Opinión

El asalto a Venezuela y sus implicaciones

El golpe de Trump contra Venezuela y su presidente plantea una situación muy difícil para Colombia y Latinoamérica

Por:
enero 06, 2026
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2orillas.

Transcurridos apenas tres días de la agresión militar a Venezuela y del secuestro del presidente Maduro y su esposa, existen todavía muchas dudas en cuanto al operativo mismo, sus víctimas y su alcance real.

Hasta el momento, solo conocemos la versión del nuevo emperador mundial, dedicado durante su primer año de gobierno a demostrar en la práctica, con creces, cómo se hacen trizas el derecho internacional, la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos.

“Resolución absoluta” fue el nombre que le dio Trump al asalto criminal, perpetrado por un grupo de élite. “Un operativo perfecto, no visto desde la segunda guerra mundial, que ratificó al ejército estadounidense como el más poderoso y temible del mundo”, señaló en la rueda de prensa posterior.

Confirmó que el golpe fue preparado minuciosamente durante meses, mientras se incrementaban el despliegue militar en el Caribe y la guerra psicológica paralela. Con una manipulación judicial y mediática sin precedentes.

Sin embargo, aunque previsible, la operación sobrevino apenas pasada la media noche, cuando el mundo empezaba a despertar de las festividades decembrinas.

Fue el punto culminante del primer año de su segundo mandato. Hay que entenderlo como parte de su embestida para recuperar la hegemonía global, menguada por la emergencia del mundo multipolar

Para hacerlo, se sirvió de su incuestionable poderío militar, de la mano del neofascismo en su máxima expresión, que él lidera. Su preámbulo es el cinismo y sevicia con los que maneja el genocidio de Gaza. 

Hace un mes presentó su Estrategia de Seguridad Nacional, que le incorpora el Corolario Trump a la doctrina Monroe, ahora denominada “Donroe”. Anunció entonces que después de años de negligencia, Washington retomará dicha doctrina, para restaurar su dominio en el hemisferio occidental, proteger al país y el acceso a las geografías en el continente. Es decir, su eje será Latinoamérica.

Según expresó, es la ruta “para asegurar que EE. UU. permanezca como la nación más poderosa y exitosa en la historia humana, y el hogar de la libertad en la Tierra”. “EE. UU. y no naciones extranjeras o instituciones globalistas controlará siempre su propio destino en nuestro hemisferio”.

Reafirmó que no permitirá que potencias de otros hemisferios “establezcan presencia militar, controlen infraestructura estratégica o ejerzan influencia determinante en Latinoamérica”.

En ese marco, es vital el acceso y control de los recursos estratégicos de la región, precisamente el punto central de su explicación en la mencionada rueda de prensa.

Sin rodeos ni matices, señaló: “Nosotros vamos a gobernar el país hasta el momento en que podamos tener una transición segura. No podemos correr el riesgo de que alguien más se apodere de Venezuela”. Y amenazó: “Estamos preparados para una segunda ola de ataques si necesitamos hacerlo.

Advirtió que se apoderaría de la industria petrolera venezolana. “Van a entrar las compañías estadounidenses, las más importantes del mundo”. Harán mucho dinero para EEUU. Si China y Rusia quieren petróleo, tendrán que comprárselo a ellos.

Pero además se trata de restablecer un asunto crucial para la supremacía económica de Washington, frente al poder de los BRICS: las transacciones petroleras en dólares y no en otras monedas.

Trump lanzó una advertencia directa a la presidenta interina de Venezuela: “Si no hace lo correcto, pagará un precio alto, probablemente más alto que el de Maduro”. También amenazó a otros países, particularmente a Colombia, Cuba y México.

Hipervínculo: https://www.youtube.com/watch?v=6qegCqTn9gA

Insistió en su narrativa sobre la complicidad del gobierno venezolano con el narcoterrorismo y el peligro para la seguridad nacional de EEUU. Volvió a justificar los bombardeos en el Caribe y el Pacífico y el asesinato de más de un centenar de pescadores.

Pero todo quedó en un segundo plano, frente a la prioridad manifiesta de apoderarse del petróleo y demás recursos estratégicos. Una advertencia para quienes por ignorancia o mala fe insisten en negarlo.

En este contexto, la situación para Colombia es de enorme gravedad. El día siguiente al asalto se intensificaron las amenazas de intervención territorial y los insultos a Petro.

Surgen dos peligros distintos, aunque estrechamente vinculados. 

El primero, una incursión militar abierta en la extensa frontera con Venezuela o en cualquier otro territorio, marcado por el conflicto armado y la disputa por los recursos ilícitos del narcotráfico.

Trump avanzó al respecto al descertificar al país, retirarle la visa al presidente e incluirlo en la lista Clinton.

El segundo es la perspectiva de la intervención abierta en la campaña electoral en curso, no solo con su discurso agresivo sino también en el manejo del proceso electoral mismo, para impedir la continuidad del proceso transformador. El precedente de Honduras es muy preocupante.

La ultraderecha colombiana y buena parte de la oposición más férrea al gobierno del cambio vienen promoviendo y apoyando una u otra de estas salidas. O las dos juntas.

Para toda la región, la agresión a Venezuela es un golpe duro.

Se trata de impedir cualquier asomo de gobierno progresista en su “patio trasero”.

Tanto en el ámbito nacional como en el continental, se impone la alianza antifascista más amplia frente a los nuevos piratas.

A este respecto, es importante la declaración conjunta de Brasil, Chile, Colombia, Uruguay, México y España, de rechazo al golpe en Venezuela y a “cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos”

En la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad, realizada ayer, la inmensa mayoría de los países se pronunció en contra del golpe a Venezuela.

 Por último, además de sus esfuerzos diplomáticos, Petro entiende que debe preparar a la población:

“Si detienen al presidente que buena parte de mi pueblo quiere y respeta, desatarán al jaguar popular (…)  Cada soldado de Colombia tiene una orden desde ya: todo comandante de la fuerza pública que prefiera la bandera de EEUU a la de Colombia, se retirará inmediatamente de la institución. La Constitución ordena a la fuerza pública defender la soberanía popular”.

“Tengo una enorme confianza en mi pueblo y por eso le he solicitado que defienda al presidente de cualquier acto violento ilegítimo en su contra.(…) La orden a la fuerza pública es no disparar al pueblo y sí al invasor

De la misma autora: Saboteo económico y puja por el control de los recursos

Anuncios.

Anuncios.

0

Te puede Interesar

Saboteo económico y puja por el control de los recursos

Saboteo económico y puja por el control de los recursos

El corolario Trump: amenaza y zozobra creciente para la región

El corolario Trump: amenaza y zozobra creciente para la región

Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus