Cuatro películas, cuatro directoras y cuatro niñas que se salen del molde

Innocence, Mustang, Agua e Incomprendida tienen algo en común: sus directoras apuestan por historias sobre una identidad femenina fuera de lo común

Por: Antonia Camargo
enero 18, 2022
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Cuatro películas, cuatro directoras y cuatro niñas que se salen del molde

Las conexiones entre las cosas existen solo si somos capaces de observar y tejer hilos entre las experiencias aparentemente inconexas. Hace unos días vi una película, en otro momento vi otra, y luego otra y otra; las vi por el gusto de verlas: una recomendación, un hallazgo, una deuda de hace años.

Un día iba caminando e hice la conexión: todas cuentan una historia sobre el descubrimiento de la feminidad en la infancia, su fotografía es colorida y vívida, la música es sutil, sus directoras son mujeres, y todas se dedican al cine independiente.

Se trata de Asia Argento, Deepa Mehta, Déniz Ergüven y Lucile Hadzihalilovic. ¿Qué tienen en común estos cuatro nombres poco conocidos? Ellas coinciden en que la infancia es un momento decisivo en la construcción de libertad femenina.

Todas se preguntan implícitamente cómo aprender a ser mujeres valientes, seguras e independientes, cómo vivir una infancia libre de héroes, guías y dependencia afectiva. Lindo ¿verdad? Cuento cómo llegó cada una de estas joyas a mí.

En principio, un día cualquiera alguien me invitó a ver una película llamada Innocence, de Lucile Hadzihalilovic.

Este sería el primer descubrimiento del cuarteto. Un grupo de niñas llega misteriosamente en ataúdes a un bosque maravilloso. No están
muertas, llegan allí para estudiar ballet lejos del mundanal ruido. Todo marcha bien: la academia queda en un bosque maravilloso, lleno de árboles y frutos; las maestras son amorosas, hay buena comida, ropa; las visten con moñitos de colores, uniformadas, están bien peinadas y tienen juguetes de todo tipo para despertar la vena artística.

Pero todo cambia cuando las niñas intentan escapar. Si una de ellas pregunta qué hay detrás del muro, es castigada. Si otra intenta escapar por medio del río, resulta ahogándose. Viven felices mientras no intenten huir del paraíso. Una cajita de cristal que es, en realidad, una cárcel. Una perfecta metáfora de la vida de las mujeres domesticadas.

Tiempo después vi Mustang, de Déniz Erguven. La primera imagen: un mar azul inmenso y pasmado; cabellos largos ondulando al viento; juegos y risas que se ven opacadas por las restricciones de un mundo manejado por los hombres.

En un contexto de riguridad religiosa, cuatro hermanas están al cuidado de su tío y su abuela. Las chicas están creciendo y sienten curiosidad por el sexo opuesto. Ante el riesgo del contacto con chicos de su edad, el tío decide enrejar la casa, vestirlas de monjas y aislarlas por completo del mundo exterior.

Los días se convierten en una rutina de tender camas y aprender a hacer arepas. Luego vienen las ideas para intentar escapar sin que nadie
lo note, pero también los casamientos obligados, un suicidio por desesperación, y los días soleados intentando ser felices y libres, imaginando un mundo mejor. Una película astuta que hace un guiño a la cultura severa de Medio Oriente.

La tercera cinta se llama Agua, dirigida por Deepa Mahta. Una niña de 8 años queda viuda y es enviada a un reclusorio para que viva en castidad durante toda su vida.

Según textos religiosos que se remontan a más de 500 años, una mujer (o niña) que enviuda debe honrar a su esposo muerto durante toda su vida. Para evitar que caiga en tentación, es encerada con otras viudas hasta el fin de sus días ¿Y qué hacen? Rezar por su salvación.

La protagonista, una chiquita graciosa y perspicaz, logra mofarse de las mujeres que viven en el reclusorio con preguntas pícaras, propias de quien tiene su edad. Cuadro tras cuadro, una oda al sarcasmo como arma contra la solemnidad religiosa.

La última película que vi es Incomprendida, un filme de Asia Argento. La historia es sobre una niña que, por ser hija de dos personajes famosos separados, es abandonada a su suerte. Nadie le presta atención ni se encarga de ella. La pequeña encuentra razones para vivir gracias a la compañía de un gato llamado Dac, a su imaginación y capacidad de escribir historias.

Una historia fresca, sencilla y tierna, con una banda sonora de lujo, que invita a reflexionar sobre la libertad y el amor fraternal sin sensiblerías.

Cuatro producciones que cuentas historias verosímiles y sencillas sobre la infancia, ese momento en el que decidimos si seguir el modelo de feminidad que plantea Hollywood o buscar formas alternativas de ser mujer, en las que nos sintamos cómodas, fuertes, valientes y seguras; aunque este acto signifique dolor, rechazo y confusión.

Estas cuatro películas no son más que puntos de referencia en medio de otras tantas producciones hechas por mujeres, sobre mujeres.

¿Cine feminista, femenino, de género? Mejor sin etiquetas. Llámelo cine, a secas.

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