El estanque social necesita aguas limpias: educación = ¿paz?

El estanque social necesita aguas limpias: educación = ¿paz?

Muchos se preguntan si la educación basta para construir paz. Sin embargo, pocos piensan en la educación como agente potencializador de la paz y la economía

Por: Francisco Javier Hernández Ramírez  
abril 29, 2022
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El estanque social necesita aguas limpias: educación = ¿paz?
Foto: Flickr

Un día, desde una ONG, pidieron mi opinión sobre si la educación bastaba para construir PAZ. Yo cambié un poco la ecuación: ¿la ausencia de Paz, vuelve casi inútil la educación, o bastaría hacer esta universal, completa y gratuita, para llegar a la Paz?

Mi respuesta, que desde luego argumenté y no voy a repetir aquí, fue, en esencia: ¿En qué contexto social se busca que la Educación sea pivote hacia la Paz Social? ¿Cómo se aplica? Porque parece inevitable que, cuando se abordan ciertos temas específicos que por fuerza son tangentes y colaterales al todo, quienes lo hacen, esperan, desde un enfoque único y con tema aislado, encontrar resultados generales. Pero, aunque la premisa es buena, suponen que debe darse per se. Esta mirada, sesgada, ofrece la sensación de girar siempre en una noria sin cangillones: dando vueltas inútiles. No es la respuesta. ¿¿Y?? “Nihil novum sub sole”. Sí, parece que ya todo está dicho. Nada nuevo. ¿¿Así debería ser, entonces??

Solo como ejercicio intelectual, a veces vale la pena retomar viejos conceptos (siempre relevantes) porque la dinámica de las sociedades humanas repite ciertos ciclos como parte de la construcción del futuro. El pivote. Y creo, sin estar seguro, que lo mismo es para todas las culturas, antiguas o no tanto. Pero me estoy yendo por las ramas y el tema es hablar de la Educación como agente potencializador de la PAZ. O la ausencia de Paz, como crematorio para los propósitos de la educación.

Porque para mí, Fco Javier, la educación NO es un asunto solo formativo-cultural. Es un tema político y en especial, económico. Es el “motor social”. El mar en que navega una sociedad. Su nivel, bajo o alto, define el desarrollo social y político de un pueblo. La educación es el rasero. Por eso, no puede ser tan mediocre como la que tenemos: produciendo profesionales mediocres, sin estructura intelectual, conceptual o ética.

La educación debe tener un propósito claro, formar personas de calidad, para una sociedad de calidades múltiples, que aporten al contexto general. Como cualquier artículo, (y lo es) tener un punto de referencia fijo: qué parte del nicho social impactará. Porque debe ser del todo pertinente, focalizada a las necesidades específicas de un sector social, económico, o territorial: ¿¿QUÉ FALTA?? Mil médicos especialistas en la oreja derecha, ¿sí lo que se necesitan son médicos generales?

O mil sicólogos, ¿¿cuándo lo que falta son ingenieros?? Pido disculpas, solo como ejemplo, con todo respeto. Sigamos: la educación, como la que tenemos hoy, no puede ser tan difusa que malgaste, en forma absurda, recursos tan valiosos como tiempo e intelecto de profesores y alumnos, con arandelas superfluas, absolutamente inoficiosas e inaplicables, en la vida cotidiana y aún la profesional del estudiante, cuando éste, se asoma al mercado laboral. Porque sí la Educación es herramienta para ejercer la vida… debe ser la apropiada. No puede carecer de la calidad adecuada y necesaria para llenar los requisitos de su medio.

Es decir, desde mi punto de vista, es el aparato económico, proveedor de empleo e impuestos, el que define la naturaleza de la educación que debe impartirse en un territorio dado. Ese es el nicho que acogerá y utilizará, la fuerza laboral que arroje el sistema educativo. Por eso, la filosofía, los métodos y los temas del aparato educativo, deben consultar las necesidades específicas de la sociedad en que opera. Debe proveer la fuerza laboral que cada sector económico y social demande. La educación sola y sin estos requisitos, NO basta. Debe ofertar los “educados” que el mercado laboral y el aparato económico, demanden.

Vista desde una de mis dislocadas teorías, las tres patas del sistema social, son: la política que establece las condiciones para que la sociedad, en general, encuentre espacio para realizar su proyecto de vida; la economía, que provee los medios para que ese sistema de vida, sea el adecuado, proveyendo bienes y servicios que generen bienestar; y de última, pero en la base del sistema, la educación, que es la herramienta para que las anteriores premisas se cumplan.

En otras palabras, sí las condiciones políticas de un país o un territorio NO son las adecuadas, porque las decisiones del Estado no establecen condiciones para que educarse dé frutos, es decir, que implique dar un paso adelante en el estatus socioeconómico, ese pueblo, así esté muy “Educado” no genera dos cosas, prosaicas, pero elementales, para que una sociedad pueda sacar adelante cada generación de relevo: dinámica económica que genere empleo, y condiciones políticas que permitan que la Educación produzca rentabilidad social.

Esto no es otra cosa que, permitir que cada generación desarrolle sus potencialidades al máximo, para que pueda así, gerenciar su “empresa personal” o proyecto de vida que llaman, en condiciones de respeto por él mismo y por la sociedad en que interactúa, recibiendo de los mismo.

Con estos términos, se sientan las bases para el ascenso social, intelectual y económico, en general, para la próxima generación. Esto es, pisar el primer peldaño en el ascenso social. Para eso es que sirve la educación apropiada y adecuada, pertinente, enfocada. No debe ser un bosque que impida ver los árboles. Al menos ese es el espíritu del concepto. Educarse para saber, para conectarse al sistema al que debe servir, y del que, por fuerza, sacará dividendos sociales y económicos.

 Es que educarse, como tan frecuentemente sucede hoy, para ser un “desempleado muy preparado” es cruel y absurdo: es una aberración: algo así como correr tras el arco iris de una tarde de lluvia, para descubrir, finalmente, que no es más que una ilusión óptica, que no puedes atrapar. Te capacitas para ser, te esfuerzas para ser …y no puedes ser. Cruel la cosa.

“No hay mucha virtud, en medio de la miseria” o algo así, dijo San Agustín de Hipona cuando entendió, que necesitas un entorno adecuado para ejercer la vida. Y esa es una decisión política, producir un entorno económico de prosperidad compartida, con equidad suficiente para que los extremos sociales y económicos no sean tan extremos, no diverjan tanto. Y el vehículo del proceso, NO es otro que la educación adecuada, simple, pertinente y ética. La tesis es que sí te educas adecuadamente, pertinentemente… hallarás frutos.

Pero, sí con lo que aprendiste no puedes resolver tu vida… ¿de qué te sirve entonces educarte? Y ese es nuestro problema con la Educación: o encuentra tierra fértil para dar frutos. No encuentra espacios políticos sanos, que conformen una sociedad sana, de trabajo, de superación personal por el esfuerzo intelectual. Sí no existen políticas que construyan una economía sana, en la que se emplee lo aprendido, educarse NO ES LA SOLUCIÓN.

Es solo una manera de comprar frustraciones existenciales. En mi concepto, la educación, solo es válida y útil, cuando construya espacios de prosperidad compartida, en medio de la cual la seguridad económica, genere otras seguridades sociales, (salud-recreación) y abra posibilidades nuevas, de establecer relaciones compartidas en medio del bienestar, igualmente compartido. Es allí, en donde hace nido la Paz. Y hasta hoy, la falta de Paz Política ha impedido que la Educación sea productiva.

La EDUCACIÓN solo permite ambientes de respeto y tolerancia cuando las diferencias políticas no agitan demasiado el “estanque social”. Hoy la disparidad y las diferencias sociales, la inequidad y la desigualdad, son abismales” La falta de Paz hace ineficaz la Educación. El estanque social necesita aguas limpias, espacios sanos, similares condiciones económicas y sociales.

Una cosa es clara, el desempleo que golpea nuestro país hoy es un fenómeno difícil de entender, porque se da en medio de la generación más “educada” que ha tenido Colombia en más de medio siglo. El mismo tiempo en que la inestabilidad social, debido a una conducción política equivocada, a la corrupción y el maridaje entre capital-política y corruptos, ha dominado el panorama humano de Colombia.

Una síntesis muy simple del asunto sería: somos un país deforme social y políticamente. Educamos para el desempleo; nos mantenemos “agarrados” porque cada actor político y económico tiene su propia visión “ideal” de la sociedad que deberíamos ser, solo que ese “ideal” siempre será el de su gusto y acomodo. Pero como es desde distintos frentes y son tantos los egoísmos, entonces: ni lago en calma par que todos naden; ni pan en todas las mesas familiares; ni tranquilidad para nadie: como en fuenteovejuna, todos a una, acabemos esto. Opulencia y miseria, con diferencias tan visibles y aberrantes como lo que tenemos en Colombia, jamás podrán construir escenarios de convivencia sana. No habrá un lugar cómodo para todos, sí no se cambia el modelo actual: político y económico. Así se

tenga la generación colombiana más educada en décadas; y es por una paradoja muy típica nuestra. A diferencia de lo que ocurre con muchos de nuestros jóvenes y jóvenas, (perdón no me aguanté) que no encuentran espacio laboral para desarrollar lo aprendido, algunos privilegiados, excesivamente educados, generalmente en claustros extranjeros, acceden a puestos de caza en el Estado o la Empresa privada, y esquilman al resto de paisanos, desde posiciones de poder (político, económico o social) restando oportunidad de usar lo aprendido como palancas de impulso personal, al resto de educados, criollos. Es que copan los nichos de poder con sus deslumbrantes títulos en lengua extraña, pero, parece, que aquella, es solo una Educación para saquear. NO para servir. Es claro que existen, han existido y existirán, siempre, desigualdades económicas, sociales y culturales, esa es la dinámica habitual y normal de la vida, en cualquier latitud. Y no es que todos debamos o podamos ser iguales, NO señor.

Ya lo dije en otro ensayo político: el tejido social solo se da entre iguales o casi iguales, así funciona y al respecto, no hay queja. Pero. La educación debería ser el puente por excelencia y la constante más válida para borrar, siquiera un poco, tan enormes diferencias. Pero no. En Colombia, opulencia y miseria son variables desmedidas y dramáticas, y crean dos polos sociales aberrantes; unos pocos acumulan tanto, que ya no tienen donde echar su riqueza; otros, los más, carecen de los mínimos vitales y no tienen cómo sobrevivir dignamente. Ambos conceptos, cargan encima sus propias taras y enfrentan un problema básico, pues, al haber pocos con todo y muchos sin nada: surge la sala cuna de los resentimientos sociales.

La enorme diferencia social y económica en un país de inmensas mayorías pobres, como el nuestro, prende los motores de la violencia… y así, cosa de locos, todos reclaman su parte de justicia: los unos piden más respeto por su riqueza crésica e inagotable; y los otros, algo más resignados, solo piden oportunidad de acceder a la parte de los bienes de la tierra, a la que creen tener derecho. La ecuación más representativa sería: Pan en todas las mesas. Prosperidad compartida. Paz en calles y caminos. Sí, ya sé. Utópico…pero se vale soñar. Pero, por otra parte, creo que esa es la medida de lo justo, se tenga educación o no.

Sí no se nivela un poco el sistema, si la exclusión ofensiva de tantos, no se remedia, ni con la Educación… entonces no tendremos: Política adecuada; Economía adecuada y tampoco lograremos que la EDUCACIÓN, sirva de escalera social o económica. No habrá PAZ.

Ese trípode conceptual tan desparejo, es el germen del odio cuasi silvestre en que hoy navegamos como sociedad. Fortunas asquerosamente enormes, frente a miserias iguales, y todo ello, en el mismo convulso lago. Así la educación “doméstica” no trepa la cuesta social. No abandona el círculo vicioso de pobreza, exclusión y olvido, que tiene de origen.

En un Departamento tan rico, como Antioquia, los bienes materiales serían para todos… pero solo sí la Educación establece, de verdad, un nexo entre ambos extremos. Hoy NO ocurre por sus taras mayores: los unos, los miserables provocan desprecio de olvido y su suerte se baña en indiferencias dañinas; los otros, los Cresos modernos, suscitan solo envidia y rabia. Son ejércitos en constante alerta… el otro es el enemigo. Me angustia el día de la ira, cuando uno de los dos bandos, toque a zafarrancho de combate, ya en serio y del todo. Ya el siglo XIX, nos dejó escuela…fue la centuria de los hacendados ambiciosos. Así, entre estas diferencias abismales germinan la violencia y el odio entre clases. Así NO es.

Por eso, creo que cuando la educación, no logra acercar estos extremos viciosos y limar asperezas, haciendo que los unos y los otros se identifiquen y reconozcan, (aunque conserven sus distancias económicas y sociales, no faltaba más) pues NO cumple su posible papel de agente de ascenso en la escala social. Tampoco genera condiciones de paz social, porque carece de capacidad de disrupción de statu quo. Así la educación, no sólo NO cumple con su cometido, sino que pervierte su valor esencial: hacer crecer al ser humano intelectual, cultural y socialmente, abriendo puertas a la generación siguiente.

Para desgracia de este país, tenemos dos clases de “Educados”: aquellos que se preparan para insertarse en el mercado laboral y ganar un medio de vida digno que les permita cumplir sus necesidades, sin encontrarlo, a pesar de su esfuerzo por prepararse; y aquellos otros que se educan, casi en exceso, para adquirir un pedigrí que les permita llegar a puestos de caza, en donde se parapetan para robar el pan de los más humildes. Casi siempre desde la comodidad de un sillón de oficina, ya sea desde el Estado o desde la Empresa privada. Pervertida de esta manera, la EDUCACIÓN NO es un sendero que lleve a la paz.

No es que yo piense que la Educación, per se, sea un igualador social. Pero es un camino para acortar distancias y evitar inequidades mayores. La contraparte de esta visión tan pesimista de la Educación, (su utilidad real y práctica, y su capacidad generadora de dignidad) es igual de larga y de casona. Pero hoy, no tengo motivos para ser optimista, pues NO tengo empleo y las culebras sisean a mi puerta.

No los canso más. Bueno, sí es que leen estas bobadas.   

 

 

 

 

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