecto unipersonal. De ahí que resulte bastante curioso que sus únicos congresistas, Daniel Carvalho en la Cámara por Antioquia y Humberto de la Calle en el Senado, hayan llegado al Congreso impulsados por su propio mérito y sin la más mínima intervención de Íngrid.

El papel de la excandidata presidencial se redujo a interpretar una tragicomedia en cinco actos: imponer a su sobrina en la lista a Cámara por Bogotá, entregarle el partido a Carlos Amaya, reventar el Centro Esperanza, aventurarse en una patética aspiración presidencial, y finalmente, entregarle el partido a Rodolfo Hernández. Todo en menos de seis meses. Tal vez por eso se afirma que Íngrid es una mujer de emociones fuertes.

A Verde Oxígeno no le auguro mayor futuro, así tenga en sus filas a un personaje de la talla de Humberto De la Calle, a mediano plazo no pinta como un movimiento con vocación de poder local. Tan solo es el proyecto unipersonal de Íngrid y la moneda de cambio que utilizará para seguir buscando su espacio en la política cada cuatro años.

El Nuevo Liberalismo, los devaneos de una microempresa

La resurrección del partido de Luis Carlos Galán resultó siendo el más dramático. Tras una larga y mediática batalla legal, los hermanos Galán lograron que la Corte Constitucional les diera la razón y así restituyera la personería a la disidencia liberal más importante de la segunda mitad del siglo XX. A partir de ese momento, sobrevino una seguidilla de peleas, apellidos en disputa y acusaciones de cooptación. Al final, el Nuevo Liberalismo terminó anclado a su apellido de origen y los “galanes” se apropiaron de la franquicia para convertirla en una microempresa familiar y electoral.

Y los hermanos Galán, convencidos del poder de la recordación y del millón de votos alcanzados por Carlos Fernando en su fallida aspiración a la alcaldía de Bogotá en 2019, optaron por no sumarse a la lista en coalición del Centro Esperanza y jugar con lista propia. Una “lista de lujo” integrada por perfiles sociales, académicos y políticos. Sin embargo, su arrastre en la opinión fue precario y el Nuevo Liberalismo se estrelló contra la realidad del umbral. A los galanes les fallaron los cálculos y debieron asumir una derrota por partida doble; primero, no estuvieron ni cerca de superar el umbral con su lista al Senado; y segundo, Juan Manuel no ganó la consulta del centro.

Ya sin candidato presidencial tras el hundimiento de Fajardo, Juan Manuel volvió a entregar las “banderas” de su padre, en esta oportunidad se las entregó a Rodolfo Hernández, un candidato que no duda en afirmar que se pasa la ley por el trasero y que se encuentra inmerso en un proceso por corrupción. La historia se repite, ¿no creen?

Movimiento de Salvación Nacional, el bastión de la extrema derecha

Vuelvo a repetir, del Movimiento de Salvación no hay mucho que decir, es un partido sin base electoral y marginal. Su candidato presidencial, Enrique Gómez, es un referente de la extrema derecha. Ya reducido a su mínima expresión, ese movimiento con poca salvación que nada tiene que ver con el legado de Álvaro Gómez, bien podría ser obsequiado como una antigüedad medieval al exprocurador Alejandro Ordoñez.

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