El hermano de Vallejo que quiere ir al Concejo a hablar por los animales

Desde México Fernando le dio la bendición a pesar de su odio por la política y Aníbal asumió la causa con el lema: Vallejo, el de los animales

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septiembre 14, 2015
El hermano de Vallejo que quiere ir al Concejo a hablar por los animales
Foto: archivo revistareplicante.com

La bandera de Aníbal Vallejo en su campaña al Concejo son los animales, los mismos que ha intentado proteger a través de la Sociedad Protectora de Animales de la que es socio desde mediados de los años 80. Su hermano, el escritor Fernando Vallejo, quien odia la política,  tiene mucho que ver con el amor de Aníbal por los animales, pues hace años le entregó los derechos de autor de sus libros para garantizar los recursos necesarios para sostener el albergue y el consultorio popular. Sin embargo Fernando y Silvia, una de las hijas de Aníbal tienen prohibido ir al albergue, pues cada  vez que van asumen las tragedias de los perros y gatos como suyas, se lo toman personal.

La casa de Perú en el barrio Boston de Medellín donde nacieron Fernando, Aníbal y sus hermanos estuvo pintada de color azul muchos años porque su papá era un conservador recalcitrante, Aníbal Vallejo papá fue concejal, diputado de la asamblea departamental y congresista. A Aníbal Vallejo hijo, lo de los partidos no parece importarle mucho, tampoco que la carrera de su papá fuera por el conservatismo y la suya esté empezando de la mano del Polo Democrático,  se fue con el amarillo, dice que siempre ha entregado sus votos por opinión y no por partido y que está con el Polo porque le demostró ser un partido plural y equitativo. Su papá fue la persona más joven en llegar al Concejo en la primera mitad del siglo XX, si Aníbal Vallejo hijo gana, será uno de los ediles más mayores que llegue en Medellín a las sillas del Concejo, tiene 70 años.

En los últimos 30 años escribió cientos de cartas al Concejo, la Asamblea, el alcalde y el gobernador de turno, para solicitar el cumplimiento de leyes, la promoción de nuevos proyectos y la solución de problemas relacionados con los animales, ahora intenta hacer parte de la institucionalidad, pretende hacer cumplir, esta vez desde adentro, las cosas que tantas veces logró desde afuera.

En el barrio Robledo, a los pies del Cerro El Volador de Medellín está la casa de la Sociedad Protectora. Hace años no había más que pastizales y tierras baldías al frente del Liceo de la Universidad de Antioquia. Aníbal estudió ahí, hoy ese lugar es la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Antioquia y al frente está la casa que se construyó en un terreno que en comodato le entregó la alcaldía de la ciudad a la organización. Todo el mundo piensa que la Sociedad Protectora de Animales depende y es dirigida por la administración local, sin embargo depende realmente de particulares, los que han querido y podido trabajar allí. En los 80 eran más de 50 pero hoy solo son 10 socios. De hecho Aníbal tuvo que devolverle a la Alcaldía una parte del terreno porque no tenía los recursos para mantener todo el predio, enmallarlo y pagar vigilancia.

Fernando-Vallejo

Fernando Vallejo ha donado más de medio millón de dólares a los animales que viven en la calle. Foto: archivo revistareplicante.com

A sus hijos Silvia, Natalia y Aníbal los obligó a prestar seis meses de “servicio militar” en la Sociedad Protectora de Animales de Medellín, la misma que presidió durante 25 años. Pero cargo que dejó para lanzarse al concejo, aunque sigue al pie del cañón, no abandona a sus animales. Esa fue la condición que su papá les impuso para apoyarlos en sus carreras. Aníbal Vallejo quiso que sus hijos respetaran y amaran a los animales como él y su esposa Norelia Garzón lo han hecho siempre. Hoy no está seguro de si fue una buena decisión porque cree que les despertó una sensibilidad extrema por los animales y con ello una oportunidad de sufrir continuamente, sobre todo, porque desde ese momento empezaron a ver el dolor que antes no veían.

En la lucha animalista, Aníbal Vallejo encontró situaciones, prácticas y hábitos que se le atravesaron en el corazón y en la cabeza. Por ejemplo, hace años en los colegios y universidades era usual que las clases de biología incluyeran procedimientos con animales vivos. La vivisección fue la primera batalla que ganó y no porque hubiera conseguido un cambio en la legislación, de hecho ya existía algo que prohibía esa práctica, pero consiguió que la secretaría de educación obligara a cumplirla en todas las instituciones educativas. Batalló también contra la explotación laboral de caballos cocheros, la popularización de las peleas de perros, la proliferación de los criaderos de perros de pelea y la moda de crear nuevas razas. Los cocheros desaparecieron después del año 2000 cuando fueron prohibidos completamente. Los perros de pelea cayeron por su propio peso, no sin antes generar una oleada de abandono extrema y que el albergue tuvo que contener, y contra los criaderos y las nuevas razas se está promoviendo la adopción en lugar de la comercialización. Y sobre los toros está convencido de que van a desaparecer, no por los movimientos que se oponen a la tauromaquia sino porque el negocio está perdiendo vigencia, público, apoyo económico y toreros.

En 1991 perdió una tutela que le prohibió tener el albergue en la casa de la Sociedad Protectora de animales, por lo que tuvo que dejar de recibirlos. El juez que resolvió el caso obligó a que la alcaldía construyera un albergue a las afueras de la ciudad, un sitio oficial. Por eso el proyecto de ampliar la casa, construir quirófanos y una sala de rayos X tuvo que dejarse a medio camino. No obstante, la Sociedad Protectora sigue prestando refugio a perros y gatos. Aníbal dice que no pueden recibir nuevos, pero cuidan de los que ya están. En su casa tiene dos perros, pero en el albergue pueden haber cerca de 30, y unos 10 gatos, los cuida como si fueran todos suyos, gran parte de su patrimonio alimenta, les da techo y salud a los animales que han sido abandonados. Los últimos llegaron un 31 de diciembre desde el Banco Magdalena, son grandes y criollos, los que la gente no quiere adoptar. Además allí funciona el consultorio popular que presta servicios veterinarios a un precio muy bajo.

La época de la tutela fue muy difícil para él, su familia, y los empleados de la casa, pues el pleito no solo se llevó en el ámbito jurídico, sino que también hubo amenazas y atentados. Lo más grave sucedió un día en que iba con su esposa en el carro amarillo, el mismo que conocían todas las personas en Medellín y decían que era de la perrera municipal. Les rompieron el vidrio con la culata del arma, pero no alcanzaron a disparar. Ellos huyeron y dejaron el carro guardado por un tiempo. El veterinario también se tuvo que ir.

Para Aníbal Vallejo, quien trabajó durante 29 años en la Universidad de Antioquia donde fue decano y vicedecano de la facultad de Artes, y director del museo universitario, su trabajo con los animales ha sido causal de mucho sufrimiento, pero ni siquiera eso lo ha motivado a abandonarlo. El lema de su campaña es Vallejo, el de los animales y confía que lo que ha hecho sea suficiente para conseguir los votos que le den una silla en el Concejo.

Fernando Vallejo escribió la novela “Mi hermano el alcalde” en 2004 a propósito de la llegada de su hermano Carlos Vallejo a la alcaldía de Támesis (Antioquia), si las cosas van bien para Aníbal es posible que un día Fernando escriba “Mi hermano el concejal” sobre la carrera política naciente de su hermano, al que está apoyando, no porque le guste la política, sino porque le importan mucho más los animales.

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