Democracia versus totalitarismo: la verdadera disyuntiva

Según esta opinión de Ariel Peña, la discusión sobre izquierda está más que mandada a recoger. Ahora el tema es otro

Por: Ariel Peña González
junio 27, 2019
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Democracia versus totalitarismo: la verdadera disyuntiva
Foto: Pixabay

Algunos sectores políticos e intelectuales siguen insistiendo en que la contradicción en Colombia es entre la izquierda y la derecha, lo que provoca un verdadero desorden ideológico, porque ese par de términos tienen muchas acepciones. Además, hoy por hoy no solo se mencionan esos términos en la parte política, sino que también hacen alusión a lo económico, cultural, social y moral. De ahí precisamente la expresión del maestro español José Ortega y Gasset: “Ser de la izquierda es como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejia moral”. Así que es evidente que para nuestro país la mayor contradicción es entre la democracia y el totalitarismo.

Algunos políticos en Colombia no se quieren comprometer con las denominaciones izquierda y derecha, pues es claro que esos dos términos surgidos en la Revolución francesa se prestan para confusiones, subrayando que los seguidores de la izquierda buscaban la alternación en el gobierno y los otros la perpetuidad. Después de 230 años la izquierda y la derecha se utilizan muchas veces para divagaciones, siendo en ocasiones profusas y difusas, especialmente por la logia marxista que en sus diferentes pelambres, valiéndose de la mentira y la violencia, aparece como supuesta adalid de la lucha social. Sin embargo, al igual que Hitler en la Alemania de los años 20 y principio de los 30 del siglo pasado, lo que busca es el poder usando el mismo discurso miserabilista, fatalista y posando de izquierdista.

El führer al igual a los seguidores del comunismo totalitario antes de conquistar el poder aparecía como un izquierdista, que buscaba la renovación (muy parecido a los políticos que hoy en Colombia se presentan como progresista o alternativos). No obstante, ya en el poder Hitler se derechizó al convertirse en dictador, como lo saben hacer los marxistas. También hay casos similares en Cuba y Venezuela, opciones que se mostraron de izquierda cuando estaban en la oposición, pero se convirtieron en ultraderecha cuando llegaron a la dirección del Estado (de acuerdo a la Revolución francesa). Así que el reduccionismo entre izquierda y derecha hay que cambiarlo por el dilema enunciado anteriormente entre democracia o totalitarismo, representada la primera por las fuerzas republicanas y la segunda por el marxismo-leninismo con todas sus máscaras, incluyendo desde luego a los idiotas útiles que actúan de mala fe o por ignorancia.

El mismo sofisma que echan los marxistas y sus secuaces en Colombia acerca de que hay que cambiar la oligarquía que lleva 200 años fue con el que Hugo Chávez se montó en el poder en Venezuela. Los resultados están a la vista: un país que después de 20 años del socialismo del siglo XXI (disfraz comunista) está en un crisis humanitaria, en donde millones de jóvenes tienen que salir a naciones vecinas para rebuscarse la vida, en ocasiones pidiendo limosna o prostituyéndose, como lo vemos en diferentes regiones de la geografía colombiana, así que hay que ponerle cuidado a las propuestas de cambio, principalmente las comunistas.

La internacional comunista del Foro de Sao Paulo le ha funcionado muy bien al totalitarismo en Latinoamérica. Aunque algunos países se han podido librar de semejante bestia apocalíptica, fundada por el sátrapa de Fidel Castro y Lula da Silva en 1990, Colombia se encuentra en la mira y para ello hay varios partidos afiliados, como son: Alianza Verde, Polo Democrático, Unión Patriota, Partido Comunista y el de Gustavo Petro. Por ello precisamente Colombia está en una encrucijada y tendrá que definir en el futuro entre la democracia y el totalitarismo.

Por otro lado, aunque las Farc firmaron un acuerdo de paz con el gobierno de Santos, por esa circunstancia no dejaron de ser marxistas-leninistas, con todo lo que eso implica para la nación. Entonces sabiendo que el comunismo totalitario está en las antípodas de la democracia, la ciudadanía amante de la libertad debe aprestarse a defender su dignidad, sabiendo que en un régimen comunista, cualquiera que sea su remoquete, el Estado asume todos los poderes sobre las personas, quitándole los derechos individuales, lo que significa el envilecimiento de la sociedad.

La Alianza Verde y el Polo Democrático, agrupaciones políticas afiliadas a la internacional comunista del Foro de Sao Paulo, deberían aclarar esa actitud, porque sería algo similar a que un partido en Colombia (de los que llaman de derecha internacionalmente) estuviera afiliado a una organización neonazi. ¿Se imaginan los alaridos de los izquierdistas y progresistas, advirtiendo que el fascismo, el nazismo y el marxismo pertenecen a la matriz hegeliana y que los tres son enemigos de la humanidad, siendo el más criminal el marxismo-leninismo que tiene una deuda con la humanidad de más de 140 millones de vidas en el último siglo y ninguno de sus connotados dirigentes a nivel mundial ha pedido perdón por semejante genocidio?

Con eso en mente, los grandes medios de comunicación no deberían ser ajenos a temas como el Foro de Sao Paulo, por eso bueno que lo estudien para impulsar debates, pero sin caer en el eclecticismo, porque lo que está en juego es la democracia que peligra ante el totalitarismo comunista que se presenta abiertamente o en cuerpo ajeno para tomarse completamente a Colombia, reiterando que el país se encuentra en la disyuntiva entre democracia o totalitarismo y no entre izquierda y derecha.

 

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