Doña Paisa: de costurera a tener un emporio a punta de arepas

Doña María Rosa Ceballos utilizó el molino de una máquina de coser para hacer su primera arepa. Jamás imaginó que así comenzaría una de las principales compañías de arepas del país que tiene el apoyo de un aliado estratégico para su crecimiento

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Doña Maria Rosa Ceballos jamás imaginó que la venta casera de arepas que empezó por dificultades económicas se convertiría en Doña Paisa, el segundo proveedor de arepas más importante del país. A principios de los años ochenta ella, que no había terminado el Bachillerato, tenía dos hijos que alimentar. Dejó su natal Neira, Caldas, para irse a Bogotá a buscar una mejor vida. En la capital pasó de ser costurera a preparar arepas. Adaptó el molino de su máquina de coser a una máquina de moler maíz. Empezó vendiendo en la calle y en los buses. Luego comenzó a surtir tiendas de barrio en Fontibón, la zona por donde vivía. Treinta y tres años después Doña Paisa es una compañía con dos plantas de producción en Cali y Bogotá en las que se pueden hacer hasta 8.000 arepas en un día.

Maribel Ramírez Ceballos, hija de Doña María Rosa, es hoy la Gerente General de la planta ubicada en el barrio Las Ferias, en Bogotá. Ella, que creció junto a la compañía de su madre, desde muy pequeña estuvo involucrada con el negocio familiar “Esto no es que por ser hija de la dueña me gané el puesto. Yo en esta compañía he pasado por cada posición y he hecho escuela dentro de la misma. Cuando niña hacía arepas, luego en el colegio durante mis ratos libres me venía a hacer facturación. Ya más tarde, en la universidad, escogí una carrera que me diera bases para manejar Doña Paisa”. De igual manera, la planta de Cali es manejada por Orlando Valencia, esposo de Doña Maria Rosa y quien la acompañó desde los primeros años de la compañía.

Maribel recuerda cada detalle de la época en que su mamá cocinaba arepas junto a empleados traídos de su natal Neira en una pequeña casa arrendada donde ellos vivían. Sin embargo, hubo un punto muy importante en que la venta de arepas dio un salto a convertirse en un negocio más sólido. “Ella vendía arepas para pequeñas tiendas de barrio, pero un día se encontró con un señor que trabajaba en el Éxito. Como siempre ha sido buena conversadora le empezó a contar del negocio de arepas y él le dijo que llevara unas muestras a los ejecutivos, que dijera que iba de parte de él y que era su tía. Mi mamá llevó las muestras, nos convertimos en proveedores y desde ese momento la compañía creció. Fue como si se le apareciera la virgen” cuenta Maribel, quien además destaca que el apoyo del Grupo Éxito ha sido fundamental para Doña Paisa. “No solo compraban casi que el 100% de la producción, sino que nos aconsejaban, lo cual fue muy importante porque Doña Paisa, con mi mamá sin haber terminado el bachillerato, es una empresa hecha de forma empírica”.

 

No obstante, pese a la evolución que ha vivido la compañía, el producto se sigue haciendo con el mismo amor que en aquellos primeros años. “Obvio que nos tuvimos que industrializar para agilizar muchos procesos pero tratamos que la arepa sea hecha de la forma más artesanal posible” asegura Maribel. Una de las medidas para asegurar la calidad del producto es que son arepas hechas cien por ciento de maíz sin harina añadida. Por eso mismo no es posible exportar al exterior, pues la mezcla, al ser tan natural, se descompone. Sin embargo, la satisfacción de entregar un producto de excelente calidad a los colombianos es la principal motivación para el equipo de Doña Paisa.

Tanto para Maribel como para su familia y los empleados de la compañía, Doña Paisa lo es todo. “Esta empresa es nuestra vida. No es solo el sustento mío ni el de mi familia, sino el de cada uno de los empleados que tenemos y de sus familias. Gracias a esta compañía hay gente que ha salido adelante, que se ha superado y que ha hecho sus sueños realidad. En general, todos somos una gran familia. Aquí hay gente que me conoce desde que era una niña” finaliza Maribel.

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