¡El hambre no da espera!

En medio de la emergencia, la mezquindad de las entidades financieras se hizo manifiesta de nuevo. ¿Dónde quedaron los créditos y alivios prometidos?

Por: Juan David Escobar Cubides
abril 17, 2020
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¡El hambre no da espera!
Foto: Leonel Cordero

"¿Qué pasa con los bancos?", es la pregunta que nos hacemos, puesto que hace 20 días el gobierno nacional, a través del decreto 444 del 21 de marzo del presente, asignó recursos a las entidades financieras para que estas pudieren otorgar créditos a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes). El objetivo era salvaguardar el emprendimiento y la productividad de uno de los sectores más débiles de la economía —golpeados, además— por los efectos despiadados del COVID-19.

¿Qué está ocurriendo? Recientemente, hemos encontrado infinidad de quejas de los pequeños empresarios que no pueden acceder a créditos indispensables para pagar sus nóminas. Muchos de ellos asisten a la respectiva entidad financiera con los papeles al día, con las motivaciones necesarias y con el documento de nómina para el pago a sus empleados, sin embargo, ello no es suficiente para que la entidad bancaria les conceda el dinero. Preocupante, de sobremanera, porque con ello se presentará un efecto bárbaro: miles de familias colombianas se quedarán sin comer.

El asunto es, ciertamente precario, tanto más cuando observamos que la Asociación Colombiana de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi), le comunicó a un senador problemas de liquidez para mantener el pago de nómina, costos fijos, y demás obligaciones tributarias y financieras. Ante ello, la reacción del gobierno debe ser inmediata, so pena de tener que soportar la quiebra de quienes sí aportan al empleo, a la productividad y a la rentabilidad del aparato productivo.

En reiteradas oportunidades lo he manifestado: la quiebra de un pequeño y mediano empresario genera excesiva hambruna, tanto para este y su núcleo familiar como para los trabajadores y los núcleos familiares de estos. ¡El hambre no da espera! Mucho menos cuando se es padre de familia o madre trabajadora cabeza de hogar, y cuando se tiene a cargo la responsabilidad de tres o cuatro niños a los que hay que alimentar debidamente para garantizarles una formación óptima.

En mi opinión, luego de observar lo que está sucediendo, tengo absoluta certeza de que existe una mala fe por parte de las entidades financieras (así nos digan lo contrario), que desde siempre han obrado según su propio beneficio. Razón tenía un banquero cuando nos decía que su negocio no era una "casa de beneficencia", dado que su filosofía radicaba en acumular grandes riquezas. En principio, puede ser razonable dicha respuesta puesto que nadie da apertura a negocios que no sean generadores de utilidades, empero, ante la crisis que padecemos actualmente, hay que ser un potencial y miserable rufián para mantener dicho pensamiento. No merece vivir quien en épocas de adversidad no mira hacia abajo para ayudar a sus semejantes.

Luego, estamos en mora de que el Ministerio de Hacienda y la Superintendencia Financiera pongan en cintura a las entidades bancarias; como sea hay que obligarlos a cumplir las medidas adoptadas por el presidente de la república. Si no lo harán por las buenas, habrá que hacerlo por las malas, hasta el punto de reportar sí es necesario a las entidades que incumplan. El objetivo es claro e inmediato: ¡Necesitamos salvaguardar a los mipymes para garantizarles la alimentación y la subsistencia a miles de familias!

Por otra parte, es indispensable revisar la cadena de ayudas alimentarias que les están dando a los menos favorecidos. Verbigracia, en Acacías (Meta) se celebró un contrato de compraventa de 5.000 mercados por un valor de más de cien millones de pesos en el que —según la Contraloría Departamental— se presentaron sobrecostos en la compra de papel higiénico, crema dental y arroz. ¿Cuál ha sido la reacción de la Contraloría General de la República ante ello? ¿Qué ha dicho la Fiscalía?

Adicionalmente, también es importante supervisar la colaboración alimentaria que están asignando en ciudades principales como Bogotá y Medellín. Se han visto algunas irregularidades ajenas a la misma contratación. En los barrios populares les dan alimentos a los mismos de siempre, dejando a un lado a otros que —verdaderamente— viven inmersos en la miseria. ¿Qué pensará de ello el gobierno nacional?
¡Es en medio de una calamidad nacional cuando más requerimos del liderazgo eficiente, eficaz y efectivo de nuestras autoridades!

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