Un doble golpe maestro del uribismo ha sido haber elegido a Paloma Valencia, la candidata menos radical del largo y convulso proceso de selección del candidato del Centro Democrático a la Presidencia, y luego, haber aceptado ella la invitación a participar en la Gran Consulta: grupo de candidatos de excelentes antecedentes académicos, administrativos y políticos, sin mayor peso electoral. El Expresidente Álvaro Uribe se sale con la suya, primero con la selección de una candidata que la gente no percibe como extremista, aunque es claramente conservadora, y luego con darle un baño de centro al ponerla a competir con figuras que se reconocen como de centro derecha, en una competencia que va a ganar de lejos.
Como las consultas interpartidistas coinciden con la elección legislativa del próximo 8 de marzo, la única candidata a esa consulta que tiene un gran partido organizado detrás es Paloma Valencia. En las consultas prima el voto de opinión, pero el Centro Democrático sacó en las elecciones legislativas de 2022 cerca de dos millones de votos. Si ese potencial electoral se mantiene no ha ninguna razón para pensar que un votante uribista, en una lista donde además el expresidente Uribe figura en el puesto 25, no vote por la candidata a la Presidencia que él y su partido respaldan.
No sobra decir que ninguno de los candidatos a esa Gran Consulta, incluyendo a Paloma, tienen una mayor intención de voto. En la encuesta Invamer, solo Vicky Dávila por encima del 3 %, Paloma misma con el 1,1 %, Ninguno tiene una sólida organización política aparte de Juan Manuel Galán, que solo marca el 1,6 % y que nadie se explica qué hace allí. Con más veras cuando su partido el Nuevo Liberalismo ha hecho una alianza con Sergio Fajardo y el Mira, para las elecciones parlamentarias. Con los dos millones de votos que respaldan ahora a Paloma borra del mapa a sus contendores, y se convierte en una candidata de centro derecha, investidura con la cual irá a la primera vuelta, aunque los votos de opinión del resto de participantes en la Gran Consulta, que no parecen ser muchos, decidan no acompañar al uribismo.
Las verdaderas coaliciones se van a hacer entre el 8 de marzo, cuando se conozca al ganador de la Gran Consulta (que va a ser Paloma Valencia) y el del Pacto Amplio (que va a ser Iván Cepeda), y el domingo 31 de mayo
Todo indicaría que las verdaderas coaliciones se van a hacer entre el 8 de marzo, cuando se conozca al ganador de la Gran Consulta (que va a ser Paloma Valencia) y el del Pacto Amplio (que va a ser Iván Cepeda), y el domingo 31 de mayo cuando se realizará la primera vuelta presidencial. Luego del 8 de marzo sucederán cuatro cosas: habrán desaparecido por absorción muchos candidatos, las encuestas determinarán la intención de voto de los que quedan, se abrirá el camino entre ellos para negociar fórmulas de presidente-vicepresidente y se negociarán los apoyos de los grandes partidos políticos.
Por descarte y hasta ahora, porque la política es dinámica, quedarían en el tarjetón, de derecha a izquierda, Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Sergio Fajardo, Claudia López, Iván Cepeda y Carlos Caicedo. Quién se casa con quién será la gran incógnita. Si suponemos que el puesto en la segunda vuelta de Cepeda está asegurado, pues lo respalda una gran organización política que lo eligió por voto popular y el gobierno nacional, que no es poca cosa, el segundo puesto estaría entre el dueto de Abelardo de la Espriella-Paloma Valencia, y el dueto Sergio Fajardo-Claudia López, que Dios bendiga. A no ser que en la puerta de la iglesia se separen los eventuales contrayentes y sigan su camino solos o con otras compañías. Valencia entronizada como candidata del centro derecha sobre el harakiri que se hicieron los miembros de la Gran Consulta al recibirla.
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