¿De la tiranía de los padres a la tiranía de los hijos?

Asistimos hoy día a un inusitado incremento de jóvenes y niños que maltratan y hasta golpean a sus padres. ¿Qué pasa?

Por: Mónica Yaneth Lozano Bermúdez
septiembre 28, 2020
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¿De la tiranía de los padres a la tiranía de los hijos?
Foto: Pixabay

La violencia filio-parental [1] es una realidad alarmante.

Con el proyecto de Ley Nº 212/2019, que se encuentra actualmente en trámite en la Cámara de Representantes y que tiene por objeto “prohibir toda forma de castigo físico y psicológico, tratos crueles, humillantes o degradantes hacia niños, niñas y adolescentes por parte de sus progenitores, representantes legales o por cualquier otra persona encargada de su cuidado en todos los entornos en los que transcurre la niñez y la adolescencia” [2], queda muy clara una cosa: en Colombia el castigo físico (léase el uso de la chancleta) como método para corregir a los hijos está proscrito.

Eso está muy bien dirán algunos, pues una sociedad civilizada no puede permitir que sus niños sufran esa clase de maltrato. Las generaciones pasadas, hasta las de nuestros padres y abuelos, fueron víctimas de esa “mano dura” con que los padres solían corregir a sus hijos díscolos. Todavía a algunos pocos de la generación de los millennials les tocó experimentar el poder de la chancleta, pero las nuevas generaciones, como la de los llamados centennials, ya no saben lo que es una de aquellas “pelas” que sí tuvimos nosotros en nuestra infancia.

Asistimos hoy día a un inusitado incremento de jóvenes y niños que maltratan y hasta golpean a sus padres. La violencia filio-parental [3], como se conoce actualmente este fenómeno, ha aumentado de forma constante desde los años cincuenta. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) citados en un portal especializado en esta clase de temas [4]:

-Las cifras aumentan todos los años y cada vez disminuye la edad de los agresores

-Cerca de 1 de cada 10 personas mayores ha sufrido maltrato en el último mes [5].

Ante unos desorientados adultos que no atinan a saber qué hacer para mantener el control y la autoridad sobre sus hijos, el aumento de las riñas familiares que tienen como protagonista este tipo de maltrato de hijos a padres, se ha exacerbado en tiempos de confinamiento, pero esto es el reflejo de un fenómeno cada vez más común en nuestro tiempo, en el que los “pájaros les tiran a las escopetas”.

En un artículo publicado en agosto de este año [6] en un portal de España se afirma que entre los factores socioculturales que pueden aumentar el riesgo de maltrato de las personas mayores se incluyen los siguientes:

-La representación de las personas mayores como frágiles, débiles y dependientes;

-El debilitamiento de los vínculos entre las generaciones de una misma familia.

-La falta de fondos para pagar los cuidados que un padre adulto requiere.

Y entre los factores que aumentan la probabilidad de que haya un hijo maltratador al interior de la familia están:

-La gran permisividad de los padres con el comportamiento de los hijos.

-Falta de fijar límites, dejando que hagan su voluntad.

-Cumplirles hasta el mínimo capricho.

Además de esto, la autora de dicho artículo aporta datos alarmantes:

“Anualmente se producen más de 4.000 denuncias de padres contra hijos, según los datos recopilados por las Fiscalías de Menores de toda España. …En 2016, último año del que se tienen datos cerrados ya que aún se está trabajando en el ejercicio de 2017, se realizaron 4.355 denuncias, lo que supone más de 10 procesos abiertos cada día. Sin embargo, psicólogos, funcionarios y educadores coinciden en señalar que se trata de "la punta del iceberg", ya que se calcula que apenas se denuncia el 15 por ciento de los casos reales”.

Con un cada vez mayor conocimiento de los jóvenes en cuanto a sus derechos, vemos cómo éstos demandan de sus padres el cumplimiento de sus deberes para con ellos. Esto es alimentación, vivienda, educación, además de ciertos lujos (computadores, Smartphone, videojuegos). Es decir, exigen derechos, pero no están dispuestos a cumplir con sus deberes.

Ellos, los jóvenes, no aceptan ser controlados o corregidos por sus progenitores, mucho menos que les exijan el cumplimiento de ciertos deberes (colaborar con algunas labores domésticas, hacer sus tareas escolares (los más pequeños); trabajar en algo para ayudar en la economía del hogar, rendir en el colegio o en la universidad (los más grandes) en la medida en que entienden que éstos (los padres) están limitados por las leyes que los protegen.

No es que yo defienda el maltrato de parte de padres hacia sus hijos, pero lo cierto es que el cambio generacional en este sentido ha traído un no muy buen cambio de papeles: ahora son los hijos quienes “corrigen” y “castigan” a sus padres de formas que rayan en el irrespeto y la grosería descarada y cínica.

Nuestra sociedad necesita con urgencia debatir y tomar decisiones en cuanto a la forma correcta en que se ha de manejar el asunto de la educación y la corrección de los menores, pues es necesario imponer límites a las nuevas generaciones. Límites morales y principios éticos necesarios para formar ciudadanos preparados para asumir sus deberes, sus derechos y libertades, dentro de un entorno democrático, donde cada uno sea consciente de que los otros existen y también tienen derechos y deberes.

Si bien es cierto que los jóvenes bien informados son una esperanza de cambio social en muchos aspectos, no es del todo positivo que las futuras generaciones se crean con la verdad revelada de que todo lo saben y por tanto, no necesitan de los adultos más que como sus proveedores, pues no tienen nada más que aportarles. La experiencia de los adultos es el faro que suele guiar los impulsos de la juventud. Sin ésta, esas energías e impulsos desbordados pueden llevar a un futuro caótico, sin normas ni leyes que impongan un orden y un control necesarios para que una sociedad pueda ser medianamente funcional.

Según la Sociedad Española de Medicina Psicosomática[7] y Psicoterapia:

“Hemos transitado con rapidez desde una educación excesivamente autoritaria a una no educación y, en el mejor de los casos, a una educación demasiado permisiva o sobreprotectora donde se intenta compensar la falta de contacto con los hijos con regalos o aceptando todas sus exigencias y caprichos. Esto puede explicar, en parte, por qué los hijos se acaban convirtiendo con frecuencia en tiranos de sus padres.”

Para leer más acerca del tema dejo a continuación enlaces donde pueden hallar información al respecto:

Maltrato de hijos a padres: las cifras de la 'punta del iceberg'

La violencia de los hijos contra los padres: más preguntas que respuestas

Padres maltratados por sus hijos

Padres maltratados por sus hijos, una realidad creciente

Violencia filio-parental: qué es y por qué ocurre

***

[1] Es la violencia ejercida por los hijos hacia sus padres o hacia los adultos que actúan como tales.

[2] Prohibición castigo físico - Cámara de Representantes

[3] La violencia de los hijos contra los padres: más preguntas que respuestas

[4] Padres maltratados por sus hijos

[5] En el ámbito mundial, se prevé que el número de casos de maltrato de personas mayores aumente debido al rápido envejecimiento de la población en muchos países y de la falta de recursos para atender esta población como debe ser.

[6] Padres maltratados por sus hijos, una realidad creciente

[7] Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia S.E.M.P. y P. ISSN: 2253-749X Vol. 4 (2014) n.° 4. P.5

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